206. La Campaña Electoral De 1875

Cuando en 1875 murió García Moreno el país descansó después de quince años de terror, pues se había convertido en opresor de conciencias más que de cuerpos, la gente vivía asustada y en constante sobresalto, los hombres de talento y de acción estaban en el exilio.

En sus últimos años y desde 1871 García Moreno vivía delirios y raptos pseudo místicos, leyendo a Kempis y comulgando a diario, y no debe sorprender que sus últimas palabras si las dijo, porque numerosos testigos declararon en el proceso que falleció sin hablar, hayan sido: «Dios no se muere» , frase que consta  así escrita en la Hoja Impresa que circuló en Quito a raíz de su muerte y en el sumario instaurado por su asesinato.

Unos meses antes del crimen se había hecho elegir Presidente del Ecuador y esto no sorprendió a nadie porque era tal la cantidad de exilados y tantos los indios llevados a votar sin siquiera conocer al candidato contrario, que hubiera sido imposible perder. El dictador escribió en mayo de 1875 que aquellos compatriotas que le habían negado el voto tendrían que rendir cuentas ante Dios… frase que no debe ser leída a la ligera porque claramente revela una egolatría anormal. Razón tuvo cuando en otro arrebato parecido exclamó: «Busco a algún hombre de bien con carácter, para que me suceda en el mando y no lo encuentro». ¿Quién salvará al país? Y esto lo dice después de haber gobernado tantos años, desde 1860, con dos ligeras interrupciones.

FUNDACION DEL PARTIDO CONSERVADOR

Muerto García Moreno se crearon varios periódicos en Guayaquil y Quito y numerosos compatriotas regresaron de Lima. Los diputados y Senadores del  Congreso   reunidos   en  Quito  fueron convocados José  Ignacio  Ordóñez  Lazo  Obispo  de  Riobamba  y  también Diputado,  y a sus instancias resolvieron apoyar al gobierno provisional  de Francisco Javier León, encargado del poder ejecutivo por muerte del dictador. Otra de las resoluciones tomadas en tan histórica noche fue la fundación de una organización política que proteja las prácticas de la dictadura garciana para mantener los fueros y privilegios del clero y de los terratenientes interandinos. Este es el origen histórico del Partido Azul en nuestra Patria; aquel cuento de que es Bolívar su iniciador no tiene fundamento pues fue en 1876 cuando por primera vez se conoció en la capital a un grupo de presión política con el nombre de Partido Conservador (1) que el público dio en llamar Terrorista Garciano.

CANDIDATURAS PRESIDENCIALES

En Guayaquil surgieron varios nombres para ocupar la presidencia: Pedro Carbo Noboa que estaba en Europa; Francisco Xavier Aguirre Abad vivía dedicado a la abogacía y Antonio Flores Jijón que acababa de llegar de Estados Unidos haciendo gala de antigarcianismo porque se había puesto de moda vociferar contra el difunto; Manuel Gómez de la Torre, el popular imbabureño de conocida trayectoria liberal, al saber de la llegada del doctor Flores dijo en carta a Antonio Borrero: «En esto viene lo nuevo de que Antonio Flores ha llegado a Guayaquil jadeante y con la lengua afuera para pedir la presidencia . . . si hubiera entre nosotros energía y patriotismo, bastaría esto para echar a un cuerno al pedigüeño…..»

Los conservadores y Monseñor Ordóñez resolvieron apoyar a Flores, pero luego de oír sus gritos contra García Moreno le abandonaron por el doctor Luis Antonio Salazar, más cauto y precavido, que no había viajado tanto por el exterior e infundía mayor confianza. Flores creyó tener apoyo entre los liberales de Guayaquil y hasta la complicidad de los jefes militares de la plaza; sin embargo, a última hora, la candidatura de Francisco P. Ycaza Paredes le restó apoyo y al fin, decepcionado con todos, quedó sólo con unos cuantos antiguos floreanos, sinceros y leales a la memoria de su difunto padre.

(1) “Política Conservadora», por Jacinto Jijón Caamaño. Jijón habla de un «espíritu conservador» en tiempos de Bolívar, pero ahora se dice que el Libertador fundó ese partido.

EL MOTIN CONTRA LOS SALAZARES

Monseñor Ordóñez continuaba de jefe de campaña del doctor Luis Antonio Salazar en Quito y contaba con la débil voluntad del Presidente León, muy enfermo, pues sufría de continuos ataques y delirios persecutorios. Con tal persona como cabeza del gobierno no debe extrañar a nadie que Monseñor Ordóñez dirigiera el gabinete con los Ministros del Interior y Guerra en sus planes. Mucho se comentaba que de triunfar el doctor Antonio Borrero, candidato de última hora lanzado por los liberales, el Presidente León no le entregaría el mando.

Manuel de Ascázubi y Francisco Javier Salazar desde el gabinete, perseguían a los conjurados en el crimen de García Moreno y con ese pretexto consiguieron imponer el terror en las provincias, abusando de las medidas de fuerza. Numerosos partidarios de los doctores Borrero y Flores fueron ultrajados y esto incitó al pueblo quiteño en la mañana del 2 de octubre de 1875 a salir a las calles encabezados por el General Julio Sáenz y el doctor Carlos Casares y al grito de «Mueran los Solazares» y «Abajo los Salazares» consiguieron la destitución de los Ministros Salazar y Ascázubi.

Cuatro días después renunció el Presidente Provisional doctor León, que terminó trágicamente pues murió arrojándose desde una ventana, y se encargó del mando el doctor José Javier Eguiguren, garciano alejado de las influencias de Ordóñez, que decretó libertad total de elecciones. Cuenca y Guayaquil aclamaron a Borrero quien triunfó sobre el General Julio Sáenz y Antonio Flores con enorme ventaja numérica. Jamás en la historia del país se había visto victoria tan completa. Los conservadores no presentaron candidato propio por el retiro de Salazar.

BORRERO INICIA SU ADMINISTRACION

El doctor Rafael Pólit entregó el poder a Borrero porque a su vez lo había recibido de manos del doctor Eguiguren. Estas sucesivas entregas del mando denotaban la inestabilidad política del país a consecuencia de la muerte de García Moreno, que había gobernado a base de fusilamientos, destierros y confiscaciones.

Razón tenía Juan León Mera cuando se quejaba diciendo: «Una de las faltas políticas del grande hombre que nos acaba de ser arrebatado, fue no haber organizado ni dado firmeza a su partido». Por algo Montalvo bautizó a Mera con el apelativo de «Búho de Ambato»; pues pedir a un tirano que forme partido para que le suceda es pedir imposibles…. Borrero en 1863 había rechazado la vicepresidencia de la República propuesta por García Moreno por creer que toda candidatura nacida de la imposición constituía un atentado contra las libertades públicas. Legalista y abogado, era buen escritor y pronto demostró sus conocimientos en Historia, Jurisprudencia y Teología refutando un calumnioso libro del padre redentorista A. Berthe sobre García Moreno y los ecuatorianos, en el que se denigra a muchos hombres ilustres de nuestra Patria por el solo hecho de no haber sido partidarios del dictador, bien es verdad que el libro casi fue totalmente escrito por Pablo Herrera en Quito como fue público y notorio en esos tiempos.

Borrero era algo cándido y muy pegado a su prosapia pues descendía de gentes de la nobleza de Popayán y Guayaquil aunque en su hermano Ramón tenía un hábil consejero que le ayudó a gobernar.

Su primer acto administrativo consistió en visitar en el panóptico a su primo el doctor Manuel Polanco y Carrión con quien departió largos minutos; esto encolerizó a los Conservadores. Polanco contaba con parientes poderosos en la Provincia de Imbabura y hasta en Quito donde vivía su cuñado el doctor Vicente Lucio Salazar; por otra parte, era hombre de mucha cultura y simpatía y estaba condenado a dieciseis años de prisión por haber participado en el asesinato de García Moreno.

Luego trató de captarse las simpatías del General Urbina que, aunque viejo y achacoso seguía siendo hombre de mucho genio y le ofreció por intermedio del doctor Rafael María Arízaga, el Ministerio de Hacienda y la suma de cuatro mil pesos de viáticos para que interese en Lima a una compañía europea en la construcción del ferrocarril Naranjal – Cuenca. Urbina aceptó el encargo y rechazó el Ministerio y los viáticos como correspondía a su altísima calidad de ex presidente de la nación.

Con esto Borrero se atrajo a unos cuantos liberales y aumentó el odio de los garcianos; pero, mal político como era creyó que podía gobernar al Ecuador con riendas de seda, sin darse cuenta que un pueblo que había estado tantos años sojuzgado, al despertar quiere gritar con entusiasmo.

Los periodistas liberales de Guayaquil clamaban contra la intervención del clero en política y Borrero en vez de apoyar su pedido dio oídos a Monseñor Checa y Barba, Arzobispo de Quito, y los mandó callar con amonestaciones y promesas de futuras sanciones. No deseaba convocar una Convención Nacional para reformar la famosa constitución garciana de 1869 llamada por todos la «Carta Negra», tampoco empleó elementos conservadores en la administración pública como había sido costumbre desde 1860. En otras palabras, gobernaba solo, sin apoyarse en nadie y se malquistó con todos.

LOS PARTIDOS POLITICOS DE LA EPOCA

Hacia 1876 existían dos partidos bien definidos en el país: 1) Los llamados demagogos, convencionalistas o liberales que gritaban por una Convención Nacional para derogar la Constitución garciana o Carta Negra, y 2) Los terroristas o conservadores, que proclamaban la necesidad del regreso del régimen del terror y mano fuerte del añorado dictador. No existían términos medios, Los principales liberales eran Pedro Carbo, Francisco Pablo Ycaza, Rafael Caamaño, Antonio Flores, los Generales Urbina y Robles, Julio Sáenz, Francisco Aguirre, Luis Felipe Borja y Manuel y Teodoro Gómez de la Torre. Los conservadores más distinguidos eran monseñor Ignacio Ordóñez, Juan León Mera, Camilo Ponce, Francisco X. y Luis Antonio Salazar, el doctor Rafael Pólit, Vicente Piedrahita, Secundino Darquea y Pablo Herrera.

Algunos jóvenes radicales formaban el ala avanzada del liberalismo: Juan Montalvo, Marco y Eloy Alfaro, Manuel Semblantes, Juan y Francisco Montalvo, Abelardo Moncayo, Roberto Andrade, Miguel Valverde, Federico Proaño, Emilio Estrada y Nicolás Infante. Estos conspiraron en mayo de 1876 en Guayaquil para derrocar a Borrero reemplazando su gobierno por el de Infante, pero fueron descubiertos y se desbandaron. Infante cayó preso y cuando era llevado por las calles de Guayaquil, escapó y pidió asilo en casa del Cónsul de México, de donde partió hacia el exterior a las pocas semanas, en uso de un salvo conducto. A esta conspiración se la llamó «Del Cojo Infante».

Los conservadores mantenían la defensa de la religión católica y los fueros del clero como bandera de lucha para volver a la dictadura o gobierno de elites; los liberales viejos solo deseaban mayores garantías y asumir nuevamente el poder perdido en 1859; los jóvenes querían cambios inmediatos y revolucionarios y como en su mayor parte eran de la nobleza de provincia, se sentían postergados por sus compañeros de partido, del ala vieja y rica. Pronto dividirán al partido en dos grupos: liberales y radicales y con el triunfo de éstos últimos con Alfaro en 1895, volverán a agruparse con el nombre de Liberales Radicales, por el que se los conoce hasta nuestros días a pesar que en la década de los años 30 los más radicales se separaron con el nombre de socialistas. Tocará al General Larrea Alba dividir a los socialistas con su famosa Vanguardia Revolucionaria y a Pedro Saad y a Ricardo Paredes con el Partido Comunista ecuatoriano. El doctor Velasco Ibarra es capítulo aparte en la historia ecuatoriana.

LA RENUNCIA DE LOS HERMANOS GOMEZ DE LA TORRE

El Coronel Teodoro Gómez de la Torre en mayo de 1876 abandonó por motivos de salud la Comandancia Militar del Distrito de Guayaquil pues empezaba a tener serias deficiencias en los riñones y se le hinchaban las piernas y fue reemplazado por el General Ignacio de Veintemilla Villacís, garciano que pasaba por liberal sin serlo, ya que su único título era la simpatía que derrochaba a mares y haber sido desterrado por García Moreno a raíz de la revolución de su hermano.

El 15 de junio de ese año se separó el Dr. Manuel Gómez de la Torre del Ministerio del Interior a causa de una polémica sostenida con el Gobernador de Tungurahua Dr. Francisco Montalvo, que terminó en la publicación de una carta de su hermano Juan mencionando que el Comisionado de Borrero para solicitar la dimisión del Ministro Gómez de la Torre, parece que aún no cumplía su cometido.

El tal comisionado era Pedro Fermín Cevallos también Ministro de Estado y esto hizo que Gómez de la Torre renunciara, Borrero le aceptó y agradeció, mas las relaciones entre ambos quedaron rotas para siempre. Posteriormente Borrero se quejaría de su amigo indicando que solo pasaba en el Ministerio rodeado de gentes y haciéndolas reír con chistes y anécdotas, teniendo el subsecretario que asumir el trabajo. Otros dijeron que fue pura envidia de Borrero, de la popularidad de su Ministro y no faltó quien aseguró que la rabia de Montalvo contra Don Manuel, se originaba desde cuando estando en París, se negó a acceder a uno de sus continuos sablazos de dinero. Sea como fuere, la salida de estos hermanos ocasionó un debilitamiento al gobierno y preparó la caída de Borrero meses después, por la traición de Veintemilla en Guayaquil.