223. Vencidos, Pero Jamás Rendidos

Nicolás Infante Díaz nació en Palenque el 4 de septiembre de 1847 y fueron sus padres Nicolás Infante Bustamante y María de la Trinidad Díaz, oriunda de Portoviejo (1)

En 1856 quedó huérfano de padre y viajó a Guayaquil cojeando a causa de un lamentable accidente ocurrido en cierta ocasión que paseaba por las calles de Palenque durante unos festejos religiosos cuando una camareta de las que se utilizan para meter escándalo y asustar a los desprevenidos estalló muy cerca de su persona con tan mala suerte, que una esquirla hirió su muslo derecho. Doña María de la Trinidad, madre al fin y recelosa de los curanderos del poblado, viajó con toda su familia en busca de atención médica y se quedaron por mucho tiempo en Guayaquil  (2)

GENEROSO CON SU MAESTRO

Ni doce años de edad contaba cuando ingresó en la Escuela particular del connotado maestro chileno señor Chica, desterrado en Guayaquil a causa de sus avanzadas ideas políticas.

Entre profesor y discípulo surgió una buena amistad que pronto se vio matizada con la siguiente anécdota. Era de noche, como a eso de las 7, cuando el joven Nicolás concurrió al domicilio del pedagogo a inquirir por su estado de salud, porque ese día y a causa de un fuerte dolor, no había podido dictar clases, como era su costumbre.

(1) Hija del Coronel Pío Días, militar venezolano de figuración en nuestra independencia y  en la época floreana.

(2) Por causa de esta herida cojeaba al caminar y sus amigos le llamaban El Cojo Infante.

—Maestro Chica—saludó Infante ¿Cómo se encuentra? Bastante mal, hijito, por este cólico que no me deja en paz. El único remedio que puede aliviarme es la infusión de hojitas de ….. pero lamentablemente aquí no las hay, sino que están en el jardín de la quinta bastante lejos. – Pues yo iré por ellas, no faltaba más que Ud. sufra por tan poca cosa. Y diciendo esto abandonó el cuarto del enfermo, con dirección a la quinta.

El pobre señor Chica gritó que no fuera, que estaba muy obscuro, que era peligroso salir de noche y peor aún por esos andurriales de la quinta Roditti, sitio de maleantes y ladrones por el que nadie se atrevía a pasar de noche. Pero Infante era valiente aun desde pequeño y con sólo un farol fue a la quinta, trayendo victoriosamente el remedio, que aplicado con éxito salvó a una víctima del sufrimiento.

COMBATE LA DICTADURA CONSERVADORA

El 19 de marzo de 1869 cuando Infante contaba veinte y dos años de edad y trabajaba de   dependiente en un almacén de expendio de conservas y abarrotes, haciendo práctica comercial como era costumbre en esa época, estalló en Guayaquil una revolución contra el gobierno del Doctor Gabriel García Moreno. La acaudillaba el General José de Veintemilla y la flor y nata del talento y la virtud nacional: Vicente Piedrahita, Pedro Carbo, Eloy Alfaro, Ignacio de Veintemilla y otros más, decididos a no permitir que García Moreno se saliera con la suya.

Infante tenía pocos años pero gran carácter. Cerró el almacén y condujo a los dependientes al Cuartel de Astillería, donde atacó con brío a la escasa guarnición que apoyaba al General Secundino Darquea. La lucha fue corta y favoreció a los revolucionarios que apresaron a Darquea y cuando se creían victoriosos fueron arremetidos por fuerzas  leales del gobierno. Durante el tiroteo el intrépido General José de Veintemilla impartía órdenes desde el primer piso y viendo el peligro que corría el prisionero Darquea, de morir a causa de una bala perdida, ordenó que lo cambiaran al interior; asomándose al mismo tiempo a la ventana para ver mejor el combate, circunstancia que aprovechó un franco tirador para dispararle, aunque otros han opinado que el tiro salió del interior disparado por el Capitán José Manosalvas  que custodiaba al prisionero.

Al momento de su muerte estaba de uniforme de gala, espadín de empuñadura de oro, galones y condecoraciones y hacía como es lógico suponer – un perfecto blanco a cualquier enemigo, de afuera o dentro.

El cuartel de artillería quedaba frente a la plaza de San Francisco y los gobiernistas atacaban desde la bocacalle de 9 de Octubre. Infante resistió hasta el final, cuando ya no quedaban defensores del cuartel, porque todos, al conocer la muerte de Veintemilla, huyeron atropelladamente.

— ¡Ríndanse! les intimó un teniente leal al régimen, desde la mitad de la cuadra, e Infante contestó con voz de tueno: «Vencidos, pero jamás rendidos», frase que resultó profética y que fue su lema de por vida.

Después cayeron los valientes y aguerridos revolucionarios en poder de los leales y algunos fueron fusilados. Infante salvó su pellejo a cambio de una fianza de diez mil sucres que depositó su madre. Quizá no fue fusilado en esa ocasión porque lo creyeron muy joven, pero este perdón no lo amilanó, le dio mayores ánimos para la lucha y así se lo dijo a su madre, que no sabía qué hacer con él.

VIAJA AL EXTERIOR Y ESTUDIA IDIOMAS

-Ándate a Europa, Nicolás,no seas malo, me estás matando!.

Bien sabía la viuda que si no sacaba a su hijo del país pronto volvería a las andadas y se metería de nuevo en revoluciones. Infante, despechado por el fracaso, el primero de su vida, aceptó el viaje.

Su recorrido fue largo, fructífero y duró dos años y medio. En  1872 estaba de regreso con muchos libros, un mayor cúmulo de ideas y el ferviente deseo de atacar al gobierno. También venía hablando inglés y francés.

Deseaba actuar y aprovechaba cualquier detalle para hacerlo. El 19 de Octubre de 1873 Federico Proaño y Miguel Valverde, bajo los auspicios económicos de Juan Bautista Rolando Chico y Tomás Gagliardo, fundaron un periodiquito de formato malucho pero de tremendo poder combativo al que denominaron «La Nueva Era».

La gaceta adquirió fama y sirvió para que los jóvenes rasparan sus plumas tintas en patriotismo y pidieran libertades. Proaño y Valverde terminaron expulsados del territorio nacional por la vía del río Napo y luego de un viaje de más de tres meses llegaron flaquísimos e  irreconocibles a Lima.

Infante tuvo que esconderse en Palenque para no caer prisionero y sufrir igual tortura. En la redacción de «La Nueva Era» se había dado a conocer como escritor fino y culto, de principios democráticos y liberales. Ya era amigo de Montalvo y de Alfaro; con ambos había tenido oportunidad de intercambiar cartas. Recibió de ellos una calurosa felicitación. Sólo contaba veinte y siete años.

JEFE SUPREMO DEL PARTIDO LIBERAL (1875)

El 6 de agosto de ese año murió en la plaza de la Independencia tras ser lanzado del pretil del Palacio Presidencial en Quito el Doctor Gabriel García Moreno y una nueva era se inauguró en el Ecuador. Poco después se realizaron las elecciones presidenciales y triunfó el Doctor Antonio Borrero Cortázar, hombre culto pero terco como quizá nadie lo ha sido en la historia patria; tenía una memoria pésima para recordar los favores recibidos de sus amigos durante el garcianismo y a ninguno retribuyó cuando pudo hacerlo, durante los escasos meses que presidió el país.

Por eso es que Borrero salió despedido del Palacio pero antes, un poco antes que el General Ignacio de Veintemilla triunfara con la revolución liberal del 8 de septiembre de 1876, hubo otra, que fracasó, acaudillada por Eloy Alfaro.

El 2 de mayo de ese año algunos políticos fraguaron un golpe de estado en Guayaquil, encomendando a Infante la Jefatura Suprema del Partido. El motín fue develado y el novel Jefe Supremo Nicolás Infante tuvo que correr al edificio de la legación francesa, donde pidió asilo para evitar un seguro fusilamiento. El 28 de mayo salía con destino al Callao, desterrado y sin esperanzas, pero en esta nueva ocasión le acompañaría la suerte pues en septiembre se produjo el tan ansiado cambio político y de nuevo ingresó a la política.

LUCHA CONTRA VEINTEMILLA Y CAAMAÑO

En 1880 Infante se desilusionó de Veintemilla porque en lugar de encauzar al país por senderos de rectitud y democracia, únicamente se ocupaba de su persona, cometiendo excesos de toda índole. Muchos liberales se oponían a este nuevo tirano y pagaban las consecuencias sufriendo duros castigos. Miguel Valverde fue apaleado en prisión. Eloy Alfaro padeció dos días de tortura en el infiernillo de un cuartel, Federico Proaño fue expulsado.

Infante sufrió pena de confinamiento en las haciendas de su anciana madre en Palenque y de esa época fueron sus amores con una jovencita de esas regiones cuyo segundo apellido es Díaz y con quien le unía un estrechísimo vínculo familiar. Era su media hermana. Dicen los cronistas del lugar que se quisieron con pasión y a tanto llegó ese amor que fue la causa principal de que lo apresaran en 1885 ¡Ya veremos cómo!

En 1884 el Ecuador tenía nuevo presidente; esta vez le tocó el turno a Plácido Caamaño, abogado de gran inteligencia y habilidad asombrosa, que no escatimaba detalle para escalar y conservar posiciones, y que habiendo comenzado su vida como liberal una vez de Presidente acostumbraba salir los Viernes Santos en Quito cargando una pesada cruz. A extremos tan piadosos solo habíamos llegado con García Moreno.

Y contra este presidente también se alzó Infante el 23 de noviembre de 1884. Ya Esmeraldas y Manabí estaban en armas. Los detalles de la revolución de los Chapulos y el fusilamiento del héroe están reseñados en otro lugar y los pasaré por alto. Veamos cuáles fueron los últimos sucesos de este movimiento armado en la provincia de Los Ríos, que por raros son casi desconocidos.

NUEVOS ALZAMIENTOS CHAPULOS

Los compañeros de Infante que cayeron en Palenque fueron enviados a Guayaquil donde sufrieron graves torturas. Infante fue apresado después de la derrota de Piscano, por demorar su canoa en la huida, esperando a la que conducía a su amada  ¡Así cayó el héroe!

En 1886 el Comandante Alfredo González, uno de sus más leales guerrilleros quiso vengarlo asesinando a Caamaño en Yaguachi; pero no pudo cumplir sus deseos porque el Presidente huyó despavorido, en ropa de cama y lanzandose al río en la obscuridad de la noche. Largas horas permaneció escondido el asustado presidente Caamaño, esperando la muerte o una pulmonía, pero nada de esto ocurrió, porque habiendo sido rescatado y sometido a un tratamiento de fricciones con alcohol y tragos de coñac que le devolvieron el alma al cuerpo, ya frío y entumecido por los estragos de la peligrosa aventura en vigilia obligada.

González, perseguido de cerca por agentes del régimen, pasó a la provincia de Los Ríos y tuvo varios encuentros en «Pise» y «El Cauje» hasta que un sujeto llamado Jacinto León, de apodo «El Pirata», lo victimó a traición en Palenque; semanas después varios guerrilleros vengaron a González matando al «Pirata».

Con la desaparición del intrépido González su grupo se redujo a treinta hombres que se agruparon en Quevedo, donde fueron atacados el 8 de abril de 1886 por fuerzas del gobierno y aunque al principio Los Chapulos – así se llamaban los revolucionarios – los hicieron huir, reagrupados en el sitio llamado «El Atascoso», volvieron los gobiernistas en mayor número y lograron disolver la guerrilla de los revolucionarios que escapó al norte, donde aún combatían Ruiz Sandoval y Crispín Cerezo.

Otra parte de los Chapulos al mando del Comandante Manuel de Jesús Luna, dio muerte al Mayor Vásquez y a dos oficiales que huían heridos de Quevedo, por la zona de Pichilingue. Estas muertes fueron vengadas más tarde, después de la derrota chapula en «El Atascoso» y Luna fue fusilado por orden del gobierno en el centro del actual parque municipal de Vinces que en esos días era solamente un despampado, justamente donde hoy se levanta la estatua del Dr. Lorenzo Rufo Peña León.

Con este hecho de sangre volvió la tranquilidad a esa zona, pero el resto de la provincia siguió amagada por  grupos de insurrectos muchos meses más.