205. Joaquín Chiriboga y La Luz Del Pueblo

Joaquín Chiriboga, ese gran ecuatoriano, natural de Riobamba, ingresó muy joven al Seminario de Quito llevado más por una vocación que por su ferviente amor al estudio. En 1.840 era Presbítero y  su carácter asaz diligente y aventurero le hizo viajar a la costa en busca de mayores horizontes. Establecido en Guayaquil  se hizo conocer por su fina sensibilidad, gran inteligencia y tras los estudios de rigor fue ordenado sacerdote el 21 de Noviembre del 47 por el Obispo Francisco X. Garaycoa.

Entre el 48 y el 53 fue párroco de Chanduy y candidatizado al curato de Yaguachi no salió electo. El Vicario José María Yerovi le estimaba en alto grado. El 56 vivía en Lima y concurría a las tertulias del Director de la Biblioteca Nacional del Perú, Fco. de Paula Vigil,  de quien asimiló las ideas relativas a la separación de la Iglesia y el Estado en las nuevas repúblicas latinoamericanas. 

Entre el 58 y el 63 fue Vicario parroquial del Morro y en la tranquilidad de esa comarca leía y meditaba, fueron años de formación y aprendizaje político. El 64 el despotismo del Presidente Gabriel García Moreno se hizo ostensible en el país exasperando a los ciudadanos que anhelaban un ambiente de libertad y democracia. El 65 se vio comprometido en la revolución urbinista que fracasó en aguas del estrecho de Jambelí y tuvo que salir al destierro salvandose de un seguro fusilamiento.

En Lima acogióse a la generosidad de la prensa peruana, colaboró asiduamente en el diario “El Comercio” y jasta participó en la feroz polémica desatada entre Baltazara Calerón viuda de Rocafuerte y el Clérigo Tomás Hermenegildo Noboa originada en un artículo de Juan José Flores aparecido en un diario de Lima, quien  llegó a afirmar que “había elevado de la tumba a Rocafuerte para colocarlo bajo el solio de la primera magistratura”. En defensa de la memoria histórica del ex presidente  resultó ser un polemista formidable.

Su permanencia en la capital peruana se deslizó  bajo las modestas condiciones de vida que se había impuesto, impartía clases particulares o lo hacía bajo contratación en colegios de esa capital. Siempre fue un dómine excelente, amaba la cultura y sentía un grande afecto por la juventud. A los dos años en Lima, el año 66 partió a Chile y encontró  la protección del político y filántropo José Tomás de Urmeneta y de una sociedad ilustrada. 

Terminada la primera presidencia de García Moreno el 65 empezaron a volver sus víctimas al Ecuador. En Enero del 68 fue párroco en Puebloviejo y allí permaneció hasta Julio del 69 que volvió a salir de su Patria a causa  del golpe dictatorial de García Moreno. Tenía cuarenta y ocho años de edad y un futuro que labrarse en tierras extrañas.

En Agosto fue bien recibido en Valparaíso y publicó  «El Ecuador y García Moreno, una página para la historia de esa República» en 69 págs. excitando a la juventud para que rompa la vergonzosa coyunda y destruya al tirano y como la situación de la iglesia frente a la unificación de Italia constituía el problema internacional del momento,  dio a la prensa meses más tarde otro folleto «Ojeada Filosófica sobre la civilización» que le valió el elogio de los primeros talentos de Chile y Argentina y continuó colaborando en la prensa de ambos países.

En 1.871 se encontraba ejerciendo sus funciones eclesiásticas en la parroquia de San Mateos en la población norteña de Osorno y había terminado de escribir un libro que estaba llamado a ser piedra de escándalo en Sudamérica: “La Luz del Pueblo, o sea el criterio para juzgar cuestiones político – religiosas.” En Noviembre viajó a Cobija y a Copiapó donde esta obra fue acogida con tanto entusiasmo que algunas personas que la leyeron en borradores reunieron un número de suscriptores que no bajaba de trescientos y comenzó a editarse por entregas.

De regreso a  Valparaíso fue arrestado por el Intendente, a causa de una denuncia presentada por el Obispo de Osorno,  por haber abandonado su parroquia sin el permiso de su superior eclesiástico aunque el verdadero motivo era la publicación de su libro y comprendiendo que ya nada tenía que hacer en la Iglesia se separó del sacerdocio, incompatible con sus ideas y como simbólica protesta contra el incondicional apoyo de la jerarquía eclesiástica a la dictadura garciana de su patria el Ecuador. De allí en adelante su vida continuó muy modestamente, del producto de las clases particulares que anunciaba mediante avisos por la prensa de Valparaíso.

Por esos días y con ocasión de publicar un artículo titulado “El gran modelador ecuatoriano” denostando la política terrorista y teocrática de García Moreno, el redactor de “El Diario” al comentarlo manifestó un cálido elogio a su persona: Una gran oportunidad se ofrece a los jóvenes que deseen estudiar filosofía, literatura y otras ramas de hacerlo con don Joaquin Chiriboga, distinguido escritor ecuatoriano, director que ha sido de algunos importantes Colegios en el Perú.

Finalmente “La Luz del Pueblo” salió en la Imprenta del Mercurio de Tornero y Letelier, Valparaíso, 1.873, dedicado al doctor Urmeneta “ilustre amigo y señor”. Su éxito fue inmediato, en Marzo la  Gran Logia de Chile recomendó  su adquisición  mediante circular y le admitió como hermano masón, por contener el libro un conjunto de argumentos razonados para establecer la necesidad de separar a la Iglesia y al Estado y causó enorme revuelo en la conciencia de los países más avanzados del continente, al punto que el cultísimo emperador Pedro II del Brasil hizo un brillante elogio; también, como es lógico suponer, concitó en su contra el odio del clero y el furor de las teocracias. Por esta obra de avanzada ideología laicista está considerado su autor entre los grandes tratadistas ecuatorianos de todos los tiempos y por supuesto que su ideología fue más ayá de la que profesó Juan Montalvo, que siempre fue más literato que filósofo.