132. Lamar en 1821 Guayaquil

Curiosa merienda, sorpresa indigesta, ascenso a Mariscal y matrimonio en solo dos años.

Ni San Martín ni Lamar ambicionaban poder, nunca persiguieron cargos, les asustaba la palabra presidente, eran – lo que se dice en términos políticos – unos GOBERNANTES TRISTES.

A finales de diciembre de 1.821 arribó a Guayaquil el General Francisco Salazar, designado Ministro Plenipotenciario del Perú ante la Junta de Gobierno que presidía Olmedo. En su comitiva llegó el General José Domingo de Lamar de 45 años de edad. Era la primera ocasión que visitaba la tierra de sus ancestros maternos.

La presencia de los peruanos inquietó al General Sucre, quien dirigía desde hacía más de un año a las fuerzas auxiliares de Colombia y disciplinaba a las milicias porteñas con la secreta consigna de anexar la Provincia de Guayaquil a Colombia, de suerte que apresuró sus planes para el jueves 2 de Enero de 1.822 aprovechando  que Olmedo ofrecía un convite a la delegación peruana con asistencia de los miembros de la Junta, del Cabildo y varios civiles de su confianza, no más de veinte personas en total, en su casa de Pichincha y P. Ycaza.

Siendo las cuatro y media, tras un brindis con vino burdeo en el salón principal, los caballeros pasaron al comedor porque era costumbre cenar temprano y fue servido el siguiente menú según me lo refirió hace medio siglo mi amiga Enriqueta Elizalde, quien sabía mucho sobre sus antepasados los Elizalde Lamar, a saber: Como primer plato un Caldo (un consomé de ave) acompañado con tucos confeccionados de plátano verde hervidos y todo ello aderezado con abundante ají. Como segundo un encebollado de pescado y trozos de yuca frita. Como tercero un arroz meloso de pato con su guarnición o presa, todo en pequeñas porciones como manda el protocolo, jugos de frutas tropicales y compota de higos en almíbar con queso cuajada. Pasando a los corredores se brindó café y brandy. Aún no arribaban las delicadezas de la comida francesa y todo era a la criolla y al momento, sinembargo el servicio se presentó con todas las composturas del caso con un mantel de lino importado deshilachado y bordado en las puntas al igual que las grandes servilletas como es usual; sobre la mesa destacaba un palillero de cristal adornado con flores, la vajilla de loza inglesa porque la porcelana aún no era usual en la ciudad, la cubertería de plata martillada en Lima. Espero haber recordado hasta en sus detalles lo que me fue referido

A las seis de la tarde los invitados peruanos bajaron acompañados de Sucre quien dejó  varios soldados haciendo guardia en el amplio zaguán de la casa, en tanto los demás invitados (todos guayaquileños) conversaban en los altos, pero cuando a  las seis y media, que como todos sabemos es la hora de los mosquitos, éstos trataron de ir a sus domicilios, se enteraron en el zaguán que no podía abandonar la casa pues se encontraban presos, nadie adivinaba qué estaba pasando y  comenzaron a desesperarse.

Mientras tanto se había sublevado el único batallón de infantería de línea que pertenecía al gobierno, cuyos miembros salieron a tomarse el cuartel de la artillería, pero sus jefes sacaron las culebrinas o cañones a las calles aledañas para amedrentar a los revoltosos. Sucre comprendió que su plan de capturar la plaza de Guayaquil había fallado, dio pié atrás como vulgarmente se dice  y dispuso que se permita la salida de los invitados mientras los soldados del batallón sublevado pasaban tranquilamente  a descansar a la sabana, pero al día siguiente  se presentó en el Cabildo para dar sus excusas a los miembros de la Junta, pretextando inocencia por no haber estado al tanto de la insurrección y declaró que viajaría enseguida a  combatir a los realistas en la sierra ¡Por supuesto que no le creyeron pero como dijo que se ausentaba, al enemigo puente de plata¡

Olmedo comprendió que la Junta era prisionera de las fuerzas auxiliares colombianas y que el único militar no colombiano de experiencia en la plaza era Lamar, de suerte que pasó a la vivienda donde se alojaba – casa de sus sobrinos carnales los Elizalde Lamar a quienes,  recién había conocido ubicada en la  esquina de Malecón y Elizalde – y le pidió que asuma la comandancia general indicándole que Sucre había dado su visto bueno. Así fue como el bochornoso incidente quedó superado por el tino político que Olmedo quien sabía manejarse con sumo tacto y delicadeza en todos los actos de su vida. ¿I los miembros de la delegación peruana? escaparon a Lima en el primer velero que encontraron,

Entre Enero y Mayo del 22 Lamar se ennovió con su prima segunda Josefa Rocafuerte y Bejarano, que acababa de enviudar de su tío carnal el Coronel Jacinto de Bejarano y Lavayen, y al conocerse el triunfo en Pichincha Olmedo le envió a entrevistar a Bolívar llevando la felicitación de la Junta de Gobierno. El 2 de Julio se encontraron en Guaranda, Lamar y Bolívar tuvieron felices expresiones y mantuvieron en todo tiempo una conversación cordialísima. Bolívar se sentía feliz, eufórico. Ya nada se interponía en su ambicioso plan de anexar Guayaquil a Colombia, como efectivamente realizó dos semanas más tarde, el 23 de Julio, apoyado en la fuerza de sus 1.300 soldados, tras lo cual intimó a “su amigo” Lamar que se hallaba tranquilamente descansando desde la semana anterior en su hacienda de Buijo, para que «abandone el suelo de Colombia,» de manera que éste volvió a establecerse en Lima.

En el interim se había producido la célebre entrevista de los libertadores Bolívar y San Martín, que al volver al Perú convocó al Congreso para renunciar el mando y retirarse a la vida privada. Este Congreso fue memorable pues llamó a Bolívar para que reinicie la campaña militar, contra los ejércitos realistas y designó presidente del Perú, a José Bernardo de Tagle y Portocarrero, V Marqués de Torre Tagle, que confirmó a Lamar en el grado de Mariscal y le dio el mando de las tropas insurgentes peruanas.

Lamar, en cambio, habiendo sido electo diputado por el departamento de Puno fue designado el 21 de septiembre de 1.822 presidente de la Junta Gubernativa del Perú.  Al enterarse Bolívar escribió a Santander: «Es el mejor hombre del mundo porque es tan buen militar como hombre civil. Es lo mejor que conozco.»

El 6 de noviembre Lamar contrajo matrimonio por poder con su novia de cuarenta y un años. Ella viajó a Lima y en enero de 1.823 hizo su ingreso con el boato propio de una primera dama de la nación y efectivamente lo era. Las calles por donde entró su carroza fueron engalanadas como a la antigua usanza y las autoridades de los dos Cabildos – el civil y el eclesiástico –  presentaron sus parabienes a nuestra paisana, que pasó llevada en triunfo a la mansión que antes habían ocupado los Virreyes, pero solo pudo ocuparla seis semanas pues el 27 de febrero ocurrió el motín militar de Balconcillo y la Junta se disolvió siendo reemplazada por la Jefatura del Mariscal José de la Riva Agüero y el General Antonio José de Sucre, que acababa de entrar en Lima con las primeras fuerzas militares colombianas. Este motín dejó ver que los partidarios de la independencia en el Perú requerían de un jefe militar más activo que Lamar.