231. La Estatua De Pedro Carbo

Ubicada en el centro de nuestra urbese yergue la estatua del repúblico, del hombre bueno, del liberal y civilizador Pedro Carbo. Es una estatua sencilla y como todas las del siglo pasado, de factura europea, por lo que parodiando a un conocido comercial podríamos decir que es un monumento con símbolo de calidad.

Allí está el Pedro Carbo de sus últimos tiempos, de sus años de mayor experiencia, cuando escribió la «Historia del Ecuador» que un violento incendio ocurrido justamente en los bajos de la escalera de Su domicilio la quemó. Ese Pedro Carbo, hombre universal, comprendedor sin pasión, santo laico como muchos le han llamado, está representado por la adusta figura de un viejecito benevolente en ademán de extender su diestra, de ayudar, de socorrer.

«Muy cara de Carbo» le dijo un día al pasar por el lugar, un conocido mío y en efecto si analizamos las fotografías antiguas de esa familia, sobre todo la de José Joaquín Carbo Briones, a) Papá Carbó, cuando se retrató a los cien años después de su misa de acción de gracias en la Merced, veremos que los personajes antiguos de la familia Carbo tenían en común ciertos rasgos – ojos hundidos, labios y mentón firmes – y aquel modo de ser tan parsimonioso y sereno, tan equilibrado, que les hacía líderes en una sociedad violenta y cambiante como fue la nuestra en el siglo pasado.

Al frente, pero en la parte baja, está sentada una musa griega serenamente, viendo el tráfago urbano y simboliza a la historia, a la justicia y a la verdad. Y a un costado se levanta el conjunto, la Basílica menor de La Merced con sus dos torres y relojes y a su lado una institución bancaria asentada sobre el terreno y casa que a finales de la colonia una dama donó a la Virgen y por eso era conocida como La Casa de la Virgen», ocupada muchísimos años por Enriqueta Ferruzola de Baquerizo, a donde iban los domingos a pasar sus nietos. Después la casita cayó y se levantó otra igualmente de madera, adquirida por particulares, en cuyos bajos funcionó muchos años la acreditada Sastrería de Salguero.                                   

Hacia el otro costado la casa alta y de cemento del Comandante Gerónimo Avilés, donde antiguamente había una casita de madera, en cuyos bajos vivía Angelita Elizalde Luque, siempre conversona, bellísima en su juventud había sido, pero los años le habían ajado el rostro, más no su entendimiento, que siempre fue más vivo y despierto que el de común de las gentes.

Hacia General Córdova estuvo la casa del Dr. José Darío Moral, donde vivió muchos años su viuda con cierta comodidad y opulencia. En los bajos vivía hasta hace cincuenta años Carmelina Camba y Ponce que se mandaba con Angelita Elizalde, casi todas las mañanas, regalitos de mano, o «granjerias» como entonces se acostumbraba decir a esta clase de demostraciones de afecto. A veces era una fuente de naranjas peladas, en otras ocasiones unos suspiros, no faltaban tampoco los bizcochuelos, los nevados, las yemas acarameladas, en fin, largo sería contar estas granjerias porque no terminaríamos nunca.

Al lado estaba la casa de Leopoldo Izquieta Pérez, el médico famoso que fue padre para toda su familia y clubman elegantísimo que no aflojaba los guantes de color plomo, ni por las mañanas. Esa casa fue del Banco de Cooperativas y está adornada por dentro y por fuera con numerosos motivos clásicos y un exquisito mural de Pepe Manrique Izquieta donde se ve: «la mano de Dios dando al necesitado».

Así podríamos seguir con la estatua y con la plaza sin olvidar la bellísima casita de cemento, tan bien cuidada, que fuera morada de Carlos Coello Valdés y donde se vivía tan bien y luego fue local de la Bolsa de Valores. ¡Cuántos recuerdos tiene esta plaza, la estatua y todos sus entornos!