225. La Señora Pirfo

En la década de 1940 vivía en Guayaquil una aristocrática dama que tenía fama por las sátiras y burlas con que adornaba al prójimo, aunque a veces ella también salía escaldada debido a que se le atravesaban las ideas y palabras y entonces formaba inesperados incidentes y circunstancias absurdas y ridículas.

SU APODO

No voy a dar su apellido, solo diré que entre sus amistades la conocían con el sobrenombre de “La Señora Pirfo”, porque cuando el famoso boxeador Firpo llegó a Guayaquil, doña Ignacita – que así se llamaba ella, se equivocó y al saludarle y le dijo señor “Pirfo.”

GUERRA PELIGROSA

Para el 28 de mayo de 1944 los periódicos de la ciudad anunciaron con grandes titulares “Gran baleo entre Chile y Cuenca, se tomaron el cuartel de los Carabineros” que allí es donde estaba ubicado y la señora inmediatamente fue a visitar a sus amigas y vecinas las Srtas. Andrade Moscoso, cuencanas como es de suponer y les gritó: “Las felicito chicas, deben estar muy orgullosas” y como las pobrecitas no sabían de qué se trataba, le preguntaron ¿Por qué Ignacita?  – por ser cuencanas Qué país tan valiente, haberle declarado la guerra a una nación tan armada como es Chile y enseguida se retiró, dejándolas aleladas. La señora creía que de Cuenca disparaban al aire y las balas llegaban a Chile y de allá contestaban de igual forma, por aquello del gran baleo entre Chile y Cuenca.

CONFUSION GRAMATICAL

En otra ocasión le obsequiaron una caja que tenía escrito “caramelos ácidos de limón” y entonces se volteó al oferente y le dijo: ¡Qué brutos que son los gringos! Haber escrito caramelos hacidos de limón, en vez de hechos, que es como se dice . . . ¡Vaya con la confusión!

INVASION PERUANA

Durante la invasión peruana doña Ignacita estaba muy disgustada con el Director del Instituto Nacional de Higiene Dr. Leopoldo Izquieta Pérez y alguien le preguntó el motivo. Ella contestó “El tiene la culpa de que hayamos perdido esta guerra”. Uds. saben que las guerras modernas se ganan con tanques y él ha ordenado que los destruyan por viejos, dejándonos desarmados”. La verdad es que el Dr. Izquieta había ordenado la destrucción de los tanques por viejos, pero no de los tanques de guerra como ella suponía, si no los de la basura.

CONFERENCIA IMPORTANTE

En 1945 los periódicos anunciaron ¡Hoy a las diez de la mañana se inaugura la Conferencia de las Naciones Unidas en San Francisco! refiriéndose a San Francisco de California, en los Estados Unidos, pero la señora no se fijó en el detalle y enseguida se bañó, vistió con lujo y salió al boulevard, caminando de prisa. En la esquina de 9 de octubre y Chile se encontró con un caballero amigo, que le preguntó: ¿A dónde se dirige con tanto apuro? y ella contestó “A la conferencia de San Francisco” ¿No ve que soy muy amiga del Padre Fajardo? y siguió hasta la Iglesia, donde le aclararon su confusión ¡Cómo se habrán reído los Curas!

INCENDIO DECLARADO

En otra ocasión estaba asomada a la ventana junto a su esposo, muy preocupados por un incendio declarado que los bomberos estaban sofocando en la esquina. Ya habían amarrado los colchones y los tenían en fila, cerca de la escalera, para bajarlos sin pérdida de tiempo y las llamas amenazaban contaminar la casa que era vieja y de madera y por lo tanto muy combustible, así es que la situación no era para bromas. Media hora después el Primer Jefe del Cuerpo de Bomberos Aurelio Carrera Calvo tocó fajina, es decir, el toque de retirada y triunfo, de estilo cuando se terminaba el fuego y la gente aplaudía muy contenta y se dispersaba en todas direcciones. Entonces la señora se volteó a donde estaba su marido y le dijo: ” ¡Me ha vuelto el alma al cuerpo” – ¿Y por qué, Ignacita? – “¿Cómo que por qué? – ¿Qué no has visto que el Coronel Carrera me ha tocado la vagina?” El marido se quedó sin habla.

LAVARSE LA CLAVICULA

En Esos tiempos anteriores a los antibióticos, se curaban las enfermedades venéreas con lavados de permanganato a la uretra y esto lo sabía ella; uno de sus vecinos sufrió una caída y hasta se rompió la clavícula. Días después fue de visita y empezó a contar, todo adolorido, que en la clínica  le habían practicado varias curaciones con  permanganato en la clavícula  -imaginamos que para desinfectarle la herida – pero la buena señora creyó que se trataba del órgano reproductor masculino y muy airada exclamó: ¡Basta caballero, – ¡Qué es eso de hablar de cosas prohibidas delante de señoritas! y ordenó a sus sorprendidas hijas que abandonaran inmediatamente el salón, pues no debían oír ese tipo de obscenidades ….

Algunas de estas anécdotas debieron habérselas inventado, como aquella que dicen que sucedió cuando le fueron a pedir la mano de una de sus hijas y salió muy elegante a recibir en la sala; mas, en medio de la ceremonia se oyó que alguien jalaba la válvula del water mas cercano  y como era de válvula de tanque alto hacía mucho ruido; entonces, la impar doña Ignacita, para disipar la mala impresión de detalle tan indiscreto dijo alzando la voz: “Se fue, se fue para no volver” – ¿Qué se fue Ignacita? – ¡La porquería! ¿Qué no acaban de oír que alguien ha jalado la válvula? Y fue tal la hilaridad que causó con su improntus, que hasta los mas viejos y serios invitados a la ceremonia se destornillaron tanto de la risa, que muchos casi se atoraron. Así era ella de cándida pues tenía salidas para toda ocasión.

LA VACA MAS GORDA

En otra ocasión estaba invitada a una hacienda y luego del recorrido de costumbre, en que se enseñaba el potrero y el ganado a las visitas, uno de los montubios se le acercó y dijo: “Escoja de qué vaca quiere que le saque un vaso de leche para que la pruebe”. La señora se fijó en todas y eligió a la más grande y contestó. “Déme de esa negra que es la mejor por ser la más gorda” el montubio asustado, contestó: “De esa no puedo, señora, no ve que tiene cachos y es el toro”.

BANANAS SPLEET

Habíase puesto de moda una pieza musical llegada de los Estados Unidos que se llamaba “Banana Spleet” y que se bailaba con ritmo de “one step”, así es que los muchachos amigos de una de sus hijas, fueron de visita y le pidieron que tocara al piano. La chica se oponía diciendo que no tocaba bien y como le insistieran, metió su cuchareta la señora y le dijo “no te hagas de rogar y tócales las bananas a los caballeros”.

MAL DE ORINA

El esposo se quejaba un día de los dolores que le provocaba la retención de orina y tanto molestó que la señora terminó por decirle: “Aguanta con paciencia, como aguantaba nuestro santo Padre Job” y él no se quedó atrás y replicó “Pero siquiera meaba”. Porque ha de saberse que entre las siete calamidades que según la Biblia le cayeron a Job, ninguna fue el mal de orina.

Bastarían estas anécdotas, unas ciertas y otras quizá inventadas, para dar una idea de lo graciosa que ha de haber sido la señora Pirfo; como que su memoria ha llegado hasta nosotros y por eso nos reservamos para otra ocasión contar más sobre ella.