292. Inicios Del Cine en Guayaquil

Cuando en 1.907 vinieron a nuestra ciudad las películas silentes (mudas) traídas por Julio Wickenhauser y Enrique Casajuana comenzaron a proliferar las salas de cinematógrafos o cines como después se llamaron, con sus plateas y palcos (algunos eran para las personas de luto y estaban ubicados a ambos costados del escenario con venecianas que podían subirse y bajar) Llegué a conocer los del teatro Parisiana.

 Esos palcos eran ocupados por las personas que habían perdido a algún ser querido y deseaban distraerse sanamente sin provocar el escándalo social de romper un duelo, que según las normas establecidas por el «Manual de urbanidad y buenas maneras de Carreño,” debían durar cuando menos un año o algo más según los sentimientos de cada quien. Los tales palcos aparecían vacíos pero cuando se apagaban las luces para proyectar los films, comenzaban a llenarse y desde la platea veíamos a los deudos que cautelosamente abrían las venecianas, retirándose precipitadamente de la sala poco antes del final, para que nadie les vea entrar ni salir. 

Wickenhauser tenía veinte y ocho años y acababa de graduarse de ingeniero eléctrico en su Baden – Wurttemberg cuando con ocasión de su primera visita a Paris, se interesó con el avance de la industria fílmica, conoció a Max Linden el maestro de Chaplin, hizo amistad con un joven español llamado Enrique Casajuana y juntando capitales adquirieron cien films mudos y cuatro equipos de proyección y sus recargas de carbones y se vinieron a Guayaquil donde Casajuana tenía parientes y amigos. Primero montaron una carpa en la plaza de la Victoria que entonces era un despampado bueno para corridas de toros, peleas de box y de gallo, bailes populares, etc.

I aunque no fueron los primeros exhibidores de películas, antes habían visitado nuestra urbe los empresarios Jackson – Encalada, luego la empresa de cinematógrafo de Herman Siegler y antes que ellos solo se pasaba la Linterna Mágica, dispositivo para mirar tomas fijas con un carrete para hacerlas parecer en movimiento. 

La temporada de los jóvenes empresarios W-C se inició con “La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo” en versión completa desde la Anunciación por el ángel hasta la Elevación a los Cielos, producida por la empresa Patté Freres de Paris. La carpa no poseía muchos asientos, de suerte que el público llevaba sus propias sillas. El éxito fue colosal, la iglesia apoyaba abiertamente el nuevo arte, el vecindario pugnaba por ingresar y las funciones se repetían incansablemente cuando comenzaba a oscurecer, después de las seis de la tarde,

Todos se hacían lenguas del nuevo fenómeno cultural, sin los tropiezos del teatro, que calificaban de espectáculo perjudicial para las buenas costumbres. Mas, a las pocas semanas comenzó la competencia en un solar municipal frente al malecón, donde se levantarían dos piscinas y realizó el Primer Certamen Nacional de Belleza en 1.930,

Quizá por esta causa los socios W-C decidieron trasladarse a Quito llevando el famoso invento y tal fue el interés que despertó el cinematógrafo que el Presidente Eloy Alfaro concurrió a la función inaugural en el teatro Sucre pero la sociedad terminó, Casajuana viajó a Valparaíso y Wickenhauser comenzó a recorrer el país con presentaciones públicas y hasta privadas en los Colegios. En 1.909 adquirió un extenso solar y construyó un canchón llamado pomposamente Cine Victoria, El año 11 alquilo un local en el Colegio Benigno Malo de Cuenca, se le habían acabado los carbones de su equipo y usaba unos nuevos importados de Francia. En la década siguiente manejaba una cadena de cines de Guayaquil, Quito y Cuenca. En Nuestra urbe era propietario de los cines Victoria y Colón y arrendaba el Edén, en Cuenca del Variedades.

Aparte de las películas en el Edén se presentaron numerosos espectáculos a beneficio de la Sociedad El Belén del Huérfano y La Legión Femenina de Educación Popular, las compañías de teatro argentinas y españolas también se lucían y cuando arribaban a Guayaquil personalidades del arte, la política, la cultura, su cita obligada era El Edén. Uno de los últimos actos ocurrió en los años cincuenta cuando vino fray Guadalupe Mojica – el gran tenor mexicano y actor de cine en Hollywood, que profesaba en la Orden franciscana de Lima desde su retiro de la vida mundana.