155. El secreto de la Oda a Miñarica

Corrían los últimos años del siglo XIX  cuando Ignacio Casimiro Roca y Molestina ( 1.838 – 1.900)  con la confianza del caso  manifestó muy seriamente a Roberto  Andrade que La Oda a la Victoria de Miñarica de José Joaquín de Olmedo,  había sido escrita  en honor a Sucre y a la gloriosa batalla de Ayacucho que selló la independencia de Sudamérica el 9 de Diciembre de 1.824 y coincidió con el nacimiento de la niña Rosa Perpetua de Olmedo Ycaza, a quien el poeta quiso mucho y trataba cariñosamente de “Mi Rosita de Ayacucho.”

Que cuando fue escrita la Oda a Sucre y a la batalla de Ayacucho el poeta había limado sus asperezas políticas iniciales con los Libertadores (Bolívar y Sucre) causadas por la forzada anexión de Guayaquil a Colombia en Julio de 1.822 y se encontraba admirado de las victorias que dichos Generales habían alcanzado en los campos de batalla del Perú.

Que la Oda a Sucre y a Ayacucho permanecía inédita debido a la larga ausencia de Olmedo, primero como Ministro Plenipotenciario de Colombia en Londres (1.825-27) y luego por su forzada estadía en Lima (1.827-29) a causa del prolongado conflicto armado de Colombia con el Perú.

Que esto del cambio de Sucre para colocar en su lugar a Flores fue conocido en su tiempo por los viejos Roca, por la familia del bardo, lógicamente por su hijo, quien sonreía cuando recordaba el incidente, indicando que su padre aceptó entrar en el juego con Rocafuerte tras el convulso período de la guerra civil de los Chihuahuas que había paralizado el comercio en Guayaquil y mantenía en grave pobreza a la República. De suerte que no era un simple ardid literario para mantener agradado a Flores, quien era muy dado a los devaneos literarios; era una necesidad política, porque controlaba al ejército.

Ignacio Casimiro Roca y Molestina quien llegó a conocer los pormenores de esta situación,  era un  poeta y dramaturgo que a fines del siglo XIX  vivía en casa propia en Eloy Alfaro y Cuenca, barrio del Astillero, casado con Carmen  Molestina Roca, matrimonio acomodado pero sin hijos – posiblemente por tantos parentescos que les unía pues eran cuatro veces primos –  y tenía por su mejor amigo y vecino  a  José Joaquín de Olmedo Ycaza, hijo del Prócer, con quien se embarcaba por las mañanas en el carro de mulas que los llevaba al centro de la urbe, siendo la despedida usual de Roca “Salúdame a los muertitos”  en alusión al empleo de su amigo Olmedo,  director del Cementerio.

Roca había heredado las aficiones literarias de su padre Agustín Roca y Garzón,  bibliógrafo de renombre, considerado un notable anticuario y por eso a su fallecimiento en 1.856 Vicente Piedrahita Carbo escribió la Necrología titulada: “A la memoria del señor Agustín Roca (fragmento )  // De un hombre justo terminó en la tierra / La existencia fecunda y bienhechora, / Hoy una tumba solitaria, encierra, / En su recinto lóbrego y estrecho, / Ya en cenizas y polvo convertido / El cuerpo de un espíritu al que había / Para su afán vehemente, / Para su sed ardiente, / Del infinito bien que le abrasaba, / Un campo reducido… // El difunto estaba casado con su prima hermana Francisca de Paula Molestina y Roca.

Ignacio Casimiro se educó en la escuelita del pedagogo Camilo Echenique Morán. Luego pasó al Colegio Seminario de Guayaquil, destacando como alumno excepcional, al punto que sus profesores declararían años más tarde:  «La moralidad, la aplicación y el talento, prendas tan bellas reunidas en él, en un grado superlativo, le constituían en uno de aquellos alumnos que honraban el Seminario con su presencia» y tanto afecto supo granjearse que al obtener el título de Bachiller en Humanidades Clásicas y Latinidad le fue ofrecida la cátedra de Ciencias Exactas en los primeros cursos.

Matriculado en la Universidad de Quito, coincidió que la muerte intempestiva de su padre y algunas vicisitudes domésticas le impidieron la prosecución de sus estudios y de regreso se dedicó con pasión a la poesía y la literatura siendo uno de los redactores de la revista «El Álbum Literario» cuyo primer número apareció el 15 de enero de 1.857 bajo la dirección de su primo hermano doble Vicente Emilio Molestina y Roca, con quien le unía una gran amistad. 

El 17 de septiembre de 1.859 estuvo entre los que apoyaron con mayores bríos al general Guillermo Franco Herrera para su proclamación como Jefe Supremo de Guayaquil y tres días después, el 20, se asoció con Manuel de Jesús Menéndez y editaron el periódico «La Regeneración», órgano oficial de ese gobierno, donde aparecían «Documentos, proclamas, convenios, notas, informes, etc. Posteriormente aparecieron varias poesías suyas en «La Lira Ecuatoriana», publicación que reunió a la primera generación poética que conoció la república.

En 1.868 se editaron otras en «La Colección de antigüedades literarias» que imprimió en Lima su cuñado el Dr. Vicente Emilio Molestina y Roca y más se podría hablar del erudito poeta, que llegó a banquero y a fundador de la Cámara de Comercio de Guayaquil.