221. El Combate Naval de Jaramijó

Después de la elección presidencial del doctor Plácido Caamaño y Gómez Cornejo ocurrida en 1884, el entonces joven Partido Liberal se situó en la oposición porque consideraban sus dirigentes que no era justo que el Ecuador siguiera apartado de las corrientes de pensamiento político liberal que conmovían al mundo, encauzando a las naciones por senderos de libertad y progreso.

Entonces Alfaro viajó a Panamá y preparó la revolución. En agosto compró el buque mercante «Alajuela», haciendo aparecer como propietario a la casa comercial «Duque Hermanos». Federico Proaño finiquitó el negocio en Corinto (Costa Rica) pagando la suma de veinticinco mil pesos en una carta de crédito aceptada por el entonces Presidente de El Salvador General Rafael Zaldívar y diez mil pesos al contado.

Inmediatamente Alfaro escribió al Ecuador solicitando el concurso de numerosos patriotas y recibió únicamente ofertas. El entonces próspero comerciante esmeraldeño avecinado en Guayaquil, Luis Vargas Torres, vendió la parte que le correspondía como socio de la empresa «Avellaneda y Vargas Torres» en siete mil pesos, los juntó a un dinero que la Asamblea Constituyente le había abonado por sueldos de la campaña de 1883 contra el gobierno dictorial de Veintemilla y lo entregó al viejo luchador, más un crédito personal por siete mil pesos contra el industrial ibarreño establecido en Milagro Rafael Valdez y Cervantes. Fue la única ayuda proveniente del país que recibió Alfaro en esa época y después de entregarlo todo Vargas Torres pasó a una decorosa pobreza.

COMPRA LAS ARMAS PARA MORIR PELEANDO

Por eso días una banda de revoltosos comandados por el General Benjamín Ruiz tomó el buque «Alajuela» con ánimo de utilizarlo contra el gobierno del General Cervera, pero fueron obligados a devolverlo aunque en tan malas condiciones que se necesitó vararlo en la ensenada de Taboga y someterlo a una prolija labor de reparación, no muy efectiva, ya que sólo le dio un andar de siete nudos por hora, que no es mucho. Los fusiles «Remington» se adquirieron bajo la garantía de los comerciantes istmeños Vallarino y Zubieta, también se logró un crédito de dieciséis mil pesos adicionales de la Casa bancaria Brandon, que exigió un contrato de préstamo por el doble de la cantidad mutuada, para ser cubierto en el momento de pisar tierras manabitas un sesenta or ciento y el resto al conquistar Guayaquil. Hubo que dejar como prenda mil fusiles que se habían destinado para apoyar a los liberales exiliados en el sur de Colombia y que pensaban invadir las provincias de Carchi y de Imbabura, en afán de debilitar al gobierno abriéndole dos frentes.

El buque necesitaba piezas de artillería para entrar en combate y también se consiguieron tras numerosos intentos, a crédito y con optimismo.

Mientras tanto el Cónsul del Ecuador en Panamá señor Orfila, daba parte al gobierno de los ajetreos de los revolucionarios liberales, indicando que Roberto y Gumersindo Sepúlveda andaban en los preparativos de una invasión a las costas ecuatorianas, aunque sin precisar detalles. Fue necesario adelantar la partida porque la cancillería presentó una formal protesta ante el gobierno colombiano, solicitando la prisión de los exilados en Panamá.

A TODA MARCHA. DESTINO: ECUADOR

Era las 10 de la noche del sábado 14 de Noviembre de 1884 cuando el viejo «Alajuela», rebautizado con el nombre de «Pichincha», inició su gloriosa marcha. El 15 recogió Alfaro al Comandante Andrés Marín y a diez compañeros que lo esperaban en alta mar.

En el país ya todos sabían del viaje. El presidente Caamaño estaba en Guayaquil decididos a enfrentarse con Alfaro y su gente, declarados piratas por el encargado del Poder Ejecutivo, General Agustín Guerrero Lizarzaburo.

Frente al puerto estaba anclado el antiguo buque de guerra  «Santa Lucía» rebautizado después de la caída de Veintemilla con el nombre de «Nueve de Julio» y se ordenó que eleve anclas y conduzca a la tropa veterana a Manabí donde era necesario reforzar los cuarteles. Nicolás Infante se alzó en Palenque y Manuel Antonio Franco en Esmeraldas, ambos proclamaron la Jefatura Suprema del General Alfaro. Ambato, Daule, Latacunga, Vinces, Balzar, Tulcán siguieron el ejemplo de Esmeraldas y Palenque, pero Caamaño no era ningún pintado en la pared y devolvía golpe por golpe, sin perder terreno, implacable, sagaz, temible.

El PRIMER ENCUENTRO

El 17 de Noviembre los barcos del gobierno (El Sucre y El Nueve de Julio) rebasaron la línea equinoccial y patrullaban separadamente las costas de Manabí y Esmeraldas en espera del Alajuela, que venía confiadamente a un encuentro fatal por la disparidad de fuerzas. El 20 fue divisado el Alajuela por Nicolás Bayona, Capitán del Nueve de Julio, que oteaba el horizonte con potentes larga vistas. Como la nave del gobierno desarrollaba diez nudos por hora y la de Alfaro sólo siete, pronto estuvieron muy próximas, circunstancia que fue aprovechada por los liberales que, de perseguidos, dando una vuelta en redondo, se tornaron en perseguidores, tratando de embestir a la nave del gobierno con la proa, aun con riesgo de que ambas embarcaciones se fueran a pique.

La medida era valiente aunque desesperada y se repitió por Cuatro ocasiones. Bayona, como táctica de combate, esquivaba en cada oportunidad la embestida, permitiendo que el Alajuela pasara rozando al Nueve de Julio y tratando a continuación de hundirlo a cañonazos. El fuego era graneado en ambos bandos. En el Atajuela se encasquilló la ametralladora y sólo se oían el disparo de los fusiles Remington. Dos horas después Bayona se retiró con dirección a Guayaquil permitiendo que Alfaro arribara victorioso a Tumaco, donde fue aclamado.

Se había vencido el primer obstáculo, ya estaban los revolucionarios en tierra firme donde pudieron reparar el casco de la nave que estaba averiado y comprar seis toneladas de carbón con lo que el 23 fondearon en Esmeraldas y se aprovisionaron de comestibles.

ALFARO ACLAMADO EN MANABI

Veinticuatro horas después los revolucionarios partían de Esmeraldas y el 26 estaban en el estuario del Río en Bahía de Caráquez. Con algunos jinetes Alfaro envió armas al Coronel Centeno, antiguo partidario suyo que operaba en la zona de Charapotó, con otros rebeldes. Con esa ayuda Centeno entró en Charapotó tras vencer la resistencia que le oponía el Comandante Elías Castello, que había llegado de Portoviejo con gente armada; en la refriega murió Castello y se incendiaron treinta y tres casas de la población cuando los vencidos les prendieron fuego antes de abandonarla en manos de las fuerzas liberales de ocupación.

Cuatro días demoró Alfaro en avanzar sobre Portoviejo, tiempo suficiente que aprovechó el Coronel César Guedes, jefe militar de la Provincia, para levantar barricadas y abrir fosos de defensa. El 1 de Diciembre se inició la famosa carga liberal sobre la capital; cuatrocientos arrojados civiles improvisados en militares, contra dos regimientos de línea debidamente armados y parapetados.

El combate adquirió por momento características épicas pocas veces igualadas en la historia nacional. La alfareada atacó a las ocho de la mañana, de frente, con el pecho descubierto, gritando ensordecedoramente y llevando bien en alto el pendón rojo del Partido Liberal; una hora después treinta y seis cadáveres liberales mostraban lo infructuoso de la jornada, catorce muertos experimentaron los gobiernistas y siguieron dueños de la población.

LA GRAN BATALLA NAVAL

Como la situación cada vez se complicaba más para el gobierno, Caamaño decidió terminar de una vez por todas con la insurrección, reuniendo la mayor armada jamás vista en el País para oponerse al heroico Alajuela. Primero designó jefe a su cuñado el Coronel Reinaldo Flores Jijón y le entregó el mando de los siguientes buques: El Nuevo de Julio, el Mary Rose, el Sucre, el Huacho y el Victoria, además de tres vapores menores que con el carácter de naves auxiliares convoyaban las mayores.

Reinaldo Flores preparó su plan de acción. Cerca de Manta fue avisado por Guedes del infructuoso intento liberal en Portoviejo y ya más tranquilo y sabiendo que la situación en tierra se encontraba dominada cobró ánimo y prosiguió su marcha con el «Nueve de Julio» hacia Bahía de Caráquez donde fondeó y esperó tranquilamente los acontecimientos; pero un cañonazo indicó que la ciudad estaba en manos de los rebeldes y poco después observó con sorpresa que el «Alajuela» se hallaba en puerto, circunstancias por demás propicia porque dicha nave no podría salir de Bahía sino con marea llena, ya que con la baja tocaría fondo y encallaría. ¡Alfaro estaba encerrado!

Como las naves menores de su flota se habían quedado retrasadas por su escaso andar, Reinaldo Flores decidió ir a inspeccionarlas para regresar a las cinco de la tarde a Bahía de Caráquez, hora en que las aguas de la alta marea podían facilitar la salida del «Alajuela»,. Alfaro lo recibió con dos cañonazos y a las nueve de la noche, pasado el peligro de fuga. Flores salió a buscar su flota, porque no se decidió a atacar Bahía, regresando en la madrugada del 5 de Diciembre de 1884; sólo que minutos antes de arribar, el «Alajuela» había partido con setenta y dos valientes e inexpertos liberales en busca de aventuras, decididos como estaban a abordar cualquier nave enemiga, protegidos por la obscuridad.

Las naves no se toparon en el camino porque Alfaro prefirió ir costeando y Flores gustaba abrirse a la alta mar como medida de precaución. Así pues, mientras los gobiernistas montaban guardia frente a Bahía, el «Alajuela» enrumbaba a la ensenada de Jaramijó huyendo, más la suerte quiso que se topara con el vapor «Huacho» de la armada del gobierno, que estaba fondeado frente a dichas playas, esperando que pasara la noche para reunirse con el «Nueve de Julio».

Era más de las doce cuando el «Alajuela» abordó al «Huacho» con una hábil maniobra náutica del Comandante Andrés Marín, que hizo que ambas naves rozaran un instante, aprovechando para unirlas. Alfaro disparó en persona un cañonazo y se lanzó con los suyos a la nave enemiga; los gobiernistas huían en todas direcciones, unos se arrojaban al mar, otros se entregaban prisioneros, los más oponían resistencia. Su Comandante Froilán Muñoz murió peleando y esto aumentó la confusión de los suyos. Por último, uno de los tres vaporcitos auxiliares que convoyaba al «Huacho», en lugar de prestar apoyo emprendió una vergonzosa fuga a Manta, a avisar a los demás.            

El «Huacho» fue incendiado y puesto a pique. Flores Jijón oyó el ruido de la batalla y ordenó marchar a toda máquina contra el intrépido «Alajuela» topando en el camino con el vaporcito auxiliar, increpó a la tripulación por su cobardía y continuó la marcha con ellos, mientras Alfaro saboreaba la victoria. De pronto el Comandante Marín le avisó de la proximidad del enemigo, se ordenó una concentración en el «Alajuela» y se preparó la nave que aún medio incendiada en la popa, estaba en posibilidad de oponer resistencia.

ULTIMA HAZAÑA DEL ALAJUELA

Entonces Alfaro decidió embestir al enemigo pero éste lo esquivó varias veces. De ambas partes se hacía fuego graneado, Los liberales perdieron al Comandante Andrés Marín y Gracia a causa de un disparo de fusil que le partió el cráneo. La situación se tornó desesperada, el «Alajuela» era impotente para abordar al «Nueve de Julio» como lo acababa de hacer con el «Huacho» y no podía seguir atacando porque el fuego de popa había tomado cuerpo y amenazaba la nave. ¿Qué hacer? No podía abordar ni tampoco huir, sólo quedaba hundir la nave en la playa de Jaramijó. Así se hizo no sin antes recoger a una veintena de alfaristas que aún seguían en el «Huacho».

Eran las tres de la mañana del día seis de Diciembre de 1884 cuando Alfaro y los suyos se arrojaron al agua y nadaron desesperadamente en busca de una nueva oportunidad; pero antes, cuando ya todo estaba perdido, frente a las llamas de su propia nave y oyendo el silbido de las balas enemigas, el viejo luchador tomó el cuerpo del Comandante Andrés Marín y lo arrojó al mar.

En la playa y como loco gritó con toda las fuerzas de sus pulmones: ¡Viva la Patria! y unas mujeres curiosas del pueblo de Crucita que no comprendían lo épico de la jornada, al verlo, exclamaron: ¡Pobrecito, está loco! y se echaron a llorar, pero ilfrido Loor en su biografía de Alfaro asegura que estaba borracho.

Reinaldo Flores no persiguió a los fugitivos pretextando que no tenía lanchas para ello. Alfaro y su gente se internaron por la selva y allí vagaron casi tres semanas hasta que se reunieron con Vargas Torres que permanecía en Esmeraldas y el 17 de Febrero de 1885 se embarcaron en Tumaco con destino a Panamá, para seguir conspirando ¡Once años más le faltaba para entrar triunfante en Guayaquil!