241. El Perico Se Almorzó a Cordero

El año 1890 apareció en Guayaquil un periódico llamado «El Perico» que abría fuego graneado contra todos los errores del gobierno del Antonio Flores Jijón. Su director era un cirujano graduado en la Universidad de Pensilvania, Francisco Martínez Aguirre, que en sus años mozos fue enviado desde Baba a Filadelfia por consejo del Obispo José Tomás de Aguirre Anzoátegui, Director del Colegio Seminario, quien notó la portentosa inteligencia del futuro periodista y hombre de ciencia.

Martínez Aguirre hablaba idiomas (inglés, francés y español) hacía grabados en madera (Xilografía) con piedras de esmeril y buriles mandados a fabricar donde un herrero; escribía Íntegramente el periódico con la colaboración en verso de José de Lapierre, éste último firmaba con el seudónimo de «Ruiseñor» y era gran coplero y hombre en extremo burlón, que todo lo llevaba al campo del ridículo para hostilizar al gobierno. El Gobernador Plácido Caamaño quiso en varias ocasiones cerrar el diario pero sus directores recurrían a muchas artimañas para evitarlo. En cierto momento y habiéndose corrido el rumor de cierre, Martínez Aguirre puso gorros frigios en la cabeza de los llamados canillitas o boceadores y una campanilla en la diestra con la orden de gritar en calles y plazas, lo siguiente: «A real lo que no se puede decir».

En otra ocasión escribió: ¿Me enjaularán al fin? Esa es la pregunta que me ha venido al pico y la tengo desde hace dos semanas, como parche de trementina de Venecia, sin que pueda despegarlo. Espera, pues, resignado, la respuesta, este pájaro triste y flatulento.

DABA PERO TAMBIEN RECIBIA

El periodismo trájole grandes disgustos al Dr. Martínez Aguirre. En 1891 cambió el nombre de: «El Perico» por «El Cordero» en homenaje al Doctor Luis Cordero, que acababa de aceptar la candidatura oficial a la presidencia de la República. En una crónica dijo lo siguiente: «Un día balé plácidamente (alusión al ex presidente Caamaño, cuyo nombre era Plácido)» ante el pienso de dulces esperanzas, hoy estoy dispuesto en el caso de aullar, como los lobos, con quienes he contraído alianza (referencia al liberalismo de Cordero que en 1875 fundó en Cuenca la Asociación Anti conservadora del Azuay y luego se volteó hacia el progresismo formando alianza con los lobos) Por su parte Lapierre también atacaba en verso: Propósito original / muy propio de quién delira / trocarle a Don Luis la lira / en sillón presidencial /. Gobernará en madrigal, / al expedir un decreto / lo hará de fijo en soneto / y nunca habrá de acabar ….//

Algunos sacerdotes ultramontanos declararon la oposición al Perico primero y luego al Cordero. De la primera época es la réplica lanzada desde una columna especial titulada: «Sermones de un loro predicador» donde aparecía un loro viejo con la pata derecha levantada y la izquierda apoyada  en un pulpito. Pero no siempre era amarga la lucha iniciada por el Dr. Martínez Aguirre, había ocasiones en que podía decir con orgullo que respondía bien por mal.

Un pariente político suyo y compadre espiritual para colmos, llamado Modesto Jaramillo, fue elevado a la Gobernación del Guayas y creyó de su deber perseguirle por la campaña antigobiernista que hacía  desde «El Cordero». Pasó el tiempo y ya triunfante Alfaro enfermó gravemente don Modesto y una junta de médicos convocada de urgencia opinó que la única solución la podía dar la experimentada cuchilla del Dr. Martínez Aguirre. Efectivamente, la operación no se dejó esperar y fue realizada con extrema diligencia, salvándose el enfermo de una segura muerte. Poco después se abrazaban los compadres y aquí no ha pasado nada.

Lo gracioso de la anécdota es que la noche de la operación y cuando el cirujano regresó a su hogar, le dijo a su hijo Miguel Martínez Serrano «Nunca he podido satisfacer con más gusto una venganza de hombre civilizado».

Su fama como diestra y experimentada cuchilla la obtuvo «El Perico» de una serie de detalles importantísimos que había resuelto en la técnica operatoria. Con pequeñas muestras preparaba sedas flojas esterilizadas con las que hacía las suturas. Después del 95 viajó al interior de la República de Cirujano Mayor del ejército alfarista y estuvo en Gatazo, como hombre polifacético tenía también sus rarezas y una de ellas es que le encantaba la buena mesa, lo que no debe extrañar a nadie, habiendo llevado con su equipaje un frasco de ostiones cocinados en aceite de oliva y tan bien esterilizados, que a pesar de las semanas transcurridas, cuando se sirvieron no causaron molestia alguna y los que los probaron estuvieron de acuerdo en declarar que su sabor era magnífico.

En 1909 llegó a Ministro de Educación durante la segunda presidencia de Alfaro y conformó el Gabinete con el General Wilfrido Venegas en Guerra y Marina, el doctor José Peralta en Relaciones Exteriores y Amalio Puga Bustamante en Hacienda. Todos hablaban tres idiomas y Peralta, incluso, sabía traducir del griego. Este gabinete tuvo una lucida actuación durante los festejos de inauguración del ferrocarril, recibiendo a las Misiones diplomáticas que acreditaron los países amigos con motivo del centenario de nuestra independencia.

DE COMO EL PERICO SE COMIO AL CORDERO

En 1894 Marieta de Veintemilla, viuda de Antonio de Lapierre, regresó al Ecuador procedente de Chile, donde vivía con su tío Ignacio, en el exilio. Merced a una serie de conexiones diplomáticas, ella se había podido enterar de la existencia de telegramas cifrados, cursados entre el  Cónsul ecuatoriano en New York Solórzano y el Gobernador del Guayas Plácido Caamaño, sobre una venta del buque «Esmeraldas» de propiedad chilena, al Ecuador, aunque en realidad nuestra Patria se obligaba a su vez a cederlo al Japón. En otras palabras, el trueque tenía por finalidad encubrir a Chile en la venta porque  había declarado su neutralidad en el problema armado de Japón y China; lo malo del caso es que la bandera ecuatoriana iba a ser utilizada hasta las islas del Archipiélago de las Samoas, donde se arrearía para cambiarla con la Japonesa. Doña Marietta traía copias de dichos telegramas y las entregó a su cuñado José de Lapierre en Guayaquil.

En pago a nuestra intervención «alguien», que no el Ecuador, recibiría el sobreprecio de la venta que ascendía a ochenta mil libras esterlinas. Chile nos vendía el Esmeraldas en doscientas veinte mil libras y Japón pagaba trescientos mil. El negociado se realizó pero fue descubierto porque los telegramas donde se daban los detalles del negociado fueron entregados por José de Lapierre a Felicísimo López, que los hizo públicos en el ámbito internacional, luego que fueran descifrados en la oficina de José Abel Castillo.

González Suárez intervino y pidió que este enojoso asunto se ventilara en el plano nacional para evitar el escarnio de las naciones civilizadas, pero el escándalo alcanzaba proporciones y las gentes recorrían las calles de las ciudades del país clamando castigo para los negociantes.

El principal sindicado era el Gobernador del Guayas Dr. Plácido Caamaño contra quien recaían todas las acusaciones; también estaban implicados los cónsules Nogera y Solórzano, de Valparaíso y New York, respectivamente, el uno por recibir el vapor de las autoridades de Chile y colocarle la bandera ecuatoriana para que partiera en su viaje por el Pacífico, lo cual fue visto por Juan Murillo Miró, quien vivía en Valparaíso y estuvo presente en dicho momento del zarpe. El otro por guardarse la recompensa de ochenta mil libras esterlinas, que era el sobreprecio de la nave y que jamás entró en el Tesoro Nacional a pesar de haberse cancelado el valor de la compra por parte de la Casa Bancaria FLINT. Al final dichas libras esterlinas se quedaron en poder de Solórsano, así de simple. Caamaño quiso disculpar su actuación con palabras que no convencieron a nadie y Lapierre le replicó con el siguiente verso:

Cuando el asunto anda terco

no hay música celestial,

contra razón natural

La lora se come al puerco.

Queriendo significar que no había explicación posible a asunto tan sucio. Poco después la multitud entró cantando otro de sus versos, hecho canción con música de mazurka, en la casa del Gobernador, que minutos antes había tenido que embarcarse con su familia y partir a Puna, evitando una muerte segura. Nunca más regresó al país, falleciendo años después en Sevilla. Con él escaparon también sus cinco hermanas. Victoria de Díaz Erazo, Ana de Flores Jijón, Rosa de Noboa Carbo e Isabel y María que eran solteras.

Convertida está en girones

la bandera tricolor

en que Sancho y sus traidores        ultrajaron el honor I

Y el pueblo entusiasta

de júbilo henchido

consagra rendido y

castiga al traidor.

En las riberas de Guayaquil

otra bandera se ve lucir (bis)

cual mensajero de un día feliz //

 (Se repite la segunda estrofa)

En Guayaquil todos se sabían de memoria unas coplitas saltonas, igualmente de Lapierre tituladas: La Venta de la Bandera, donde se decía que Solórzano jamás entregó a Caamaño el sobreprecio o comisión en libras esterlinas, pactado por la venta de la bandera, porque sabedor de los problemas suscitados en el Ecuador y temiendo por su propia vida, había fugado de New York con dirección a Suiza, llevándose la platita en los bolsillos. Caamaño le mandó a buscar con un aventurero colombiano pero dicen que tampoco le vio regresar y se quedó larín larán como dice la copla

Sin que China oliera la cosa

un blindado buscaba el  Japón

cuando supo que Chile vendía 

la Esmeralda, que no es mal vapor.

Ofreciole muchísima plata aun, mas de un millón

pero Chile le dijo: amiguito taran, tan, tan

con bandera no.-

Pepe Plácido dijo: Les presto

mi bandera, la del Ecuador

pero dennos ochenta mil libras

a Noguera, Solórzano y yo.

Flint al punto, entregó la platita

allá en New York

y al cogerla Solórzano dijo:

taran, tan, tan

a Suiza me voy

Hay guayaba, guayaba, guayaba

hay guayaba de mi corazón

Ya Solórzano tiene ganado

sus cien años de perdón.

Con este tipo de campaña no hay régimen que soporte mucho tiempo y en Abril de 1894 el presidente poeta Luis Cordero, encargó el Poder al Ministro del Interior Vicente Lucio Salazar. Meses después se produjo en Guayaquil la revolución del 5 de Junio de 1895 y se llamó a Alfaro, exilado en centro américa. Bien se podría afirmar y sin temor a equivocaciones, que la transformación liberal la realizaron Francisco Martínez Aguirre y José de Lapierre y que desde el Perico se comieron a Cordero.