163. La Revolución del 6 De Marzo De 1845

El 15 de julio de 1844 se fundó en Guayaquil un periódico satírico y burlesco llamado “El Spleen”, para denunciar los constantes abusos en que incurría el gobernador del Guayas, Manuel Domingo de Espantoso y Abellán. La hojita “chúcara e irreverente” circuló con éxito y pronto se hizo notar entre la prensa “liberal” de entonces.

Uno de sus redactores era Francisco Jade y Urbina, que acababa de renunciar a sus funciones de jefe del Resguardo de Aduanas, y con otros jóvenes había firmado una solicitud al gobierno pidiendo la inmediata destitución de Espantoso por abusivo. Pero este se defendió llevando a los redactores de “El Spleen” a juicio de imprenta.

Realizada en la audiencia, en la que intervino Jado con un fogoso discurso, no se pudo impedir el cierre del periódico y como el clima político de la República estaba encendido y se temía una revolución, especialmente en Guayaquil, días más tarde, el 25 de febrero de 45, el inhumano gobernador dispuso como simple preventiva la prisión de Jado, que fue conducido bajo escolta armada al vapor de guerra Guayas, con expresas disposiciones de que si se escuchaba un solo tiro en la ciudad -síntoma inequívoco de que había comenzado la revuelta- fuera fusilado en el acto. Pero su amigo Francisco Robles audazmente abordó la nave y sorprendió a la guardia comandada por Gregorio Rodríguez- oficial glorioso y de raza negra, héroe en Ayacucho- embarcado al prisionero en una débil chalupa, en la que se fueron ambos caleteando hasta Tumbes, qué ya por esos días estaba en manos de los peruanos, y donde pacientemente esperaron la revolución, hasta que el 25 de marzo pudieron regresar.

Mientras tanto, Vicente Ramón roca, político experimentado y muy dado a los ardides, hizo creer al comandante de la plaza que su subalterno, el general Fernando Ayarza, estaba en tratos y conversaciones con los revolucionarios (lo cual era una atroz mentira cerdosa), consiguendo que lo sustituyeran en el mando. Desde ese día Ayarza se mostró vengativo contra el gobierno que tan mal había le pagado sus servicios y aceptó dirigir la toma de los cuarteles, lo que sucedió en la madrugada del 6 de marzo, y reunido el pueblo en Asamblea Popular, se acordó un gobierno provisorio y la designación de un triunvirato. El general Antonio Elizalde Lamar pasó a jefe militar, el populacho lo conocía como “El Diablo” por su alta estatura, mal genio y por qué acostumbraba salir de noche a las calles envuelto en una capa roja, y a la luz de los débiles faroles alimentados con aceite de ballena, asustaba a cualquier desprevenido vecino.

Y como el Gobierno del general Juan José Flores se hizo fuerte en la casa de hacienda de “La Elvira”, en las cercanías de Babahoyo, se resolvió atacar de inmediato.

Los guayaquileños formaron el batallón Guayas. Jade fue nombrado su comandante y Francisco Boloña segundo jefe. El ataque se realizó el 8 de mayo y fue con esquifes que trasladaron a la tropa a los playones y desde allí fue el avance en descubierta, pero encontraron a los defensores del Gobierno bien cubiertos en las trincheras que acababan de abrir, por lo que fue relativamente fácil para el general Juan Otamendi derrotar a los nuestros, que tuvieron que retirarse dejando sin muertos y otros tantos heridos.

Atacada nuevamente La Elvira el 10 de mayo, Otamendi colocó a los prisioneros en las trincheras para que sirvieran de blanco a sus propios amigos y un casco de una de las boquitas de barro que contenía agua, al ser impactado, voló por los aires con tal fuerza que fue a dar a la pierna de Jado, quien cayó desmayado del dolor que le ocasionó esta nueva herida.

Su madre María Urbina Llaguno envió una comunicación al general Flores solicitando la entrega de su hijo y ofreciendo que una vez repuesto lo devolvería a prisión, pero ni siquiera fue respondida. El 13 de mayo un soldado barbero amputó la pierna del joven, le sobrevino un paro cardiaco a consecuencia de la hemorragia y murió de 33 años.

Cuando los tratados de paz iniciaron, la noble dama envió por los restos de su hijo, que llegaron sin la pierna. El cadáver fue identificado especialmente por la dentadura, que Jado tenía muy blanca y cuidada. Juan Millán y Macías logró hacer desenterrar la pierna que faltaba y como se comentara que la operación practicada había sido innecesaria, formose una comisión médica con los doctores Alcides Destruge Maitín y José de la Vergná, quienes informaron que » no habiendo roto la bala el hueso ni interesado ninguna parte esencial, la amputación había sido hecha por la ignorancia del individuo que asistió  a Jado y por la crueldad del jefe que consintió en ella”.  Jade fue considerado un héroe de la revolución del 6 de Marzo contra el despotismo floreano y los abusos del militarismo extranjero.

Fue hijo de Manuel de Jado y Goenaga, marino español establecido en Guayaquil hacia 1800, maestre de la fragata “Adrián», alias El Pailón, que realizan los viajes a Cádiz. Primero había residido en Buenos Aires, capital del virreinato de las Provincias Unidas del Río de la Plata; En 1804 contrajo matrimonio en Guayaquil y tuvo nueve hijos. El 16 intervino en el ataque a la nave del comodoro Guillermo Brown, cuando se varó frente al malecón de Guayaquil y viendo que los nuestros habían comenzado el degüello de los marinos rendidos y vencidos les grito: » Muchachos, no manchéis vuestra victoria «, salvando a muchos de una horrible muerte. El 17 fue miembro del Cabildo. Para la revolución del 9 de Octubre de 1820, dada sus ideas realistas emigró a los Estados Unidos, llevándose a su hijo Francisco de sólo 8 años de edad. Allí debió fallecer pues en 1830 Francisco regresó hablando inglés.