339. El Ministro Aguirre Aparicio En Lima

En 1.902 el gobierno ecuatoriano designó al joven Augusto Aguirre Aparicio para las funciones de Primer Secretario de la Legación diplomática en Lima, siendo Ministro Plenipotenciario el Dr. Francisco X. Aguirre Jado, su cercano pariente. Ambos eran buenos bibliógrafos y dados a visitar puestos de viejos e investigar en los archivos y fue así como dieron con el original del Tratado Secreto Pedemonte – Mosquera suscrito en Lima el 2 de agosto de 1.830 entre Carlos de Pedemonte por el Perú y Tomas Cipriano Mosquera por Colombia acordando el reparto del Ecuador y lo que es más importante, considerando sus límites territoriales de entonces. Este tratado había sido negado por ambas potencias debido a su contenido inmoral pero finalmente aparecía en la propia cancillería limeña y contenía nuestros límites territoriales originales, los de inicios de la república en 1.830.

 Poco después Aguirre Aparicio halló entre un lote de libros que habían pertenecido al fallecido Dr. Francisco Rosas, Presidente del Congreso peruano, la Memoria secreta o Reservada presentada por el Canciller peruano Alberto Elmore al Congreso de su país.  El Ministro Aguirre Jado pagó mil soles por dichos libros y se hizo de la Memoria, utilísima para nuestra defensa territorial pues carecíamos de los soportes jurídicos adecuados. En uno de sus capítulos el canciller Elmore hacía mención expresa del Tratado Pedemonte – Mosquera por lo que a confesión de parte relevo de pruebas.

En 1.903 estando nuevamente en Lima se produjo un grave incidente fronterizo en la población de Angotero en las riberas del río Napo, que arrojó un saldo de dos soldados ecuatorianos muertos, se  alarmó  la conciencia del país ante el avance militar peruano y la opinión pública pidió la guerra. Aguirre Aparicio aconsejó al Canciller Miguel, no ir a las armas y sobre la conveniencia de la vía diplomática, pero que antes de someter el asunto limítrofe al Arbitraje, obtenga del Congreso Nacional – de común acuerdo con el del Perú –  la línea de demarcación que señalaría se presentaría al árbitro, con la ventaja que ambos países quedarían satisfechos.

Entonces volvió nuestro país al Arbitraje directo ante el Rey Alfonso XIII de España y este designó Comisario Regio al destacado filólogo Ramón Menéndez Pidal para que se entendiera con los gobiernos del Ecuador y Perú. Mas, como el Canciller Valverde había comenzado una política audaz para solucionar al mismo tiempo todos los problemas fronterizos con nuestros vecinos Brasil, Colombia y Perú, entendiéndose por separado con las respectivas cancillerías, el Arbitraje había quedado suspenso.

El 1 de enero de 1.906 estalló la revolución en Riobamba que dio al traste con el gobierno constitucional del Presidente Lizardo García y llevó por segunda ocasión al poder a Eloy Alfaro y las negociaciones en Madrid tomaron otra vez su curso.

En 1.909 Aguirre Aparicio fue ascendido a Ministro Plenipotenciario en Lima a pedido del Canciller César Borja Lavayen, cuando Menéndez Pidal había regresado a Madrid, cumpliendo su tarea pacifista y estableciendo una línea provisional demarcatoria de las fronteras, previamente comunicada y aceptada por las Cancillerías de los dos países (Perú Ecuador) pero cuando todo parecía que el asunto iba a concluir satisfactoriamente, ya fuera por influencia peruana o por simple simpatía porque este país fue el último en independizarse de la metrópoli española, los miembros de la Comisión de Estudio formularon un proyecto de Laudo que favorecía al Perú saliéndose de la propia línea de Menéndez Pidal.

I aprobado el dictamen por el Consejo de Ministros el Presidente Alfaro intentó llegar a un arreglo directo de última hora en enero de 1.910 a través de Aguirre Aparicio en Lima, lo que tampoco resultó por tardío. Entonces el Dr. Víctor Manuel Rendón Pérez, Plenipotenciario en Misión Especial en Madrid, a través de la Reina madre María Cristina de Hasburgo, logró que el rey se inhiba de dictaminar y habiendo fracasado el Laudo Arbitral, ambas naciones se vieron abocadas al Casus Belli.  El Perú movilizó su escuadra hasta Paita, Chile nos remitió armas y pertrechos que fueron desembarcados en Guayaquil y ofreció tramitar un crédito para adquirir más armas.

Mientras tanto la presencia de Aguirre Aparicio se tornaba peligrosa en Lima donde la furia popular a diario organizaba manifestaciones patrióticas y reclamaba reparación por supuestos agravios y atropellos. En Guayaquil las turbas asaltaron el hotel Wellington, situado donde hoy es el Banco Central en el boulevard 9 de Octubre, administrado por el ciudadano peruano Alfredo Barandearán, quien debió regresar a su Patria.

Alfaro mandó a decir al Presidente de Chile que el Ecuador estaba totalmente de acuerdo con su política en las provincias ocupadas de Tacna y Arica y el Presidente peruano Augusto B. Leguía, para contrarrestar esta posición llamó a Aguirre Aparicio al palacio y le comunicó: “Ustedes están confiados en que Chile les ayudará.  No se equivoquen. Chile preferirá entenderse con nosotros, los chilenos van a abandonarlos a Uds., sin el menor escrúpulo ¿Cómo pueden ustedes imaginarse que los chilenos van a apoyarlos en el Arbitraje cuando se han negado rotundamente a aceptarlo en Tacna y Arica?” I cuando el Perú concentró sus tropas en Chimbote y Piura, y Alfaro se movilizó a Machala, volvió a llamarle y dijo: “Del lado del Perú no saldrá el primer disparo” con lo cual se restableció la tranquilidad y al poco tiempo las tropas de ambos países abandonaron las fronteras.

Caído el Presidente Alfaro, el nuevo gobierno ecuatoriano ratificó en sus funciones a Aguirre Aparicio y éste continuó en Lima. En 1.911 Manuel J. Calle opinó: “El Sr. Augusto Aguirre Aparicio caballero altamente diplomático y que no esta mal en ningún cargo de figuración donde se necesita más práctica social y sagacidad que verdadero talento. El señor Aguirre es persona grata al Ecuador y está bien que se le adelante en la carrera como premio a su buen comportamiento al frente de nuestra legación en Lima, durante épocas angustiosas.”