219. Las Angustias De Caamaño

El 9 de Julio de 1.883 el ejército combinado «Restaurador y Regenerador», compuesto por liberales de Alfaro y conservadores de Sarasti, entró en Guayaquil tras derrotar a las fuerzas leales al dictador Veintemilla, que se había embarcado con destino al sur, no sin antes cobrar una considerable suma de dinero en el Banco del Ecuador, cuyo edificio hizo cercar por soldados. Ultimo escándalo de un régimen desastroso para el país. Veintemilla, mal presidente, se reveló buen cobrador ¡Así es la vida!

En esas circunstancias Guayaquil estaba sin gobierno pues las autoridades del fenecido régimen se habían ocultado o exilado y los vencedores convocaron a un plebiscito popular que dio por resultado la elección dePedro Carbo para Jefe Supremo de la Provincia del Guayas, ocurriendo el trágico suceso que por esos días existieran tres gobiernos autónomos en el Ecuador, a saber: 1) El Liberal de Alfaro con jurisdicción en Manabí y Esmeraldas. 2) El Pentavirato de Quito, de filiación conservadora, compuesto por el General Agustín Guerrero Lizarzaburo, el doctor Luis Cordero Crespo, los señores Plácido Caamaño Gómez – Cornejo y Pedro Carbo Noboa, presidiéndolo el General José María Sarasti Guevara y 3) El de Pedro Carbo en Guayas.

Acto continuo los tres gobiernos seccionales convocaron por unanimidad a una Asamblea Constituyente que debería reunirse en Quito. Los Partidos políticos lanzaron sus candidatos triunfando la izquierda en la costa y la derecha en la sierra. El 11 de Octubre de 1.883 se reunieron los asambleístas y entre los conservadores surgieron dos precandidatos a la presidencia interina de la República: los doctores Rafael Pérez Pareja y Plácido Caamaño que prácticamente era una figura desconocida en la vida política nacional.

PERSONALIDAD DE CAAMAÑO

Hijo de padres pudientes y de limpios antecedentes, su primera actuación pública había ocurrido meses antes durante la revolución armada contra Veintemilla y por ella logró que se le considere para formar el gobierno de cinco miembros que se instauró en la capital a raíz de la derrota y fuga del tirano. En efecto, a principios de 1.883 se trasladó a Naranjal donde su familia poseía la hacienda Tenguel, armó una columna de trabajadores agrícolas a los que adiestró para el combate y pasando muchas penurias burló la vigilancia naval de Veintemilla, desde Puerto Bolívar a Yaguachi; días después llegó a Mapasingue, engrosó la División conservadora del Ejército Restaurador y se colocó bajo la protección del General José María Sarasti, a quien conquistó con su trato fino y cordial.

Sus primeras entrevistas con Alfaro fueron desagradables porque quería a toda costa obligarlo a que adelantara el ataque a Guayaquil con intención de sacar provecho de tan cruento sacrificio. Alfaro sabía que los veintemillistas se encontraban parapetados en los cerros Santa Ana y el Carmen, a lo largo del cementerio, el hospicio y el Estero Salado (desde la actual Urdesa hasta el punto denominado Puerto Liza) por eso no aceptó la oferta de Caamaño, dudó y al fin se dio cuenta de su intención, reaccionando con serenidad, lógica y firmeza. Alfaro no era cándido como para dejarse manejar tan fácilmente. El ataque a Guayaquil se realizaría en forma conjunta; los liberales por el Estero Salado tras vencer la resistencia del vapor «Huacho» que lo patrullaba. Los conservadores de frente por Mapasingue, trepando los cerros y cayendo sobre el puerto por el norte.

En el campamento de Mapasingue Caamaño dejó conocer por primera vez sus rasgos de carácter: astucia, sangre fría. calculo, trabajo y audacia. El Partido Conservador comenzó a fijarse en su persona como posible precandidato a la presidencia Interina de la República, aunque sus actuaciones no lo justificaban para ocupar tan alta dignidad. Por esa época se comentaba en calles y plazas que la vida privada de Caamaño no había sido un ejemplo de probidad y que hasta su propio padre José María Caamaño Arteta había tenido que reprimirlo en público por «petardista, libertino y estafador», como afirma el historiador Roberto Andrade: «Caamaño desde mucho tiempo atrástenia celebridad en Guayaquil por truhán y aventurero».

También tenía virtudes superiores. Era hombre de acción por sobre todas las cosas, provisto de una recia personalidad sin inhibiciones ni escrúpulos; por ello, en más de una ocasión cometerá todo tipo de desmanes sin importarle la opinión pública, llevado por el deseo de establecer el orden interno. En este aspecto opinamos que Caamaño igualó a García Moreno.

Su mayor defecto consistió en el nepotismo absoluto que impuso desde la presidencia de la República. Fue fundador y jefe indiscutible de esa formidable trinca político – familiar que el pueblo y los Diarios guayaquileños bautizaron con el nombre de «La Argolla». Logró con gran inteligencia y tacto unificar intereses económicos tan contradictorios como los de la sierra y la costa, merced a ventajosas uniones de familias.

A su alrededor giraban en Guayaquil los Márquez de la Plata, Stagg, Aguirre, García, etc., y en Quito los Flores, Gangotena, Jijón, etc. era todo un carácter; pero un carácter egoísta y por lo mismo perjudicial para el desenvolvimiento político democrático de Ecuador.

PRECANDIDATURA A LA PRESIDENCIA

Naturalmente su precandidatura a la Presidencia Interina de la República lanzada por dos jóvenes guayaquileños medio en burla y medio en serio, despertó grandes polémicas. Unos la apoyaban incondicionalmente y otros sólo atinaban a admirarse, levantando las manos al cielo en señal de asombro y estupor. Esa falta de unanimdad indujo a los conservadores a la duda, como gentes de intereses más que de principios primaba entre ellos el sentido común de elegir siempre al más capaz para defender los grupos, a los que mejor conserven la nación, etc. Pero todas las dudas quedaron disipadas por obra y gracia del doctor Camilo Ponce Ortiz; quien, en proféticas frases, insistió en la necesidad de no elegir a un hombre de bien, puesto que en el estado político de Ecuador en ese año – 1.883 -convulsionado por amagos de revolución y anarquía, con tres gobiernos distintos, un hombre de bien no era el más apropiado, necesitándose por el contrario de individuos maquiavélicos y capaces de cualquier exceso con tal de conseguir sus fines y enrumbar al país para evitar el triunfo de las reformas liberales de Alfaro que se venían a pasos agigantados.

El argumento fue lógico pero no logró convencer a todos los miembros del bloque Azul por lo que sometidas a votación las precandidaturas de Plácido Caamaño y Rafael Pérez Pareja, resultaron empatadas y llevado el asunto a la suerte, depositaron dos papeletas dentro de un sombrero de copa y un niño sacó la ganadora que resultó ser la que contenía el nombre de Caamaño, entonces el vencido aceptó la derrota, ofreció sus votos para mantener la unidad del partido conservador en el seno de la Asamblea Constituyente y lograr la mayoría necesaria. El 11 de octubre de 1.883 se designó a Caamaño Presidente Provisional y el 7 de febrero del año siguiente asumió la Presidencia Constitucional de la República por mayoría de votos en la Asamblea, para gobernar el período comprendido entre 1.884 y 1.888.

Con anterioridad los conservadores también habían captado las demás dignidades de la Asamblea eligiendo al General Francisco Xavier Salazar para ocupar la Presidencia y a Ramón Borrero Cortázar y Antonio Flores Jijón para las vicepresidencias. La elección definitiva de Caamaño a la Presidencia rompió los fuegos entre liberales y conservadores, retirándose el bando vencido del recinto legislativo en franca demostración de oposición, pues que habiendo combatido ambos partidos a la dictadura de Veintemilla, justo era que se tome en consideración a todos los sectores de opinión para la conformación del futuro administrativo del país, lo que no sucedió por la desmedida ambición del Partido Conservador que ocupó todas las dignidades públicas ¡Habían ganado la batalla inicial!

Caamaño designó gabinete en la persona de sus coidearios: Para el Ministerio de Guerra y Marina a su anterior jefe militar General José María Sarasti; para el Ministerio del Interior y Relaciones Exteriores a José Modesto Espinosa Espinosa; y para el de Hacienda y Crédito Público al doctor Vicente Lucio Salazar y Cabal.

SE CUMPLE LA PROFECIA

I tal como lo había predicho Camilo Ponce Ortiz el nuevo Presidente demostró ser hombre de grandes recursos, superando las terribles circunstancias que se le presentaron a lo largo de la administración. Los cuatro años de su gobierno fueron amagados por la creciente revolución liberal de Alfaro y Vargas Torres que alborotaron las Provincias de Manabí y Esmeraldas; Alfaro se cubrió de gloria a bordo del vapor «Alajuela» bautizado con el nombre de «Pichincha» en aguas de Manabí y contando con la destreza del Mayor Sepúlveda y del Capitán Andrés Marín – ambos muertos en la acción – abordó la nave de guerra «Huacho» haciendo un número de prisioneros que superaba tres veces el de los soldados que comandaba y viéndose envuelto por la flotilla de naves enviada desde Guayaquil para apresarlo, prefirió hundir al Pichincha y en acto de heroísmo se lanzó al agua y escapó de morir ahogado casi de milagro, perdiéndose en las selvas hasta salir a Colombia. Por este género de aventuras su fama creció en lo internacional, mientras Nicolás Infante tomaba Palenque y los Húsares de Chapulo se cubrían de gloria en Vinces.  Crispín Cerezo murió heroicamente en Quinindé. Infante fue fusilado en Palenque por la tropa de Secundino Darquea. El General mexicano Ruiz Sandoval mantuvo la bandera de la insurgencia liberal desde las playas de Colonche hasta Santo Domingo. Amador Viteri murió ajusticiado en Guayaquil frente al Batallón de Infantería de línea, pero antes de morir apostrofó a sus enemigos. Vargas Torres sufriría la pena de fusilamiento en Cuenca. La república estaba en plena vorágine.

SALVADO POR UN PELO

I donde con mayor fuerza resultaron proféticas las palabras del doctor Ponce fue con ocasión de la visita que efectuara Su Excelencia a la tranquila urbe de Yaguachi el día 6 de febrero de 1.886, a fin de inspeccionar los trabajos de colocación de las durmientes del ferrocarril Guayaquil – Quito, cuyo tramo inauguraría con toda la pompa requerida.

Ese día la estrella de su fortuna le amaneció opaca pues al arribar el tren – expreso a san Jacinto de Yaguachi recibió una escasa y pobre recepción ¡Qué digo? la comitiva sufrió una sonora abucheada y hubo que tomar precauciones. Como a eso de las diez y media de la noche, estando el Presidente en brazos del dios Morfeo, fue despertado por numerosos disparos de arma de fuego que se escuchaban en el salón contiguo al dormitorio donde estaba alojado. Los Comandantes Alfredo González, Jacinto Alava y Pedro J. Montero y otros montoneros más habían ingresado con ánimo de raptarle, pero el Edecán Marco Antonio Jaramillo valientemente les enfrentó y al producirse la confusión se escucharon varios disparos de arma quedando muerto Jaramillo y uno de los montoneros.

Hombre ducho en sobresaltos, Caamaño sacó la pistola que portaba en el bolsillo y en ropa de cama, fue tomado del brazo por el Superintendente del ferrocarril Gustavo Rodríguez,  que le condujo rápidamente a la parte posterior de la estación y lo lanzó a las aguas del río Yaguachi, que el señor Presidente cruzó a nado hasta arribar a la orilla opuesta donde se ocultó como pudo. Este fue el detalle que lo salvó como se verá más adelante.

Se encontraba tomando un respiro bajo unos matorrales cuando escuchó las voces de algunos conjurados que recorrían el sector y le buscaban por lo cual volvió a lanzarse al agua y nadó a favor de la corriente y lo más silenciosamente posible amparado en la sombra que le prestaban unos jacintos del rio hasta que llegó a la hacienda Caregua de Miguel Molina. Allí cambió sus ropas de cama, tomó algún alimento y se trasladó en una canoa a la hacienda Bodeguita de Manuel Mariscal y por allí siguió hasta Los Cáliz donde fue recogido por el vapor Quito que bajaba a Babahoyo.

Entre tanto la flotilla que iba a recibir al señor Presidente se encontraba en la boca del río Yaguachi, hasta donde fue a buscarla el Quito, para transbordarlo. Ya estaba claro y de día.

Marco Antonio Jaramillo se llamaba el Edecán asesinado y tenía cuarenta años; al día siguiente su cadáver fue recogido y enterrado; se comprobó que tenía dos orificios de bala que le atravesaban el pecho de lado a lado.

Aquí vale preguntar a los lectores ¿Tenía o no razón el doctor Ponce cuando seleccionó a Caamaño y no a Pérez Pareja oriundo de la sierra, anciano, obeso, que no sabía nadar?  La respuesta es evidente. Don Rafael Pérez Pareja hubiera sido asesinado o por lo menos lo hubieran raptado en Yaguachi sin lugar a dudas.

                    SALVADO POR SEGUNDA OCASION

A medio vestir Caamaño pudo salir de Yaguachi después de encontrar plomo donde sólo esperó hallar aplausos, pero sus trabajos no habían finalizado; esa mañana, despachando en el edificio de la gobernación del Guayas, después de haberse tranquilizado con algún licor fuerte para que le pase el frío de la húmeda noche, fue sobresaltado por segunda ocasión con nuevos disparos y ante sus propios ojos contempló como un grupo de jóvenes de la más selecta sociedad de Guayaquil, atacaban a la guardia presidencial, siendo repelidos después de un largo tiroteo en que perdió la vida el brazo derecho del Presidente, el famoso Coronel Guedes, jefe de las fuerzas gobiernistas y héroe de la campaña en Manabí de 1.884 contra las fuerzas liberales del Comandante Juan Francisco Centeno.

Acto seguido el angustiado Presidente abandonó el puerto con destino a Quito donde no se daban esos recibimientos a los mandatarios, terminando sus angustias por el momento.