22. La Real Familia Duchicelas de Yaruquíes

Como toda familia real y más aún si es Imperial y real al mismo tiempo, los Duchicela de Yaruquíes son orgullosos de su ancestro que según la genealogía que ellos han podido conservar, arranca de Atahualpa y de la princesa llamada Cori Duchicela, que tenía su domicilio en la antigua población de Cacha, hoy provincia del Chimborazo.

De esta unión no legítima, porque los Incas estaban obligados a casarse solamente entre hermanos, nació el Príncipe Inca Rocca, que pasó oscuramente su vida en el interior de la fortaleza de Cacha, después del hundimiento del Imperio y de la muerte de su padre. Sin embargo el pueblo de esta remota localidad lo reconoció como heredero de los derechos de mando y gobierno y le dio el título de Shiry Duchicela XVIII, por ser éste el número que le correspondió en la genealogía de sus antepasados, Poco o casi nada se conoce del Inca Rocca, solamente que recibió el bautizo con el nombre de don Fernando y que los ambiciosos capitanes españoles, creyéndole poseedor del secreto de los tesoros del Inca, querían apresarlo para darle tormento y obligarle a confesar; por esos sus fieles vasallos vivían escondiéndole por los contornos, hasta que terminó por fijar su domicilio en la cercana población de Yaruquíes, donde nada indicaba su origen real.

Así fue como este hijo de Atahualpa, para sobrevivir en su desgracia tuvo que dedicarse a la agricultura como el resto de su gente y aunque su residencia vivía permanentemente custodiada desde los cerros (todavía se observan una serie de graderías y atalayas construidas con dicho fin) la intranquilidad y la zozobra fueron sus constantes compañeras. Entre sus descendientes, en cambio, superados los peligros de las primeras etapas de la conquista, reinó la paz y la tranquilidad, como que nunca molestaron a los nuevos señores de la tierra ni hicieron valer derechos de propiedad sobre esas heredades.

A Rocca le sucedió su hijo Chasca y de allí en adelante la genealogía se vuelve tribal, es decir, que saltándose varias generaciones por falta de documentos, se conserva la filiación por varonía o tronco que es lo que interesa recordar. Así las cosas, a fines del siglo XIX vivía en Yaruquíes doña Tomasa Duchicela, hija de una Margarita, que fue propietaria en esa población y nieta de otra Margarita que vivió para la independencia y estaba cercanamente emparentada con los Lobato Duchicela que probaron ante la Audiencia de Quito su noble ascendencia indígena de Caciques principales.

Esa Tomasa fue madre de Huaraca Luis Felipe Duchicela, XXVI de su genealogía, (según estudios realizados por su hijo Huaraca Luis) a quien conocí mucho por a principio de los años cincuenta cuando él vivía en Guayaquil dedicado a la enseñanza y un día tuvo la amabilidad de perder algunos minutos conmigo, que era chico de no más de once años, enseñándome el saludo imperial con dos dedos de la mano derecha y las insignias reales de su dignidad: el Llauto Imperial que se había mandado a fabricar con lana de vicuña o de alpaca teñida de rojo con borla y todo lo demás y un bastón de mando bastante  adornado para sostenerlo con la mano izquierda.

Don Huaraca Luis era obeso y trigueño, indio puro parecía, bajito y muy hablantín, con la inteligencia propia de quién sabe que vale y está orgulloso de ello. Muy orondo firmaba con las tres plumas y aunque no faltaban los ignaros que se sonreían a su paso, él no les hacia caso y hacía bien, que no hizo Dios el bizcochuelo para la jeta del burro, como dice el refrán.

También don Huaraca Luis se las tenía en algo con la iglesia por aquello de la injusta y hasta criminal muerte de Atahualpa y por eso le puso a su primogénito el nombre de Calvino, que luego se cambió a Calvin, Este primogénito llamado Luis Felipe Calvino Huaraca Duchicela XXVII Ramírez, nació en Guayaquil el 19 de Septiembre de 1925, se educó en los colegios Cristóbal Colón y Vicente Rocafuerte y aunque siguió estudios en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil, prefirió la rama de contador y se graduó en el Colegio Municipal Andrés Matheus. En 1946 trabajó en la Compañía Bananera del Ecuador y en 1950 contrajo matrimonio con Olga Isabel Santa Cruz. Para 1965 se trasladó a Costa Rica y en 1970 a Panamá como asistente de Contralor de la Chiriqui Land Co., puesto que seguía desempeñando con general beneplácito hasta que una afección lo obligó a viajar a Galveston donde se trató infructuosamente de cáncer, falleciendo de cincuenta y nueve años de edad. De su matrimonio ha dejado a Luis Felipe, Jorge, Francisco, Carlos, Olga y Delia Duchicela y Santa Cruz, XXVIII en la genealogía de su familia, quienes tienen diferentes carreras profesionales.

Y si alguna vez lector amigo, pasas por la ingenua y dormida población de Yaruquíes, detén tu marcha y pide que te enseñen la casa real de los Duchicela, que aún se encuentra en perfecto estado de conservación a pesar de sus años de existencia y está en una de las más hermosas esquinas del poblado. Entra en ella con el respeto propio que se le debe a las cosas nobles y auténticas del pasado; allí encontrarás una glorieta, sus interiores pobres pero limpios y muy bien ventilados, aromados de eucaliptos, bajarás las gradas circulares y entrarás al patio empedrado que lleva a las caballerizas antiguas y a dos huertos con árboles frutales y hermosas flores.  ¡Entonces sentirás que ha vuelto el pasado: la colonia!