286. Una Corvina Indigesta

«Al General Plaza sucedió en la Presidencia de la República el señor Lizardo García (septiembre 1 de 1.905) personaje cuerdo y respetable, de acreditada versación comercial y financiera, de sanos y honrados antecedentes, de prestigio político conocido y de firme convicciones liberal – radical».

(f) Manuel María Borrero. «El Coronel Antonio Vega y su última campaña militar». Cuenca, 1.956.- Pág. 184.

Lentamente y acompañado de su esposa don Lizardo García y Sorroza, Presidente Constitucional de la República del Ecuador, bajó las gradas que conducen en el antiguo Palacio Presidencial, al gran Salón Amarillo de recepciones, llamado así por el color de los adornos, cortinas y tapices de los muebles que lo decoran. Era la noche del 31 de diciembre de 1.905 y se celebraba en Palacio la primera fiesta de fantasía que daba el régimen en honor de la sociedad quiteña, con motivo del advenimiento del nuevo año.

A las doce en punto don Lizardo tomó en su mano derecha una fina copa de cristal de bohemia rebosando en champagne y brindó emocionadamente a la salud de la concurrencia, que era numerosa, porque pasaban de doscientas las invitaciones que se habían puesto en circulación entre las más connotadas familias de Quito. Acto seguido inició el baile con un vals de Straus a los acordes de la Banda de Música del Batallón «Carchi» pues en aquellos lejanos tiempos todavía no se practicaba el lucrativo negocio de las orquestas, hoy tan en boga.

La concurrencia era selectísima. Bellas señoritas alternaban con serias matronas llenas de abanicos y encajes recién llegados de París. Los caballeros lucían frac y condecoraciones y si no hubiera sido por ciertos rumores que circularon durante el día del baile, la alegría habría contagiado a todos los corazones; pero soplaban vientos de fronda que anunciaban la proximidad de una tormenta.

LAS ELECCIONES DE 1905

Efectivamente desde 1901 a 1905 había gobernado el Ecuador como Presidente Constitucional, el General Leonidas Plaza, distanciado del líder máximo del liberalismo ecuatoriano General Eloy Alfaro, por chismes y argucias de los envidiosos que nunca faltan en todo sitio y lugar. Llegada la época de designar sucesor el General Plaza escogió a Lizardo García y le ofreció su apoyo. Los liberales reunidos en Quito el 5 de Junio de 1.904 con motivo del noveno aniversario de la Revolución, habían lanzado la idea de formar una Junta de Electores que decidieran quién debía ser el candidato único del partido. Plaza no aceptó la propuesta porque su situación era débil en el partido ya que le consideraban un traidor trató por todos los medios de desacreditar a los Electores, iniciando contra ellos una campaña de difamaciones y bautizándoles con el nombre de «La Fronda».

La junta escogió a Ignacio Robles y Santistevan para candidato del partido unificado, pero éste no aceptó el ofrecimiento y en ese estado el candidato oficial Lizardo García obtuvo mayoría en las elecciones de 1.905 con 74.369 votos y fue oficialmente declarado electo por el Congreso Extraordinario instalado en Quito el 10 de agosto de dicho año, presidido por el doctor José Luis Tamayo. La Cámara de Diputados el doctor Modesto A. Peñaherrera. El 1 de septiembre se realizó la solemne ceremonia de transmisión de mando y García entró en funciones.

El nuevo Presidente Constitucional es hombre de conducta severa y grave, de historial limpio y sin mancha; muy conocido en los medios bancarios y comerciales de Guayaquil, habiendo actuado durante la administración placista como Delegado del Ecuador en el arreglo de la Deuda Externa. Con anterioridad había sido empleado y luego funcionario de las casas comerciales Luzarraga y Norero en Guayaquil; en 1.895 fue designado Ministro de Hacienda por Alfaro; después Ministro General, pocos días Encargado del Poder Ejecutivo (1895) por ausencia del titular. Posteriormente se distanció de Alfaro actuando como Senador en 1.898, nuevamente Senador en 1.904.

Como político no fue muy hábil, aunque como Gerente del Banco Comercial y Agrícola demostró tener grandes condiciones de inteligencia y pericia; buen padre y mejor marido, todos le admiraban por haber surgido en la vida desde abajo, como vulgarmente se decía, ya que nació pobre y merced a su esfuerzo y tesón logró alcanzar éxito y dinero.                        

EL TELEGRAMA FATAL

Y así fue como esa memorable noche del 31 de diciembre de 1.905 le cogió alegre y dicharachero, lleno de euforia y deseos de «vivir la vida». En la madrugada y ya entre un grupo escogido de amigos contó en secreto que les tenía preparada una sabrosísima corvina traída especialmente de Guayaquil para celebrar la ocasión y que la serviría a las tres en un retirado Saloncito de Palacio mandado a preparar exprofeso con numerosas viandas y licores importados de Europa y es que, en el Quito de 1.905, servir una corvina era signo de gran lujo y distinción que sólo los potentados y grandes personajes podían darse, porque como el ferrocarril de Duran sólo llegaba a Riobamba, los mariscos se transportaban a lomo de mula y entre grandes trozos de hielo recogidos en el Chimborazo, con los gastos que son de suponer. Pocos fueron los felices invitados a la corvina presidencial y entre ellos figuró el joven abogado y periodista doctor Manuel María Borrero, Director del periódico oficialista «La Linterna»

Llegado el momento y pasadas las tres de la mañana, los escogidos se trasladaron al apartado sitio de Palacio donde ya los esperaba don Lizardo con la corvina de marras, que era de grandes proporciones, jubilosamente descansando en elegante bandeja de plata, rociada con vinos blancos y salsa de perejil ligeramente picante. Grandes rodajas fueron cortadas y servidas en hojas de lechuga serrana y tragos van y vienen, el reloj de la Plaza de la Independencia marcó cuatro campanadas cogiendo a los golosos sibaritas en gran «chacota». Pero, como la dicha humana nunca es duradera, en ese momento sonaron algunos golpes en la puerta y entró precipitadamente Lizardito García Jr. hijo mayor del Presidente y tan inteligente como su padre, quien dijo:

– Papá, acaba de llegar un telegrama urgente de Riobamba.

– Léelo, contestó su Excelencia.

«Señor Lizardo García. Deseóle felicidad en el año que comienza comunicándole que acabo de tomar esta Plaza, desconociendo su gobierno. (f) Emilio María Terán, General de División».

Ingrata sorpresa y término del banquete. ¡La corvina había indigestado! El Presidente, que escuchaba el fin del mensaje puesto de pie, con el rostro pálido de indignación, se trasladó con los presentes a la Sala de Gabinete, donde se intentó discutir la situación para tomar las medidas del caso, pero el cansancio, la sorpresa y los brindis con licor hacían imposible la afluencia de las ideas a tan altas horas de la madrugada y de común acuerdo se resolvió postergar la sesión para las siete de la mañana, hora en que se convocó a Reunión Extraordinaria al Gabinete compuesto por Juan Francisco Game Balarezo en Hacienda; Ángel Espinosa en Instrucción; Cor. Tomás Larrea Alba en Guerra y Marina y doctor Gonzalo S. Córdova Ribera en Interior o Gobierno.

Dieciséis días después don Lizardo buscaba asilo en la Legación diplomática de Colombia y a la mañana siguiente entraba en Quito Eloy Alfaro ¡La Revolución había triunfado!