277. Las Polémicas De Víctor León Vivar

«Niño inquieto, de raras aptitudes intelectuales, bella apostura juvenil y arrogancia de hombrecillo prematuro». Creció, fue a la escuela de los hermanos cristianos y al Colegio Seminario de Cuenca y en muchas ocasiones se fugaba con su compañero Manuel J. Calle a los campos cercanos, a tiempo que se hartaban de libros sin método ni cuidado, hacían versos y publicaban periódicos manuscritos, alternados con inocentes picardías infantiles que no alcanzaban a corregir el látigo de ocho ramas que sobre sus manos extendidas descargaban los clérigos docentes. Así era este cuencano nacido en 1.866 en hogar rico y numeroso. Su padre exportaba sombreros de paja toquilla y su madre era hija de un sacerdote apellidado Iglesias.

En ésta época de su vida recibía la benéfica influencia del Presbítero Federico González Suarez a quien llegó a considerar su maestro, por que ejerció entre 1.880 y el 83 una marcada influencia en su formación como hombre de letras y de estudios literarios. Prácticamente lo arrancó de la casa paterna donde había tantos hijos – dieciocho – que la falta de uno casi no se hacía notar y cuando viajó a Europa el 84 se lo llevó consigo, mas al año volvió el joven a Cuenca, más indócil que nunca. 

A principios de 1.885 dio a la luz  el folleto «Poesía Ecuatoriana» y en Octubre editó con Calle un periodiquito irreverente, anticlerical y de ideas liberales denominado «El Pensamiento» zahiriendo a los maestros del colegio y entre ellos al célebre por su intemperancia obispo Miguel León  y a su hermano el simplón  Dr. Justito que gozaba de una justa fama de cándido inocentón  y se formó un escándalo pues nadie sabía quien era el autor, mas, los antecedentes del joven Calle le condenaban y tuvo que escribir una hoja aclaratoria, negándolo todo con su firma y el estilo burlón que le haría famoso.

En 1.887 ingresó Vivar a la Escuela de Literatura en Quito y en su revista publicaron dos discursos: el de Incorporación sobre la Poesía Ecuatoriana y el de contestación al de Víctor Manuel Gangotena acerca de la Belleza, y formó parte del Liceo de la Juventud. El 89 colaboró en la «Revista Ecuatoriana» con una hermosa crítica a la poesía de Olmedo que junto a las que hizo sobre Julio Zaldumbíde y Numa Pompilio Llona aparecerían en 1.903 en «La Ley» de Quito. El mismo año 89 publicó los folletos «Panegíricos en honra de Montalvo» del que luego se arrepintió y «Al Público». En junio su coterráneo José Peralta sacó en Quito el periódico «El Constitucional» con artículos anticlericales que originaron una respuesta de González Suárez bajo la forma de rectificación a un supuesto plagio de las obras del peruano Francisco de Paula Vigil. Contratacó Peralta y el Arzobispo Ordóñez, en cuya casa se había criado Peralta, prohibió la lectura de «El Constitucional.”

Nuevamente en Cuenca el incansable Peralta fundó en el mes de Julio el periódico «La Época» que enseguida fue prohibido por el Vicario Manuel C. Hurtado. Por estos ajetreos Peralta enfermó, pero en agosto volvió a Quito para hallar que la Curia había iniciado causa criminal contra «El Constitucional» y sin amilanarse en septiembre publicó la última respuesta a González Suárez quien se encontraba muy avergonzado pues se había esparcido el rumor en la pequeña y pueblerina ciudad de Cuenca que padecía de enanismo genital. Rumor que según generalizada opinión había regado Peralta. I todo quídam – desde los serios ministros de la Corte hasta los humildes zapateros –  cuando lo encontraban en las calles, discretamente le miraban el bulto con un dejo de burla y picardía, hasta que comprendiendo la situación la víctima de esta trafasía se tuvo que encerrar dos meses en su cuarto, temeroso de continuar sufriendo la vergüenza a causa del dicterio público.

Así estaba la polémica cuando  el joven Vivar sintiéndose afín con su antiguo profesor tan feamente acusado, abordó estoque en mano y en una calle céntrica a Peralta, profiriendo injurias atroces (le gritó hijo sacrílego y candelero) aludiendo a que el padre de Peralta era el sacerdote Serrano muy conocido en el austro y fue replicado también a gritos: I tu eres nieto del padre Iglesias) y aunque el incidente no pasó a mayores a causa de la intervención de  personas, todo Cuenca  comentaba el incidente y se enteraba de los secretos de ambas familias, bien es verdad que mucha gente ya los conocía. Esa noche el mismo Vivar, auxiliado por su padre y en compañía del joven David Neira, el padre de éste y un piquete de soldados, atacaron la casa de Ramón Torres, en cuyos bajos funcionaba una pequeña imprenta donde se hallaban dos amigos de Peralta, uno de ellos llamado Ramón Pesantez, que fue herido cinco veces con armas de fuego y llevado moribundo al cuartel de policía le arrojaron a un montón de alfalfa.

Al día siguiente las amañadas autoridades, en lugar de hacer justicia, procedieron a enjuiciar criminalmente a Peralta, a Gabriel Ullauri, al joven Calle y a otros liberales. El escándalo que se armó fue grande y Vivar editó una hoja suelta titulada «Atrás Miserables.»

Para evitar más escándalos fue enviado a Santiago de Chile, pero antes de emprender viaje mantuvo otra polémica literaria. En esta ocasión contra el poeta menor Antonio Alomía autor de la leyenda en verso “Un drama en nuestras montañas” premiada por la Academia en 1.888 con el voto de nueve de sus miembros, que Víctor León calificó de versos mediocres. Alomía contestó que no lo eran y dio como prueba que durante una velada literaria celebrada en el teatro Sucre de Quito, la audiencia los había aplaudido de pie y por varios minutos, finalmente acusó a Vivar de ser un autor sin obras, pero éste se defendió indicando que es obra de misericordia dar consejo al que lo ha menester. Durante la polémica salió a relucir un verso del Académico Quintiliano Sánchez, por lo de los nueve votos Académicos se entiende, que Vivar calificó de prosaico y de cantar asuntos comunes y trillados.