195. El Poeta Tirabeque

Una mañana de 1.860, mientras caminaba por el centro de Guayaquil el joven Federico M. Hidalgo García, poeta de costumbres bohemias y más conocido como Tirabeque por el pseudónimo con el que aparecían sus coplas,  fue llamado por un alegre grupo de amigos que felices bebían en un salón y le pidieron que improvise ¡Bien, dijo el aludido, pero a condición que me brinden un trago y me indiquen el tema ¡Aceptado Federico¡ y señalándole a un tranquilo borrico agregaron ¡Allí está, hazle unos versos¡

// Ahí tenéis muy presente / el retrato verdadero / de un hombre que sin dinero / quiere beber aguardiente…//

Acostumbraba burlarse de los serranos a quienes llamaba interioranos para no herir pueriles suceptibilidades.

1.- // Estando sentada al piano / una linda señorita / notó que un interiorano / que se hallaba de visita / miraba mucho sus manos. // Viendole así largo rato / le preguntó en tono irónico / – ¿Dígame Ud. don Torcuato / Será Ud. filarmónico? / I él le dijo: No, soy de Ambato. //

2.- //Quizá por la vez primera / se embarcó un interiorano / en un bergantín peruano / que hacía rumbo a Caldera. // Cuando estando mar afuera / oyó al Capitán mandar / – ¡Alza, vamos a virar ¡/ I él exclamó con terror / No vire el barco señor / ¡Por Dios¡ que no sé nadar. // x) Caldera era un puerto situado en el desierto marítimo que entonces pertenecía a Bolivia.

En 1.865 su padre lo metió en el vapor Guayas para disciplinarlo y en eso ocurrió la invasión armada del General Urbina al golfo de Jambelí. García Moreno abordó la nave, apresó a la tripulación y ordenó que los fusilaran a todos. Federico compuso entonces una plegaria que gustó mucho al tirano, quien le perdonó la vida por ser un “inofensivo e inexperto joven literato.”

El Sentenciado. // ¿Hasta cuando mi cruel suerte / tan aciaga me persigue? / ¿Hasta cuando hay quien me obligue / sus rigores a sufrir? // Soy fatal, desventurado, / sin mi culpa conocer, / Ni llegar a comprender / Porque es que voy a morir. // Mas desprecio yo la muerte / que hoy se viene en mi a cebar, / Pues peor fuera soportar / Mi amargura en mi prisión. // Pero en trance tan tremendo / ¿A quién podré yo clamar? / Solo a ti debo implorar / Tenme, señor, compasión. // Adiós familia y amigos, / Adiós Patria, adiós amada, / hasta mi última morada / tus recuerdos llevaré. // En tus manos ¡Dios inmenso ¡ / Encomiendo esta alma pura, / ten piedad de tu criatura, / y tranquilo moriré. //

En 1.870 les dio a las guayaquileñas unir las casas mediante el uso de los llamados canutos que consistían en un hilo conductor conectado a dos canutos que podían ser de hojalata o caña guadúa. Estos primitivos teléfonos se hicieron tan comunes que no había vecindario sin ellos. La era del chisme telefónico estaba dando sus primeros pasos.

// Has producido ya fruto / la muy graciosa invención / que, de la calle al balcón, / se conversa con canuto. // Porque han vestido de luto / ya dos señoras matronas / pues sus hijas, pollanclonas, / se mandaron a cambiar / y alegres deben de estar / tantas mozas solteronas. //

En 1.876 combatió con el ejército guayaquileño del General Veintemilla donde se usaron por primera ocasión en el país los famosos rifles de repetición marca Remington venidos de los Estados Unidos, que dieron al ejército costeño una gran ventaja sobre las fuerzas constitucionales del Presidente Antonio Borrero, quien terminó preso en Quito junto a su hermano Ramón. Con tal motivo nuestro poeta compuso la siguiente sátira.

// Ay, Ramón, que tal destino / que vergüenza, que mancilla / corrernos el Veintemilla / en la loma del molino / y teniendo yo más gente / a cual más disciplinado, / ¡Cómo nos ha destrozado / ese ejército valiente¡/ Pero hermano, si el don Rubio (1) / con sus cadetes de escuela / nos ha dado más candela / que la que arroja el Vesubio. // I el diablo del remintón / que no necesita mucho / le atarugan un cartucho / y para hermano Ramón. // 1) Se refería al General José Sánchez Rubio.

Al siguiente año arribó el célebre actor de carácter Monsieur Bourón con su compañía de teatro y representó en el Olmedo por primera ocasión en nuestra ciudad la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo,” cobrando un peso la entrada.

El asunto resultó polémico pues de la impresión de ver a Jesús azotado y sobre todo cuando le martillaban los clavos (se escuchaba el retumbar de los golpes sobre los maderos) momentos en que Bourón, perdón Jesús, daba alaridos, las beatas se desmayaban y sus esposos debían revivirlas con sales; pero lo mejor venía después cuando le colgaban de la cruz en calzoncillos (Bourón era relativamente joven y estaba bien musculado) entonces era el delirio del sexo femenino. Quizá por eso los llenos completos se repitieron por espacio de dos semanas hasta que Bourón anunció que partiría a Lima y un grupo de caballeros “católicos” decidió ofrecerle una cena de despedida y agradecimiento, para la cual contrataron a Tirabeque a fin de que diera el discurso. Llegado el momento les dijo:   // Todo beato, toda beata / toda gente de follón / dice que el grande Bourón / aguanta más palo que un gato. // I el Cristo tieso que tieso / aguantará hasta diez mil / mientras haya en Guayaquil / bobos que paguen un peso. //

Los contratantes no quedaron muy gustosos con la burla y peor Bourón, pero como ya le habían pagado a Tirabeque, el asunto quedó en nada pues Lagarto que traga no vomita.