294. La Musa De Los Poetas Modernistas Quiteños

En 1.909 el joven poeta modernista Arturo Borja refirió en detalle sobre un misterioso concierto de violín ofrecido de noche en un cementerio de Lima a la luz de la luna y Carmen Rosa Sánchez Destruge se entusiasmó con la idea y se ofreció para acompañar a los presentes al Cementerio de San Diego al tal concierto en violín, que solo podía ser debidamente apreciado en toda su intensidad dramática en aquel lúgubre paraje.  El hecho se prestó a las más increíbles suposiciones y no faltó quien hablara de sacrilegio, cuando solo era una diletancia propia de jóvenes fantasiosos, que tomaron la idea de un suceso semejante, aunque originalmente el primer concierto de este tipo se había dado muchos años antes en el Peré Lachaise de París entre inocentes literatos burgueses. Después hubo otro parecido en el cementerio Presbítero Maestre de Lima y así por el estilo. Era, pues, una forma snob de hacerse notar entre las personas mayores, escandalizar al burgués se decía por entonces. En otra ocasión se realizó un Juego Floral galante y Carmen Rosa salió electa Musa del grupo, es decir, la reina de la fiesta.

Nacida en Guayaquil hacia 1.892 en el hogar formado por Modesto Sánchez Carbo, tenedor de libros que hizo carrera como funcionario en el Banco Comercial y Agrícola hasta ocupar la gerencia en Quito, y Carmelina Destruge Illingworth, guayaquileños.

Su padre tenía una situación económica próspera, en 1.904 fue enviado a Quito por Francisco Urbina Jado, como Gerente de esa sucursal.  Desde entonces María Rosa vivió con sus padres y hermanas en los altos del Banco ubicado en el aristocrático Pasaje Royal, y fue matriculada en el Colegio de las madres de la Inmaculada en Chimbacalle, donde descolló de inmediato por su inteligencia despierta, viveza de carácter y contracción para los estudios, siendo la mejor alumna todos los años y acaparando los Premios y Menciones que anualmente se discernían entre el estudiantado.

Pronto fue conocida en el ambiente social de la capital pues sus padres gustaban recibir semanalmente y mantenían una tertulia literaria en la casa que alquilaban desde 1.907 en la García Moreno muy próxima al templo de la Compañía.  Carmen Rosa se hizo amiga de varios jóvenes intelectualizados y poetas como Arturo Borja, Ernesto Noboa Caamaño, César E. Arroyo, Francisco Guarderas, Hugo Moncayo, Humberto Fierro, con quienes departía en alegre camaradería una vez a la semana. Estas tertulias literarias fueron las primeras que se dieron en Quito entre jóvenes de ambos sexos.

Don Modesto, su padre, veía con buenos ojos dichas diversiones que más tenían de literarias que de otra cosa y en ocasiones llevaba a la muchachada a su quinta de la Magdalena, donde podían gozar del paisaje rumoroso de la arboleda y de las delicias de su buena mesa.

Así las cosas, cuando en abril de 1.912 falleció el Dr. Luís Felipe Borja y su hijo Arturo pudo disponer de una pequeña herencia de ocho mil sucres, declaró su amor a Carmen Rosa y fue aceptado.

El matrimonio civil se realizó de día y el eclesiástico se realizó la noche del 14 de octubre, en la intimidad por el reciente duelo de la familia del novio.   La luna de miel fue en una hacienda cercana a Guápulo propiedad de los tíos Pérez.

De regreso a Quito el Sábado 12 de noviembre los recién casados decidieron visitar a los padres de la novia en su finca de la Magdalena y como por la tarde se inició una tormenta eléctrica prefirieron quedarse a pasar la noche.

Fueron acomodados en una de las piezas del segundo piso, que ocupaban Laura y Matilde Sánchez Destruge.  Subieron solos porque el resto de la familia quedó conversando en el primer piso y a golpe de la madrugada, cuando todos descansaban, oyeron los gritos de Carmen Rosa y era que su esposo estaba muerto en la cama.  Llamado el médico de la familia, solo pudo constatar que el deceso se había producido a consecuencia de un paro cardiaco entre las 2 y 3 de la mañana, por una alta dosis de Veronal, fármaco que se administraba el poeta para controlar sus desajustes nerviosos ocasionados por la morfina y que ingerido en dosis elevada puede causar la muerte.

Ignoro si Carmen Rosa sabría antes de casarse que su esposo era morfinómano. EstE asunto nunca ha sido develado. En el Quito de comienzos de siglo XX el opio casi no se conocía, mas el principio activo (la morfina) llegó de Europa a las boticas como paliativo para los dolores intensos que pueden provocar ciertas dolencias y al superar la crísis muchas personas quedaban enviciadas con sus efectos.

El suceso conmovió a la sociedad ecuatoriana que lamentó tan trágico destino.  Carmen Rosa quedó marcada por el «suicidio» – como todos dieron en llamar al asunto – y viviendo en una sociedad pacata de beatas santiguadoras e hipócritas, cobró injusta fama de mujer fatal. Como que, al entierro, cuando conducían los amigos del fallecido Borja su féretro, la gente decía: Allí van los morfinómanos y se santiguaban.

Por eso prefería permanecer en el interior del domicilio de sus buenos padres que nunca la desprotegieron, antes que ventearse en el automóvil lujoso del Banco como antes lo hacia, pues notaba que su presencia causaba comentarios y hasta se la comparaba con el demonio; sin embargo, era tal su simpatía y belleza, que nuevamente empezó a ser cortejada por numerosos pretendientes, más ardorosos que nunca.  Oswaldo Zaldumbide Rebolledo, de los primeros futbolistas y atletas que tuvo el país, solía disputar el derecho a enamorarla con Luís Clemente Concha Enríquez muy menor a él en edad y fueron sonados los encuentros pugilísticos entre ambos, por el amor de Carmen Rosa.

En 1920 Zaldumbide la pidió en matrimonio y muy a regañadientes aceptó don Modesto, pensando que con la boda realizada se compondría, pues Zaldumbide tenia fama de chulla travieso, belicoso, guapo y matón, pero no fue así, porque se hizo bebedor fuerte todas las noches. Un día partió a Colombia y no se le volvió a ver.

En 1.925, tras la revolución Juliana, cerró sus puertas el Banco Comercial y Agrícola en Quito y Guayaquil y la situación económica desmejoró, don Modesto falleció en Quito el 9 de octubre de 1.927.

Carmen Rosa vivía con su madre y hermanas en una casa esquinera y propia, en el Pasaje peatonal Vásconez Bueno de la Alameda, al lado de gente conocida como María Luisa Dillon de Arrarte, Luis Barberis Jaramillo, los Jiménez Arrarte – todos de Guayaquil – con quienes se llevaban bien.  

En 1.928 se cambiaron a una buhardilla espaciosa ubicada encima del Edén en el pasaje Royal, donde casó Matilde Sánchez Destruge con Juan Freile Larrea, que era riquísimo, pero no tuvieron hijos.  Al poco tiempo Carmen Rosa ingresó a trabajar en la recién creada Caja de Pensiones.  Estaba joven, hermosa, sin hijos.  No le faltaron partidos, pero los declinaba con un dejo de profunda tristeza porque después de sus dos fracasos matrimoniales había tomado experiencia y no quería experimentar. 

Era una mujer activa e inteligente, muy ejecutiva, tipo trigueño, con largas guedejas de pelo castaño.  Hablantina, nerviosa -fumaba muchísimo. Una dama de mundo que sin embargo debía trabajar. Su habla se había vuelto serrana y amaba entrañablemente a sus pequeños sobrinos los Gómez Sánchez.

Falleció en Guayaquil en 1.942. Fue una mujer bella, inteligente y apasionada y se la considera la musa del grupo de poetas modernistas de Quito de los años 1.908 al 10.