25. Las Piedrecitas para llevar cuentas

De vez en cuando aparecen ciertas señales del pasado que inducen a pensar que los pueblos precolombinos – aunque no llegaron a conocer el alfabeto – pudieron tener otras formas de expresión, no solo decorativas o contables, sino también ideográficas. Alejandro Jaramillo Pérez, Otavalo 1.900-1984, a principios del 83 publicó una notable obra titulada Paleolítico y Neolítico en imbbura, con numerosas ilustraciones en blanco, negro y a color con historias sobre el pasado de su terruño, desripción de sus colecciones arqueológicas y el análisis respectivo. En el capítulo Pedrezuelas utilizadas como ideogramas, relata que unas misteriosas piedrecitas color verde eran utilizadas como artificios por los antiguos Caras para formar palabras. “Colocaban piedrecillas de distintos tamaños, colores y figuras angulares porque eran excelentes lapidarios. Con sus diversas combinaciones perpetuaban sus hechos y formaban sus cuentas de todo”

Esta información está tomada por el padre Juan de Velaco que en su monumental Historia cuando cita una crónica de fray Marco de Niza hoy perdida: Los antiguos Caras usaban un tipo de escritura más imperfecto que el de los quipus peruanos,” también el padre José de Acosta en su Historia Natural y Moral de las Indias se refiere a las piedrecitas, aclarando que se utilizaban como ideogramas. En cambio el expedicionario norteamericano Hiram Bingham, descubridor de las ruinas incásicas de Machupicchu en 1.911 indica que en algunos edificios y dentro de las infaltables hornacinas  de las paredes, encontró piedrecillas de color verde ordenadas de un modo que hace suponer  que la ciudad estuvo habitada por gente que no había aprendido aún el uso de los quipus o que éstos fueron llevados desde el actual Ecuador por los Incas, lo que es posible porque ninguna piedra de contar se ha descubierto en otros sitios de la región y si no fuese por la referencia explícita del arqueólogo Marshall Saville quien afirmó “Se han encontrado en el Ecuador aunque totalmente desconocidos en las colecciones europeas y aún americanas de antigüedades peruanas  que yo conozco… estaríamos despistados para comprender las pequeñas fichas verdes…que pertenecieron probablemente a una cultura anterior a los Incas.” Por eso es dable pensar que los pueblos que habitaron el Ecuador actual tenían formas de expresión que no conocemos. En la isla de la Plata fueron halladas piedras similares para llevar cuentas como las referidas por Saville y por el Doctor Dorsey a más que el notabilísimo arqaueólogo peruano Manuel González de la Rosa creía que los predecesores de los Incas llevaban sus cuentas por medio de estas piedrecillas de colores antes de la invención de los quipus.

         Wilson Hallo Granja (Ambato 1.939 – Quito 2.005) en cambio logró reunir en su colección arqueológica particular cosa de mil sellos cilíndricos de la cultura manabita Jama – Coaque conteniendo cada uno de ellos morfonemas o mensajes “que se colocaban en bastoncillos y servían de libros” de manera que era muy posible que la persona que tenía los bastones ostentara la ciencia y el poder. Hallo opinaba que el desciframiento de dichos sellos debería ser investigado en un laboratorio computarizado de los Estados Unidos partiendo de ciertas pautas conocidas de los sellos y jeroglíficos de la civilización Maya donde ya se han descifrado algunos. Se piensa que habiendo existido relaciones comerciales entre los pueblos de Mesoamérica y de la costa actual ecuatoriana. Bien pueden tener elementos iguales o parecidos. Esta teoría viene a ser novedosísima y única. Cabe aclarar que entre 1.970 y el 73 viajó visitó diferentes países de Europa, Japón y los Estados Unidos adquiriendo conocimientos y haciendo consultas sobre las formas conocidas de comunicación en la época precolombina para explicar el contenido de los sellos Jama – Coaque y los encontrados en el sitio La Tolita en Esmeraldas y ue han sido estudiados por el español Moisés Villelia.

         Para Hallo el asunto debe comenzar por seguir el desplazamiento de los sellos colocados en tablas de ideogramas y siendo cilíndricos solo habría que darles la vuelta para lograr la uniónde ideogramas con fines preconcebidos de manera que se podría descifrar el mensaje que traen. Indudablemente los Caras conservaban anotaciones por medio de la colocación de pequeñas piedras de distintos tamaños y colores, arregladas en cajas de madera, piedra o arcilla. Con la diferencia y combinación de aquellas perpetuaban la memoria de sus fastuos y hacían sus cuentas, además es dable suponer que con estos toscos archivow también llevaban la memoria de sus reyes.