331. Víctor Hugo Escala, Poeta y Diplomático

En 1971 salieron impresos en Chile algunos de sus poemas bajo el título de Motivos galantes, en 172 páginas, merced al patrocinio de su amigo Ricardo D’ Oliveira Braga, conteniendo Medallones poéticos,  dedicados a diversas damitas de la alta clase, con poemas románticos, escuela que estaba anquilosada en la mente y superada en el tiempo, y «no incluyó sus poemas simbólicos por temor a que fueran juzgados inmorales», de suerte que se perdió quizás para siempre lo mejor y más importante de su labor como precursor del  modernismo en el Ecuador.

Un criterio más social que literario hizo que Escala prefiriera sus motivos galantes de sabor postizo, superficial y hasta versallesco, a las hermosísimas, raras y exóticas poesías que espantaban a los burgueses de principios de siglo y más aún si se trataba de señoritas de alcurnia. Por esto temió que se llegaran a calificar de inmorales, gravísimo error literario que restó importancia a su nombre. En 1930 imprimió Glosario sentimental, en 239 páginas, con versos divididos en capítulos titulados: Hojas del álbum, Canciones de Amatunte y Cromos, de claras reminiscencias modernistas, que recordaban sus primeras producciones en la línea sentimental de sus Medallones poéticos, con versos de facturas modernista y hasta vanguardista.

Nacido en Guayaquil en 1888, fue hijo de José Miceno Escala Zapata, llamado El Rojo Escala por pelirrojo; periodista y comerciante guayaquileño, «recto y honorable liberal que gustaba hablar en la sobremesa de temas patrióticos y de sus largas prisiones y destierros políticos cuando luchaba contra la argolla», y de Catalina Camacho Moreira, natural de Manabí.

Al ser bautizado en la iglesia de La Merced el sacerdote no quiso ponerle por nombre Víctor Hugo, porque este escritor había sido anticlerical en Francia, pero la tinosa intervención del padrino, Juan Bautista Elizalde Pareja, solucionó el incidente.

En 1906, en el balneario de Playas (del Morro) hacía versos francamente rubendarianos, que publicaba en la revista Patria. También fue miembro de la célebre jorga de La Palomilla, así como de la Escuela de Derecho, y trabajaba de ayudante de tenedor de libros en la oficina de Luis Adriano Dillon, a las órdenes del también joven escritor César Borja Cordero, que Io metió a político, haciéndole firmar protestas que se distribuían en las cantinas de la calle Luque, creció su fama de opositor a Alfaro, compró un revólver Colt y Eduardo Rivadeneira Andrade, director de La Dictadura, lo invitó a escribir contra el Gobierno.

Por ese tiempo empezó a calaborar en El Ecuatoriano del coronel Ricardo Cornejo, donde figuraban Manuel J. Calle, Miguel E. Neira y Alberto Guerrero Martínez, y encabezó desfiles y manifestaciones que dirigía Enrique Baquerizo Moreno contra el alfarismo. En el estudio profesional del Dr. Francisco de Paula Avilés Zerda se planeó la revolución mediante el asalto al cuartel de artillería y consiguiente toma del edificio de la Gobernación del Guayas. El golpe quedó fijado para el 19 de julio de 1907, a las doce de la noche, pero horas antes se descubrió la conspiración y cayeron numerosos presos, entre ellos Víctor Hugo y su hermano Cristóbal, que fueron conducidos al cuartel. A la madrugada se produjo la refriega con numeroso saldo de muertos y heridos. El Gobierno fusiló a varíos comprometidos y los hermanos Escala fueron desterrados al Callao, a bordo del vapor Victoria.

En Lima se les tributó una cordial bienvenida por parte de varios compatriotas también exiliados, entre los que se hallaba el Dr. José Luis Tamayo, trabajó en la revista Variedades, de El Callao y el ministro ecuatoriano Augusto Aguirre Aparicio Io presentó a José Pardo Barreda, presidente de esa nación; también tuvo otras atenciones para el joven poeta Escala, a quien invitaba a las   fiestas y saraos de la Legación. Entonces, por razones económicas, los hermanos Escala viajaron a Valparaíso. Víctor Hugo fue contratado de planillero de la mina San José, en el desierto de Iquique, donde sufrió varios meses por la inclemencia de ese paraje y al final de 1908 fue despedido por sostener un romántico «flirt», platónico y en versos, con la agraciada joven Alicia Seymour, hija de un alto funcionario de la mina.  Enseguida pasó a residir en Antofagasta, trabajó en la oficina comercial de W. G. Paton y Co. y en junio de 1909 regresó a Guayaquil, acogiendose a un generoso decreto de amnistía del Gobierno, dictado con motivo de las celebraciones del centenario de la independencia ecuatoriana.

En 1917 fue designado cónsul general del Ecuador en La Habana y fueron impresos en Chile  algunos de sus poemas, bajo el título de  Motivos galantes, merced al patrocinio de  su amigo Ricardo Oliveira Braga, conteniendo Medallones poéticos, dedicados a   diversas damitas de clase alta, con   románticos, escuela que estaba anquilosa  da en la mente y superada en el tiempo, y  «no incluyó sus poemas simbólicos por te mor a que fueran juzgados inmorales», Se perdió así, quizás para siempre, lo mejor y más importante de su labor como pre cursor del modernismo en Ecuador. Un criterio más social que literario hizo que   Escala prefiriera sus motivos galantes de sabor postizo, superficial y hasta versallesco, a las hermosísimas, raras y exóticas   poesías que espantaban a los burgueses de principios del siglo, gravísimo error literario que restó importancia a su nombre.

En 1918 fue trasladado a Yokohama, en Japón. Durante el largo viaje hizo una estancia en el París del Armisticio, sirviéndole de guía el también poeta y amigo Ernesto Noboa y Caamaño, quien lo llevó a la despedida literaria de Amado Nervo, que partía de ministro de México al Uruguay. A las pocas noches fueron invitados por   Gonzalo Zaldumbide a cenar en su casa, quien lo instó a escribir un diario de viaje, siguió a Niza y Montecarlo, fue recibido por el cónsul, Dr. Marcos B, Espinel, y atendido por Miguel Antonio Seminario, estuvo de paso en Calcuta, Benares, Penang, Singapur, Cantón, Macao, Honolulu e Hilo. En Yokohama editó a medias con el cónsul del Perú, Francisco A. Loayza, la revista informativa América Latina y en 1922 imprimió su obra en prosa Kaleidoscopio, con notas autobiográficas, relatos e impresiones de sus viajes. La segunda edición salió en 1928, en Caracas. A fines de 1922 fue designado primer secretario de la Legación de Ecuador en Roma y regresó a Europa. Estando en Barcelona, agasajado por el cónsul Leonidas A. Yerovi, se enteró del devastador terremoto de Yokohama, que terminó con la ciudad y la mitad de sus habitantes, de suerte que se puede afirmar que logró salir justo a tiempo para evitar las consecuencias del terrible flagelo y una posible muerte por aplastamiento.

En 1924 asistió como asesor técnico a la Conferencia Internacional de Emigración e Inmigración realizada en Roma por Benito Mussolini. Este año apareció Medallones, con breves apuntes históricos sobre Ecuador, en 149 páginas. En el invierno del 25 acompañó al ministro en Roma, general Delfín B. Treviño y localizaron la casa que había habitado Bolívar en la ciudad eterna, cuando se juramentó en el monte Aventino. Poco después fue designado cargado de Negocios de Ecuador en Venezuela. En Caracas empezó una larga colaboración literaria en El Universal, de su amigo el periodista Luis Teófilo Núñez, y dio a luz una relación de sus viajes por oriente, titulada La sandalia del peregrino, cuya segunda edición realizó en 1928.

Se dedicó a investigar y a escribir sobre la vida del Libertador y los principales próceres de la Independencia sudamericana. El 27 ingresó a las Academias de Historia de Venezuela y de Ecuador, el 29 fue ascendido a ministro residente con rango de embajador y editó Mosaico, en 353 páginas, con artículos artísticos, literarios, históricos, críticos y apostillas, que alcanzó gran éxito y hasta el honor de una segunda edición el 32.

En 1930 imprimió Glosario sentimental, con versos divididos en diversos capítulos, de claras reminiscencias modernistas e incluso de factura vanguardista, que recordaban sus primeras producciones en la línea sentimental de sus Medallones poéticos.

Habiendo fallecido el dictador Juan Vicente Gómez, el Gobierno ecuatoriano consideró su difícil posición en Caracas y lo llamó a Quito. Por la influencia de su cuñado José Cevallos Carrión, el presidente Velasco Ibarra lo designó en 1935 ministro residente en Bolivia. En 1936 publicó en La Paz un folleto titulado Rondador, con poesías ecuatorianas. El 37 un ensayo: El Ecuador literario actual, en 31 páginas y Discursos, en 16 páginas. Había casado con Rosa Elmore Aveleira, dama de la aristocracia limeña. Fueron felices y tuvieron dos hijos que se radicaron en Caracas. Tras la revolución del 28 de mayo de 1944 regresó a Quito y aunque el Instituto de Cultura lo acogió en su seno, ya no pudo hacer valer su calidad de literato y no volvió a misiones diplomáticas. Desengañado del país y con solo cincuenta y seis años, se radicó en Lima con su familia, donde los Elmore gozan de gran posición.

El 46 editó allí Así era Bolívar. Para el 54 vivía en Caracas, gozaba de mucha consideración y respeto, y dio a la luz un artículo   titulado Bolivia, El 55 salió otro artículo: Olmedo y las dos banderas.

De estatura mediana, contextura algo gruesa, pelo negro y calvicie incipiente. De buen hablar, conversación amenísima y poblada de divertidas anécdotas de salón, siempre fue muy respetuoso de las normas sociales; por eso en la vida diplomática ganaba amigos y bien querientes. Como literato fue poeta y periodista de combate, luego fino «croniquer» de viajes y ensayista de temas históricos menores. Dictando charlas y conferencias se perdió el gran poeta en aras de la pueril vida diplomática, por eso su verdadera valoración literaria está aún por comprobarse, rastreando sus poesías simbolistas de los años 1905 al 16, diseminadas en diversas revistas literarias y sociales de esos años. Políglota, hablaba italiano, francés e inglés y se defendía en japonés y alemán.