299. Los Inicios Poeticos De Falconi Villagomez

Nació en Guayaquil el 26 de mayo de 1.894. Hijo del Dr. Antonio Falconí Lavergne (Riobamba 1.847 – Guayaquil 1.931) y de Carmen Amelia Villagómez Andrade y niño aún se colaba en las reuniones literarias que se celebraban en su casa, donde concurrían poetas y escritores amigos de su padre tales como José Gabriel y Rafael Pino Roca, Luis Felipe Borja hijo que vivía en Guayaquil, Darío Rogelio Astudillo, el colombiano Juan Ignacio Gálvez. «En aquellos tiempos éramos unos cachifos de calzón corto, pero con temprana vocación lírica y feliz memoria que hemos conservado hasta ahora.»

De catorce años viajó a Quito a estudiar en el Instituto Mejía y obtuvo un Primer Premio de parte del profesor Alejandro Andrade Coello por una fábula escrita al estilo de Iriarte. Entonces «se dejaban oír aisladamente voces nuevas que traducían nuevos ritmos. Eran de corifeos independientes que desertaban de la batuta clásica. Generación que no tuvo órganos propios de expresión en Guayaquil, salvo algunos números de la revista Patria que circuló entre 1.905 y el 7 y los famosos Lunes Literarios de El Guante fundado en 1.910, donde colaboraron Wenceslao Pareja, Miguel E. Neira, César Borja Cordero y Eleodoro Avilés Minuche».

«En esa misma página iniciamos nuestra producción con la composición «Veneciana» en abril de 1.912 que agradó tanto a la gente que hasta la aprendían de memoria. Se vivía la bell époque, período anterior a la Gran Guerra, que daba ganas de vivir.» Enseguida aparecieron otras composiciones «En el lago», «Hacia ti», «Flor de Blasón» y “La Agonía de la tarde” que no constan en la selección antológica publicada en 1.956, comenzó los estudios de Medicina y colaboró en la revista quiteña «Letras» de Isaac J. Barrera.

En 1.913 escribió para los Jueves Literarios de El Telégrafo poemas como «Eponina» y «Amo las flores raras» que más que sorpresas causaban susto a los buenos burgueses que leían esas columnas y no esperaban encontrarse con tan atrevidas y absurdas composiciones, chocantes al «buen gusto imperante en el medio.» Cuando publicó «El Poema de las Ranas», dedicado a su amigo y maestro Francisco J Falques Ampuero y «que hizo sonreír a los cretinos», recibió de éste una epístola encomiástica en que lo comparaba con el Conde de Lautremont porque «desde sus primeros poemas reveló el joven Falconí una aguda sensibilidad y más allá de lo sardónico del tratamiento de los asuntos, sentíase en sus mejores poemas algo extraño, casi desasosegante». Los Jueves Literarios dejaron de aparecer pronto porque no eran rentables, habíase dado a conocer como poeta y hasta dirigido por corto tiempo esa sección, reemplazando a su Director fundador Manuel Eduardo Castillo, porque no siendo propiamente un poeta, habíase cansado del trabajode editor.

Ya usaba su pseudónimo anagramático «Nicol Fasejo» escondiéndose de posibles escándalos sociales. En 1.916, depurado su afán de hacer novedades, fundó con José María Egas Miranda y Wenceslao Pareja y Pareja la revista «Renacimiento» y reiteró su asimilación de la esencia poética de Francia con el poema de armónicos pareados “Ruth adora a los cisnes.” // Ruth siente por los cisnes del estanque un afecto / singular. ella goza con el mágico afecto / que dan sus albas túnicas en la líquida plata. / Acodada en el bordemira como retrata. / Nítidamente el agua sus gracias de infantina / Ruth ríe, y es su risa como una sonatina / que a los cisnes atrae de la orilla vecina. // Bogan lentos, lo mismo que góndolas de espuma / y hay en su pompa una aristocracia suma… / Bogan lentos… (el óleo de la tarde es naranja) / sobre el agua su estela tiende argéntica franja, / (hay perfumes sensuales que vienen de la fronda) / uno de ellos avanza majestuoso en una onda. / (La hora lángida pone laxitud en el alma) / ya se llega hasta el borde con hierática calma. // Ruh, tomando un nenúfar en la mano, la extiende / al cisne, éste su pico eucarístico hiende / entre la mano breve que se crispa en el acto / pues siente un cosquilleo con el suave contacto… / El cisne no se inmuta. Ha recordado el mito / fabuloso de Leda… Ruth, reteniendo un grito / deja que con el pico desflore la batista / de su blusa, que en medio al desmayo amatista / muestra un rubí encarnado sobre campo de nieve. // Ruth deja hacerlo y sueña con visiones felices / y es un príncipe exótico llegado de países / lejanos, que acariciala y acariciala leve. //

Medardo Angel Silva, que le admiraba, escribió en su columna de El Telégrafo. // J. A. Falconí «como un iluminado que viniera de tenebrosa scene dans l’ enferme, sábelo aquel divino demoníaco que se llamara Arthur Rimbaud, inicióse componiendo extraños versos de acre sabor de frutos, donde se perciben sabáticos rumores y resonancias de cabalísticas fórmulas. Era como si un monje malo, en ratos de emponzoñado humor diabólico, se hubiera puesto a recitar invirtiendo las advocaciones litúrgicas, secuencias, salmos y prosas al Bajísimo y su cohorte de brujas, íncubos, trasgos y toda la fauna horrenda del luciferino imperio. Como en las páginas saturadas de horrores y tinieblas del Conde de Lautremont, una pesada atmósfera de maleficio, exhalada de sulfurosos sahumerios, nos ahogaba; como hembras en celo se oían a la luna ceniza, el croar de las ranas que se lamentaban como viudas histéricas en las lagunas cubiertas por el peluche verde de la flora de los pantanos. Eponina, la virgen maldita, poseída por Nuestro Señor el Diablo, pasaba con su rostro de cera, exangüe, del color de los cirios, mascullando incomprensibles preces al maligno…»

Esto, dicho en el mayor periódico de la ciudad, conmovió a la gente lectora y empezaron a mirar al joven y tímido estudiante de medicina como si fuera un ser de peligrosos misterios. Meses después ocurrió el suicido de Silva y se cumplió el vaticinio de los buenos vecinos sobre los poetas diabólicos, sobre los morfinómanos, como también les decían, porque algunos de ellos vivían entregados a esa droga. Falconí era considerado indiscutiblemente el Jefe de grupo por ser el más activo y cronológicamente el mayor, grupo generacional que también tenía de miembros en Quito a Gonzalo Zaldumbide y a Sergio Núñez Santamaría.

En 1.919 colaboró en la revista «Juventud estudiosa» y fue, como lo dijera José Joaquín Pino de Ycaza, sino el creador, el condicionar en nuestra tierra tropical y beocia, de la más auténtica y original literatura modernista. El 20 triunfó en los Juegos Florales Universitarios. El 21 publicó versos dadaístas en El Telégrafo, para probarle a un poeta misterioso que escribía como Hugo Mayo, que también podía versificar así y por eso los firmó Julio Marzo y Victorio Abril. De allí en adelante, graduado de Médico y becado en Europa, dejó la poesía que solo retomaría mucho después a través de la cátedra de literatura en el Colegio Guayaquil.