34. Sucesos relativos a la Isla Puná

Puná es una isla de origen volcánico, como lo descubriera en 1.881 el sabio Teodoro Wolf cuando estuvo en los manantiales del sector «Punta Española» a pocas cuadras de la casa del Cerro y muy cerca de la playa. También se visualizan en el sitio Cauchiche horizontes de conformación volcánica muy recientes, posiblemente de la era cuaternaria y hacia el sur y en el Canal del Morro existe un bajo que aparece solamente con las mareas y emite emanaciones de azufre, por eso es llamado «Bajo hediondo». La isla tiene minas de yeso, azufre, caolín, cerros calizos no contaminados con otras sustancias, manantiales de agua dulce y numerosas minas de sal cuyas piscinas brillan al sol. El yeso de Puná es de primerísima calidad pues no contiene mezcla con tierra u otros detritus, pero dada su lejana ubicación con respecto a Guayaquil y la falta de transporte adecuado para su comercialización, se encarece notablemente el producto y no puede resistir los precios de la competencia de Cerro Azul. Algún día, cuando estas minas se extingan y tienen para largo, Puna abastecerá de yeso siquiera por un siglo.

         En la isla existió un pueblo aborigen al que los cronistas mencionan como de origen chimú; al tiempo de la conquista española su cacique llamaba Tumbalá, cuyo nombre se originó en el dios Tumbal. Los punaes estaban divididos en parcialidades, se conoce a los Bocacas, Cauchiches, Quesenes, Sargamasas, Laguadas, Yanzunes y Trincheras. Estos últimos deben su nombre al sitio donde vivían, convertido en trincheras por las autoridades españolas en el siglo XVII, para defensa contra los ataques de los piratas.

Entre los caciques prehistóricos de Puna cuyos nombres ha superado el olvido está Polang – Rac, que declaró la guerra a sus vecinos los tumbecinos, desatando una odiosidad que se tornó centenaria.

Uno de sus descendientes llamó Boc – Aco y casó con Tohara. De ellos descendió Tum – Palla que luchó contra los demás reyezuelos y los dominó a todos, fundando una dinastía cuyo último Rey fue Tumbalá, gobernador mayor de la Isla a la llegada de los conquistadores. Este Tumbalá terminó prisionero de sus enemigos los tumbecinos, que capitaneados por su cacique Chile – Maza y con el apoyo de los españoles invadieron la isla y se asentaron en el estero de Chunches, donde se formó Puná Vieja y desde allí trataron de someter al resto.

Mientras tanto los conquistadores habían fundado un poblado a la entrada del estero de Bui denominado «Asiento de Amay», porque el actual río Guayas lo conocían con dicho nombre. Después fue la «legua de Puná» y en 1.834 llegó a ser capital del gobierno de Vicente Rocafuerte y demás revolucionarios «Chihuahas» exiliados de Guayaquil. Por eso Rocafuerte, al ascender a la presidencia de la República, en agradecimiento a la ayuda recibida se preocupó de vender la legua de Puna en 1.100 pesos a sus poseedores, que no tenían títulos a pesar de haberla poseído por generaciones.

Hoy Puna es una población muy especial en la República, sus calles son en declive y formando escaleras y es que no se requiere que sean de otra forma debido a que en la isla no existen automotores. Vivir en Puna es habitar una sociedad conformista que trabaja solamente para subsistir con cultivos tradicionales. Nadie tiene prisa, tampoco hay sitios a donde ir, a menos que uno quiera comunicarse con el continente por Balao o por Posorja, los dos polos más cercanos a esta ínsula.

La mayor parte de los habitantes viven del mar, unosson pescadores y otros balandreros que van y vienen a sus sitios de cultivo. Ahora han salido los boteros motorizados que prestan servicios en las camaroneras y recorren el golfo a gran velocidad. La población escolar es grande y goza de los beneficios de una educación gratuita y primaria. Los que desean ampliar horizontes y conocer más, tienen forzosamente que emigrar. Salones hay numerosos, todos venden cerveza y tienen música que tocan en alto volumen, pero las gentes no son borrachas como sucede en otras zonas del país, lo importante es pasar el tiempo sin hacer nada los fines de semana. Ultimamente les ha llegado la TV.

Las principales familias han sido tradicionalmente los Santos, Pérez, Capelo y Montero, pero hay otras que son también numerosas y viven diseminadas en el resto de la Isla. Los Tomalá que abundan tanto en Balao y la península, desaparecieron de Puná en el Siglo XVI a causa de la migración al continente. Varios presidentes de la República descienden de Tumbala o Tomalá, porque una hija del Cacique formó familia con español en el siglo XVI.

Los frutos principales son el camarón, el guanchiche, las chirimoyas, los obos o ciruelas de Castilla y una que otra verdura. La leche es escasa porque no hay mucho ganado y la sequía mantiene a la isla en un permanente erial. Se conoce por tradición oral de los viejos habitantes de la Puna, que antes era todo lo contrario y los inviernos se sucedían cada vez más fuertes y mejores. Entonces había pastos abundantes lo mismo que en el Morro, de donde era famosa la ganadería, la leche, quesos y hasta la mantequilla, hermosa a la vista por su cremoso color amarillo. Hoy nada de esto existe más que en la memoria de los viejos. Puna sigue viviendo por no decir muriendo ante la ineficacia de las medidas gubernamentales que se han aplicado para avivar su decrépita economía. Solo las nuevas fuentes de trabajo representadas por las camaroneras y los cultivos de mango de exportación tienden a cambiar el panorama.

ORIGEN GEOLÓGICO DE SANTA ELENA

La actual península data del período eoceno superior; las más antiguas rocas se hallan en la zona sur y suroeste de ella. Parece que su nacimiento se origina en un levantamiento de capas submarinas compuestas de foraminíferos y roca chest, que explica la presencia de petróleo y gas, tanto entre La Libertad y Santa Elena como en pleno Golfo de Guayaquil.

Con un mismo origen se explica la presencia de dos volcanes pequeños pero muy activos que incesantemente arrojan lodo y vapor de azufre. Una boca está en el actual balneario de San Vicente y la otra en las cercanías del antiguo Caserío de San José de Amén, también conocido como «El Progreso». Hace pocos años afloraron por Manglaralto otras bocas; pero prontamente fueron taponadas por los vecinos, con grandes trozos de sal.

El volcán de San Vicente fue conocido desde la colonia como centro de salud. En la república y a expresa solicitud del doctor José Mascote, el Municipio de Guayaquil construyó en sus inmediaciones una pequeña casa de madera para alojamiento de enfermos y en especial de aquellos que sufrían males en la piel. Poco después numerosos pacientes de lepra, elefantiasis y sífilis se confunden con personas reumáticas y diabéticas con llagas incurables. No faltan tampoco los cancerosos y aquellos que sufren hongos.

Como se comprenderá, esta reunión acarreaba mayores peligros que beneficios y poco después el experimento se desprestigió. Se necesitará el paso de un siglo para que San. Vicente vuelva a ponerse de moda. Esto ocurre en la década del 30, con la llegada de los primeros ingenieros norteamericanos e ingleses especializados en petróleo.

Nuevos descubrimientos han probado que la cultura Valdivia es de origen amazónico y no transoceánico, como creyó Emilio Estrada. (Nota del autor).

Los antiguos pozos de brea también fueron explotados desde la llegada de los españoles. Hacía 1750 pasaron a ser de propiedad de la familia Lavayen y Santistevan, por herencia materna; luego son heredados por Josefa Rodríguez de Bejarano y Lavayen, madre del doctor Vicente Rocafuerte, que los trabaja exitosamente, estableciendo un activo comercio con Guayaquil.

Todas las semanasse saca la capa asfáltica acumulada en la superficie de las lagunas naturales de lodo por dondese escapa el oro negro y en grandes pailas se somete al fuego para lograr que espese; enseguida viene la operación de llenar las barricas, que a lomo de mula llegan al puerto; su contenido sirve para calafatear los casco de los buques quese arman en el astillero, impermeabilizándoles.

La ilustración europea de Rocafuerte se paga con el producto de este comercio; tan culto magistrado devolverá, el favor a la histórica población de Santa Elena elevándola a Villa y capital de la región.

HISTORICAS INDUSTRIAS DE ESA ZONA

La paja toquillase tejía desde 1730 llevada a Colombia por algún sacerdote oriundo de Manabí. La orchilla se exportaba en grandes cantidades a México, para ser utilizada como tinte vegetal en la industria de los telares. Con el descubrimiento de los tintes químicos termina la demanda y hoy casi nadie se acuerda de aquellos tiempos.

Otro cultivo importante fue el de tagua, especialmente en Manglaralto y su zona, donde aún se produce de muy buena calidad. La exportación se destinaba a Europa y en especial a Francia y Alemania, para las industrias de botones, peinillas y otros objetos. El pasto era abundante debido a las continuas garúas de verano y a los fuertes inviernos, llegando en El Morro a crecer hasta la altura de la rodilla. Casi toda la carne que se consumía en Guayaquil era traída de Santa Elena, salada y lista para servir. Desde 1893 se ha notado un decrecimiento pluviométrico constante que va tomando característica» alarmantes.

La madera también constituyó un importante filón económico. Aun se aprecian en Santa Elena algunas antiguas moradas construidas con maderos de guasango de la región, de gran tamaño y perfección.

En 1684 los piratas Edward David y William Dampier, armados de corsos al servicio de Inglaterra en uno de los puertos de Virginia, atravezaron el Estrecho de Magallanes y atacaron el puerto de Realejo en Ccntroamcrica, sin mayor éxito, luego se replegaron a la isla de la Plata, donde descansaron y se toparon con un contrabandista ingles de apellido Swam, que les habló de las riquezas de Guayaquil. Con esta noticia siguieron a Manta y Santa Elena, que hallaron abandonados, puesto que sus pobladores habían huido a la espesura de los montes cercanos. En Manta apresaron a un muchacho y a dos indias viejas que hablaron de refuerzos enviados desde el Callao, para apresar a los invasores.

Santa Elena era hasta esos años un puerto; esta anterior situación geográfica ha sido muy discutida y unos opinan que estuvo situada en la actual ensenada de Ballenita y otros en la de Libertad; lo cierto es que hasta que no se encuentre el documento preciso, que aclare de una vez por todas el enigma, nada en concreto se puede afirmar sobre ese antiguo emplazamiento.

La expedición de 1684 contra Guayaquil fracasó por la presteza con que el vecindario defendió la plaza y los piratas emprendieron la retirada hacia Tumaco, para seguir a la India y al África Oriental, doblando el Cabo de buena Esperanza y regresando a Inglaterra a los tres años de haber partido.

A raíz de este ataque a Santa Elena, el Corregidor de Guayaquil, General Domingo de Iturri y Gastelú, ordenó el traslado tierra adentro, siguiendo la costumbre establecida en Portoviejo, que años antes realizó un recorrido igual, situándose en el Valle de los Reales Tamarindos.

SANTA ELENA EN LA INDEPENDENCIA

La revolución guayaquileña del 9 de octubre de 1820 resonó pocos días después en Santa Elena y las autoridades del lugar comunicaron su adhesión al Cabildo. El 22 de enero de 1839 Vicente Rocafuerte, Presidente Constitucional de la República, creó el Cantón Santa Elena, en la Provincia del Guayas.

ADELANTOS DE SANTA ELENA

El progreso llegó lentamente a la zona. Recién en noviembre de 1917 se inauguró la Estación radiotelefónica. Años después se abrió una vía carrozable con Guayaquil, que en invierno se cerraba y sólo servía en verano. Hacia 1954 se instaló las primeras luces del alumbrado de neón y sólo desde 1921 hasta 1948 existió el ferrocarril Santa Elena – Guayaquil, que salía de la actual ciudadela ferroviaria y hacia hasta cuatro horas de camino como tiempo normal de recorrido. Hoy ya no existe tan anticuado servicio y numerosos transportes motorizados hacen el mismo trayecto en la mitad del tiempo.

NUEVAS PERSPECTIVAS

El Plan de Desarrollo de la Cuenca del Guayas contempla la inauguración del servicio de riego y agua potable para la zona de Santa Eiena, que Incrementará la producción nacional en el 15 o/o con los sembríos de esta región, actualmente seca y árida.

HOMBRES FAMOSOS DE SANTA ELENA

Guayaquil por su constante afán de superación clasista siendo uno de los fundadores de la Asociación de Empleados. Cesáreo Carrera Padrón actuó varias veces como Senador de la República y fue prominente miembro del Partido Liberal Radical, abogado notable y escribía con gran acierto en «El Guante», José Luis Tamayo Terán, oriundo de Chanduy, ocupa la Presidencia Constitucional de la República desde 1920 hasta 1924. Fue abogado y hombre de gran rectitud y honestidad. Rosendo Gómez Esparza, sobresale por sus esculturas e imágenes y en especial sus vírgenes que aún se conservan en Santa Elena, y Guillermo Ordoñez Torres, marino de la armada nacional muerto en servicio, cuyo nombre lleva el Colegio Nacional de segunda enseñanza de Santa Elena.

NOTICIAS SOBRE EL CANTON SANTA ELENA

Viniendo de Guayaquil se entra al cantón Santa Elena por la población de Progreso, antes conocida con el nombre de San José de Amén, en terrenos de la Parroquia El Morro. Parte de esta población se encuentra sobre una Loma, coronada de papayos y ciruelos, de árboles frondosos y al lado de varios corrales de ganado.

Su historia es como sigue: El 29 de agosto de 1741, Juan de la Rosa y de la Torre, dueño del sitio de San José de Amén, compareció ante el Escribano de Guayaquil, Juan Hipólito de Arnao y probó haber comprado el sitio, al Rey, por intermedio del Cabildo de Guayaquil, habiendo intervenido en dicha compra el Corregidor y Juez de Tierras, General Francisco de Echarri y Javier. Igualmente dijo que había comprado el sitio para sí y para su pupilo Eugenio López. Años después los propietarios Juan de la Rosa y de la Torre y Martín Gómez de Célis se unieron y vendieron el total del sitio a Pedro Pérez Fiarlo, con sus montes y yeguas, en la cantidad de 500 pesos, quien compró por si y por Gregorio López de la Flor, que le tenía entregado 250 pesos para tal fin.

En 1756 López de la Flor, que era de profesión Licenciado, entró en religión y compareció ante el Escribano José Ignacio Moreno, de Guayaquil, para ceder su parte en San José de Amén, al Común de los indios del Morro.

Aparte de este sitio, existió otro ubicado al lado, llamado «La Aguada de Amén», porque siempre tenía mucha agua y era de propiedad del mismo Juan de la Rosa y de la Torre, que lo había comprado a Agustín de Ubilla, albacea de un zambo libre, llamado Juan de la Cruz. En 1714, Juan Baidal, indio principal del Cacicazgo de Chongón, movió pleito a de la Cruz, pero lo perdió. Entonces de la Cruz, fastidiado por estos tropiezos, vendió su mitad a Gregorio López de la Flor, que la compró. Este a su vez lo vendió al Alférez Domingo de Santistevan y donó la mitad a su ahijado Faustino de la Torre y éste procedió a venderla a Manuel Ponce de León y González.

Muerto el Alférez de Santistevan lo heredó su nieta Francisca de Arteta y Santistevan, que junto a Manuel Ponce de León y González vendieron ambos sitios, en 600 pesos cada uno, a los indios del Morro, que pasaron a ser dueños de San José y de la Aguada; los indios se comprometieron a pagar a plazos, pero no cumplieron a tiempo y fueron varias veces reconvenidos, hasta que al fin terminaron con la deuda. Hacía 1.800 San José de Amén tenía muchos pastizales y allí abrevaba el ganado del Morro, también era tambo obligado y parada de descanso de los viajeros de Guayaquil a la Punta, como entonces se llamaba Santa Elena.

En 1849 tenía 16 casitas en la Loma. Existe el censo de las familias de entonces. Ellos eran dueños de los pozos y vivían del producto de la venta de sombreros de paja toquilla, que tejían primorosamente. La Paja la traían desde Manabí. Pablo Pinuel enseñaba a leer a los niños y Valeriano Soriano hacía las veces de sastre, pero desaparecieron al ocurrir el bloqueo peruano en 1859 y se pensó que eran de dicha nacionalidad.

Después se instalaron allí varios agentes comerciales de Antonio Sicouret, ciudadano francés con residencia en Santa Elena, dedicado a la compra y venta de sombreros de paja toquilla y a su exportación al exterior. Estos agentes traían la paja y adquirían los elaborados.

En 1861 el Obispo de Guayaquil, Dr. José Tomás de Aguirre, anduvo por Amén en su visita pastoral hacia Santa Elena; su Prebendado el Dr. José María Aragundi juntó a los vecinos para que levanten una Capillita consagrada a San José. De esta época le viene el nombre de San José de Amén, que antes figuraba únicamente en documentos. Tenía varias sementeras y su comercio lo realizaba con Guayaquil y Santa Elena. Posteriormente el ferrocarril a la costa pasó por «El Manantial» a un kilómetro de distancia. Hacia 1945 se trazó la carretera y cortó al pueblo. Ya era Parroquia y después le pusieron el nombre de «Juan Gómez Rendón» en honor a un distinguido caballero guayaquilcña que ocupó por varios años el Rectorado del Colegio Nacional «Vicente Rocafuerte.»

TUGADUAJA

Este pueblo se halla equidistante entre Engunga y Chanduy en una llanura seca y extensa. Hacia 1914 tenía 39 casas y sus pobladores vivían del carbón y de las salinas existentes en el sitio «Cañando», que tiene un estero que funciona con las mareas. En la colonia se llamó «Tierra Colorada» y fue adquirida por los indios del común de Chanduy en 1791, representados por su Cacique y Gobernador Simón Lindao, que la compró ese año en la cantidad de 100 pesos por remate que residió el Juez Subdelegado Agustín de Oramas y Romero. La toma de posesión del sitio de Tugaduaja por los indios de Chanduy, se realizó en 1792 y desde entonces comenzó a poblarse.

ENGUNGA

Está ubicada en la parroquia Chanduy y a media legua del océano. Desde 1892 existe un Oratorio de la Virgen de las Mercedes. Una cruz de madera se yergue en mitad del caserío y el 3 de mayo de cada año se realiza la fiesta del pueblo con un sacerdote de Chanduy. Tiene un pozo de agua dulce, 3 más habían antaño, pero como no se limpiaron llegó el momento en que se secaron. Esto ocurrió a principios del siglo XX. Entonces había tres grandes albarradas, una de ellas mandada a construir por el Sr. Wenceslao Mazzini, sobre terrenos de su propiedad, en la hacienda «El Rosario», al lado de los cerros de «La Estancia». El mayor propietario de la zona era Justo Mazzini y los primos Ascencio y Matheo Mazzini que tenían ganado y caballos. Muchos tejían sombreros y traían la paja desde Manglaralto. El río crecía en invierno con las lluvias.

Se decía que el fundador del pueblo había sido el ciudadano francés José Rucabao, antepasado de una de las ramas del apellido Drouet. Francisco Monroy, vecino de Cuenca y tío de Palemón Monroy Ccdillo, también fue de los primeros pobladores de Engunga. Allí tenía una vasta hacienda ganadera que después administró su sobrino. Manuel de Jesús Cobos también figuró en el vecindario. Después puso un ingenio de azúcar en las Islas Galápagos, hizo mucho dinero y hasta circulaban monedas con su efigie. En Engunga se dedicó a la compra de sombreros de paja toquilla y a la siembra de orchilla, tintura que exportaba a Méjico. Después empezó a sufrir de una «rasquiña» y acostumbraba bañarse en agua y alcohol, dentro de una tina de plata. Murió asesinado en las Galápagos y su Mausoleo existe en la entrada principal del cementerio de Guayaquil.

Engunga ha dejado de crecer desde 1895, año fatídico en que empezó su sequía. Las gentes comenzaron a llevarse el ganado, que nunca ha regresado y ahora no se conoce ni para remedio.

SANTA ELENA

Antes estuvo posiblemente donde ahora esá asentada la población de La Libertad – entonces denominada La Agujereada – pero por temor a los piratas la trasladaron hacia el interior. El 22 de enero de 1839 fue erigida en cantón por decreto del presidente Vicente Rocafuerte, que tenía en sus alrededores numerosas propiedades y varios pozos de brea, heredados de su madre Josefa Bejarano. Ha dado grandes hombres a la República, tales como el celebre diputado Liborio Panchana Padrón; los señores Rucabao, Sicouret y Malavet son de origen francés.

Quien mejor ha estudiado a la península es el sabio Teodoro Wolf, autor de una «Historia de los Depósitos Cuaternarios en el Ecuador» aparecida en 18 74; indicó que la puntilla está formada por capas de basalto que se levantaron del mar en la época terciaria y que la parte de la base militar es de roca y el resto es menos duro. En 1937 el geólogo George Shepard, escribió en Londres para la «Anglo Ecuatoriana Oil Field S.A.», «The Geology of south western Ecuador», obra fundamental para el conocimiento de la geología de esta zona.

CHANDUY

Chanduy es la más antigua población de la península, pues existió desde antes de la conquista española. Su templo ha sido reconstruido varias veces y aún se lo está trabajando. La plaza permanece desierta, pero a principios de siglo todavía se podía ver en ella varios hermosos árboles de poclilla que daban mucha sombra y se admiraban los vestigios de pasadas grandezas, tenía 9 tiendas de comercio, 2 zapaterías, 1 sombrería, 1 lavandería, 1 sastrería y quien lo creyera, una «Sociedad Obrera», pero ahora nada queda. También existían 6 pozos de agua, 3 dentro del poblado y 3 fuera, siendo uno vecino al mar.

Chanduy está casi en el mar, tiene puerto propio unido por dos puentes y dos terraplenes que pasan sobre dos esteritos.

Los inviernos eran fuertísimos y crecía mucho pasto, pero desde 1820 aproximadamente cada vez hubo menos agua debido a la tala inclemente de sus árboles y para 1914 Chanduy ya era un pueblo indolente. Sus hijos siempre fueron buenos carpinteros y hasta hábiles marinos, especializados en la construcción de navíos.

El más importante fue el Dr. José Luis Tamayo, hijo de Manuel Tamayo Roca, que perseguido por la dictadura de García Moreno salió de Ambato y se instaló en Chanduy, primero como profesor de escuela y luego como telegrafista del lugar, allí casó con Jacinta Terán y Martínez, pero al poco tiempo murieron ambos. Entonces el obispo Luis de Tola recogió a José Luis y lo llevó a vivir en los bajos de su casa, ubicada en Víctor Manuel Rendón casi al llegar a Baquerizo Moreno, donde lo puso a estudiar.

En 1834 se dio en Chanduy un combate de caballería entre 200 hombres del gobierno de Flores comandados por el famoso negro Otamendi y 200 revolucionarios «Chihuahuas» del coronel venezolano Andrés Subero. Ganaron estos últimos y Otamendi salió a galope tendido, huyendo para no entregar la vida y perdiendo en la carrera su sombrero de paja toquilla, recogido como trofeo de Batalla.

 

COLONCHE

Su nombre antiguo fue «Cununduy» y está ubicada a 10 kilómetros del mar, sirviendo de punto fronterizo entre las provincias del Guayas y Manabí, era una avanzada de los indios Huancavilcas, frente a sus vecinos del Norte llamados Manteños.

Por un juicio de 1824 seguido por el Cura de Colonche Manuel Rivadcncira, se sabe que esta población fue fundada al pie del mar, pero después la retiraron hacia Olón, en el interior, para precaver ataques de los piratas. Nuevamente la cambiaron de sitio a Adaucao, para finalmente asentarla donde hoy está, entre los dos ríos Javitas.

En 1824 tenía 177 granjas y se cosechaban papas, garbanzos, anís, granadas y caña de azúcar; también estaba cruzado por varios ríos de montaña, de poca profundidad, pero con numerosos peces. Francisco Gómez, de Guayaquil, trabajaba como preceptor de niños. Años atrás, en 1770, Francisco Javier de Santistevan había vendido el sitio «Las Cuevas» al Alcalde de Naturales, Tiburcio Rosales. El citado Santistevan había heredado tal sitio a su abuelo Gaspar Ruiz Cano y Ramírez de Arellano, que había «denunciado» esas tierras como baldías en 1757.

Ayangue siempre ha sido el puerto de Colonche, cuya fiesta principal es la del «Señor de las Aguas», el 30 de mayo de cada año. Esta imágen es colonial y posee goznes en las articulaciones de pies y manos, de tal suerte que se mueven. Los vecinos acostumbran tener la imágen dentro de una urna, en la iglesia, vestida con terciopelo morado o granate y una peluca de pelo natural en la cabeza. Sus ojos son de vidrios, su cara es bien labrada, con pasta pintada con tintes vegetales y antiguos. El Comercio de Colonche fue de cueros y de la pita que se vendía muchísimo en Guayaquil.

Hacia 1880 el río Javita creció y se llevó parte del pueblo. En 1883 se dio en su interior un combate «Chapulo» entre las fuerzas del presidente Caamaño y las del coronel Ruiz Sandoval En 1913 tenían tienda de comercio Bernardo Henríquez y los hermanos Benjamín y Quintiliano Menoscal y de vez en cuando era fama que salían a circular antiguas monedas de oro y plata guardadas desde la colonia. También tenía Iglesia con dos campanas que aún se conservan.

Otros sitios antiguos de la Península son: 1) Bambil Collao, a una hora de Colonche, 2) Deshecho, al pie de la Cordillera de Colonche, 3) Manantial, al Norte de Colonche, 4) Estero de Balsa, ahora llamado Palmar, porque el Obispo de Mirina y Administrador de la Diócesis de Guayaquil, Isidoro Barriga, a principios de este siglo y durante una visita que realizó al lugar, tuvo la ocurrencia de pedir el cambio de denominación, mientras almorzaba con varios pobladores. Allí vivía un comerciante peruano de apellido Feijoó y sus hijas. También son de Palmar los Rosales, uno de ellos pasó a Guayaquil y tuvo comercio en el portal de la antigua casa del Cabildo. Su hijo fue Carlos Benjamín Rosales Llaguno que llegó a Gobernador del Guayas, 5) Guangala, a principios de siglo tenía un extenso bosque en sus alrededores, 6) Montañita, está entre Manglaralto y Olón y sirve actualmente para hacer surfin por sus grandes olas, 7) Olón, antes estaba al lado del río, 8) Ballenita, muy cerca de Salinas, allí tuvo su gran casa la señora Natividad Carrera Sánchez – Bruno mujer de Fernando Drouet Fuentes, si hijos.