191. La Reacción Contra La Dictadura en 1869

En 1868 era presidente el Dr. Javier Espinosa, al que la historia ha calificado de honesto, virtuoso y austero. El país vivía un clima de saludable agitación política; para el siguiente año se había convocado a elecciones presidenciales, las primeras que se realizarían en forma directa desde 1856.

Por lo pronto el electorado independiente apoyaba al Dr. Francisco X. Aguirre Abad, quien contaba con enormes simpatías en todos los sectores de opinión y aunque era concuñado del General Urbina, tildado de militarista, no despertaba sospechas por su acendrado amor a las leyes e independencia de carácter y actuaciones.

El grupo liberal urbinista exhibía la candidatura de Pedro Carbo Noboa, ex secretario de Rocafuerte en México y discípulo del sabio Francisco de Paula Vigil en el Perú. Carbo tenía muchos partidarios y se fortificaba en Guayaquil donde su sobrino Vicente Piedrahita Carbo desempeñaba la Gobernación de la Provincia. 

El sector reaccionario de la sierra también llamado Partido Nacional tenía pocas probabilidades de triunfo; primero sostuvo la candidatura del Coronel Secundino Darquea Iturralde que no gozaba de mayor popularidad y luego la del Dr. Gabriel García Moreno, personaje detestado por sus crímenes y abusos y también admirado por su labor desplegada en Ibarra con ocasión del pasado terremoto.

En esas circunstancias el panorama electoral no mostraba secretos porque la popularidad de Aguirre Abad era grande en todo el país. En Cuenca tenía mayoría y le apoyaba Antonio y Ramón Borrero y el propio Obispo de la Diócesis Remigio Estévez de Toral; en Quito el grupo de Manuel y Teodoro Gómez de la Torre y en Guayaquil donde vivía y ejercía su profesión, era tan popular como Carbo, todo indicaba que la ganaría abrumadoramente.

GARCIA MORENO MADURA LA REVOLUCION

En diciembre de 1868 García Moreno estaba arrendando la hacienda Guachalá en Cayambe dedicado a realizar labores de campo y dándose tiempo para escribir a sus amigos y partidarios sobre la situación. En enero siguiente se decidió a actuar y llamó a Quito al Dr. Felipe Sarrade y a Carlos Ordóñez, ex-colaboradores suyos de la pasada administración, que residían en Latacunga y Cuenca respectivamente. El día 16 estaban juntos y contaban con la complicidad del Comandante Militar de la Plaza de Quito, General Julio Sáenz, gran compinche en esta clase de revoluciones, que en 1867 se prestó para concurrir al Palacio Presidencial en nombre de «Don Gabriel» y exigirle la renuncia al entonces Presidente Constitucional Jerónimo Carrión y Palacio, al que muy suelto de huesos le dijo que se retirara a su casa por orden de «Don Gabriel», lo que en efecto ocurrió, enviando Carrión su esquela de renuncia, a los pocos minutos del atropello.

Con estos amigos y en compañía del Dr. Ramón Aguirre muy dado a las bravatas; el Coronel Manuel de Ascázubi, su cuñado, con quien ya estaba reconciliado, y de Gregorio del Valle, a las 10 de la noche del 16 de enero de 1869 ingresó al Cuartel de Artillería donde todo estaba preparado por Sáenz. Pocos minutos después la artillería vivaba a García Moreno que se retiró a su casa a redactar una proclama y un breve testamento, saliendo enseguida a Guayaquil, no sin antes encargar la Vice Presidencia de la República a su cuñado Manuel, que gobernará en su nombre y hasta el regreso ¡Todo quedó en familia!

LA REVOLUCION EN GUAYAQUIL

El Presidente Espinosa descansaba en su hogar y fue despertado con algazaras callejeras; eran los complotados que gritaban el final de su gobierno; al día siguiente se enteró que entre los complotados se encontraba su hermano José Modesto y su Ministro de Gobierno Camilo Ponce Ortiz y le dio tal colerín que empezó a sentirse mal de salud y falleció a los pocos meses a causa del corazón. La historia le ha llamado «El Presidente virtuoso y sin tacha» cuyo único deseo en el poder fue servir a sus conciudadanos en la medida de sus no escasas posibilidades.

Cuatro días cabalgó García Moreno entre Quito y Guayaquil y la noche del 20 arribó, siendo recibido por su cómplice Coronel Manuel Santiago Yépez, Jefe del Cuartel de Infantería, ubicado en la Planchada, que le aguardaba con cien soldados de su confianza, con los que se dirigió al de Artillería cuyo Jefe era Darquea que no se opuso. Esa noche sesionó el Concejo Cantonal de Guayaquil y al saber sus miembros que García Moreno se había adueñado de los Cuarteles, abandonaron el Palacio Municipal para evitar vejámenes y fueron reemplazados en sus funciones por nuevos concejales amigos de la dictadura. Entonces la población protestó y hubo mítines callejeros. El 23 se proclamó el estado de sitio y cesaron las garantías constitucionales, muchos cayeron detenidos y otros huyeron de la ciudad.

Algunos historiadores han tratado de justificar la subversión de García Moreno con el argumento de que el triunfo de Aguirre Abad hubiera significado el regreso del partido urbinista al poder, cosa muy discutible conociéndose la personalidad de Aguirre y surgen estas interrogantes ¿Con qué derecho García Moreno destituyó a un Presidente civilista, virtuoso y honesto? ¿Qué razón existía para impedir que un determinado partido político llevara a su candidato a la presidencia en elecciones populares? ¿Es moral y es legal que un político rompa la constitución y se titule Presidente de la República fundando su poder en la fuerza de las bayonetas? Al respecto Santo Tomás de Aquino, uno de los mayores teólogos y filósofos del cristianismo, opinó en plena edad media que sólo es lícito derribar a los tiranos; en cuyo caso, es moral hasta el asesinato con tal de salvar a los pueblos del despotismo, y en 1869 el presidente Javier Espinosa, hombre sencillo, republicano a carta cabal y respetuoso de las libertades y derechos cívicos, que gobernaban sin partidos, usando hombres de todas las tendencias e ideologías para el mejor servicio nacional, no era tirano, en consecuencia, no había ley ni razón para derribar su gobierno.

EL DIA DE SAN JOSE

El 7 de Febrero de 1869 el flamante presidente Interino García Moreno expidió un Decreto convocando para el 16 de Mayo a una Convención Nacional en Quito. Ese mismo día inició una campaña electoral para obtener nominaciones a favor de sus adictos y en efecto lo consiguió ya que la oposición no intervino por encontrarse perseguida y oculta.

Sin embargo el pueblo guayaquileño no estaba conforme con tanto abuso y solo esperaba la salida de García Moreno y sus militares que viajaron a Quito, para proclamar la revolución dando vivas al General José de Veintemilla, hombre de mucho arrastre y personalidad.

La fecha acordada se tuvo que adelantar por temor a las denuncias reservadas que pudieran existir, así es que en la noche del 19 de Marzo, día de San José, el Comandante Francisco Rendón, Jefe de Batallón No. 3 de Infantería, apresó a los Coroneles Manuel Avila y Manuel Santiago Yépez, Jefes de La Artillería y No. 1 de Infantería respectivamente, que se encontraban en casa del Canónigo José Aragundi, en divertido baile, celebrando al «Doctor Pepeillo» como cariñosamente se le conocía a Aragundi.

A las seis de la mañana del 20 se detuvo al Comandante Militar Coronel Secundino Darquea que dormía en su hogar, llevándolo al cuartel de la Plaza de San Francisco, junto a Avila, porque Yépez había logrado fugar desde una ventana, saltando a la calle, donde fue recogido por un transeúnte que lo condujo a su casa todo estropeado por el golpe recibido al caer. Allí lo acogió su esposa Margarita Rivadeneira, mujer de fama en los contornos porque más parecía un general que otra cosa, que le curó y dejó en cama para que descanse, mientras ella, con las pistolas de su adolorido cónyuge, salió a la calle y entre gritos y tiros, condujo a una multitud de curiosos y admiradores por el Malecón hasta Las Peñas, donde permanecía el batallón de su marido, que la recibió en triunfo.

Eran las 8 de la mañana y la intrépida Margarita ya contaba con la adhesión de las Guardias del Hospital, la Policía y el Resguardo de Aduana; en su ayuda acudieron los Comandantes Antonio J. de Sucre y Lavayen y José María Quiroz y el Coronel José Manuel Uraga, que se hizo cargo de la dirección del movimiento contra revolucionario. A las 8:30 comenzó el contra ataque, dispersando a los revolucionarios por la actual calle Rocafuerte hasta 9 de octubre donde estaba el Cuartel de Artillería en el que guardaban prisión Darquea y Avila. A las 9 el tiroteo era generalizado y el sector de la Plaza San Francisco se convirtió en escenario de combates callejeros en los que ambos bandos desplegaron arrojo. Se habían levantado barricadas en los zaguanes y cada casa se tomaba por asalto.

 

MISTERIOSA MUERTE

Mientras tanto el general Darquea permanecía encerrado en un altillo llamado el ropero porque servía paa guardar enseres, pero al que llegaban las balas de los leales y esto lo puso nervioso. Insistió en hablar con Veintemilla por dos ocasiones y a la tercera consiguió su visita: «Compañero, -le dice- trasládeme a otro sitio, porque aquí hay peligro de muerte y no es dable ni honroso morir de esta manera, sin combati.»

Veintemilla ordenó al guarda Teniente Manosalvas, que custodie al General hasta conseguirle otro sitio y en esos momentos dicen que recibió un certero disparo que le atravesó el cráneo por el medio de las cejas, dio cuatro pasos atrás por la violencia del impacto y cayó muerto de contado, de espaldas al suelo y con un rictus de sorpresa en el rostro. Sobre esta muerte existen vaqrias versiones.

1) Que Veintemilla al oír un ruido en la calle se asomó a la ventana y estando uniformado de etiqueta, con sombrero bicornio de plumas, charreteras y dormanes de hilos de oro, hizo blanco perfecto para que un francotirador le dispare.

2) Que Veintemilla fue asesinado por el Teniente Manosalvas en complicidad con Darquea, y que más tarde inventaron lo del tiro en la ventana, y

3) Que Manosalvas le disparó a Veintemilla, a motus propio, sin que Darquea haya premeditado el asesinato.

En todo caso la muerte de Veintemilla y libertad de Darquea puso en fuga a los complotados que huyeron en todas las direcciones. Un mes después García Moreno premió a sus leales Darquea y Uraga, ascendiéndoles a Generales de División.

CONVENCIÓN DE 1869 Y CARTA NEGRA

Como de costumbre la Convención se instaló en Quito el mismo día para la que fue convocada por García Moreno, con la asistencia de lo más granado del partido garciano. Concurrieron los cuñados Roberto  Ascázubi e Ignacio de Alcázar; los principales cómplices de la pasada revolución contra  Espinosa        ue ya habían demostrado esr buenos para todo Felipe Sarrade, Rafael Carvajal y Nicolás Martínez,

Drs. Pablo Herrera y Elías Lazo y Generales Julio Sáenz y Francisco X. Salazar y religiosos como José Ignacio Ordóñez y José María Aragundi y otras mediocridades políticas más.

El29 de Julio y después de una solemne misa efectuada en el interior del templo de La Compañía se llevó a cabo la votación presidencial resultando electo García Moreno con todos los sufragios menos dos, el de su cuñado Ascázubi que por delicadeza votó por el General Darquea y el de Pedro Ignacio Lizarzaburu, que lo hizo por el General José María Guerrero.

García Moreno se excusó de aceptar el mando porque había jurado por Dios y por el pueblo no desempeñar tales funciones en memorable manifiesto aparecido en Quito el 17 de enero de ese año, pero el Dr. José Ignacio Ordóñez le pidió que reconsidere tal negativa porque «en ciertos casos» es lícito perjurar cuando la Patria está de por medio; con ese sofisma de aldea García Moreno retiró su excusa y se mostró complacido. Será presidente por seis largos años de oprobio y luego lo reelegirán sus amigos por otros seis, pero el machete homicida de Rayo acabará con su existencia el día 6 de agosto de 1875, cuatro días antes de la terminación de su mandato.

La Constitución que adoptó esta legislatura fue bautizada con el nombre de «Carta Negra» por sus repetidos errores e injusticias. No se necesitada ser un jurista consumado para notar a simple vista que el solo hecho de dividir al país en católicos y no católicos, concediendo a los primeros la ciudadanía y a los segundos negándoles todo elemental derecho constituye un error gravísimo y de fatales consecuencias en cualquier país civilizado; razón por la que esta Constitución, aborto maléfico de un grupo de inadaptados y fanáticos, quedó destruida a los pocos meses del fallecimiento de García Moreno y a pesar de los esfuerzos de unos cuantos obstinados que a todo trance quisieron conservarla.