115. La revolución de Bogotá

A raíz de los vergonzosos sucesos familiares ocurridos durante la entrevista de Bayona, en la cual el Rey Carlos IV ysu hijo Fernando Príncipe de Asturias renunciaron sus derechos en favor de Napoleón, éste designó nuevo rey de España a su hermano José Bonaparte, quien hizo su entrada en Madrid y empezó a gobernar, pero el pueblo se insurreccionó el 2 de mayo de 1.808 y comenzó la guerra de independencia. Numerosos españoles celebraron Cortes en Sevilla y tomaron el gobierno a cargo, pero ante el avance amenazador de las tropas francesas pocos meses después pasaron a sesionar en Cádiz y designaron Comisario Regio para Bogotá a Antonio de Villavicencio y Berástegui, quien arribó a Cartagena de Indias, instaló una Junta de Gobierno y emprendió camino a Bogotá, donde los patriotas más exaltados comenzaron a prepararle un grandioso recibimiento.

Entonces ocurrió la anécdota de los próceres Morales, pues habiendo salido el viernes 20 de Julio de 1810, a eso de las 11 1/2 de la mañana, don Francisco Morales y Fernández y su hijo Antonio Morales Galavís, a solicitar una contribución voluntaria para las fiestas que se ofrecerían a Villavicencio; el comerciante español José González Llorente, que tenía tienda en la calle Real, se enfadó y dijo que no daba y que ojalá se pudrieran los americanos, siendo castigado por Morales hijo con dos sonoras bofetadas y habiéndose arremolinado un gentío, alguien quiso linchar a González Llorente, que escapó a la casa de su vecino Lorenzo Marroquín y como era día de mercado y la calle estaba congestionada de gente, los criollos hicieron gran alboroto yelAlcalde Ordinario José Miguel Pey, subió a donde Marroquín y detuvo a González en nombre del rey, llevándole a la cárcel para su seguridad; pero el asunto había tomado cuerpo y el pueblo destrozaba las casas de José Trujillo y Ramón de la Infíesta, chapetones y conocidos usureros, apresando a éste último.

El Virrey Amar y Borbón temblaba en su palacio y por la noche concedió Cabildo abierto a los insurgentes que proclamaron la independencia, apresando a Juan Sámano, Jefe del Regimiento Auxiliar. Entonces Miguel de Pombo exclamó: «¿Qué hay que temer? Los tiranos perecen, los pueblos son eternos». José Acevedo y Gómez dijo: «Si se pierden estos momentos, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes. Ved los calabozos que os esperan (señalando la cárcel) y el pueblo le respondió: «La Junta, La Junta, Viva la Libertad.»

Un mes más tarde, en agosto, la Junta formada en Cartagena de Indias convocó a las demás Juntas de Nueva Granada a un Congreso Federal que debía reunirse en Medellín en septiembre, invitando a concurrir a todos los Cabildos granadinos y a los de Guayaquil y Maracaibo, con quienes les ligaban nexos comerciales por medio del Tribunal del Consulado.

El Congreso resolvería como punto principal si declaraba la independencia como lo había hecho la Junta de Bogotá o si por el contrario aceptaba a las Cortes de Cádiz como gobierno supremo y bajo la monarquía constitucional de Fernando VII llamado el Rey Deseado.

Esta malhadada convocatoria inició una larga disputa entre los criollos que formaron dos bandos irreconciliables. Unos con Cartagena federalista y otros con Bogotá centralistas, de donde salieron dos Congresos. El de Bogotá que presidía Jorge Lozano y después Antonio Nariño y el de Cartagena, mientras en el valle del Cauca el General Tacón mantenía un poderoso ejército realista para atacarlos, puesto que acababa de ser destruida la revolución quiteña.

El 11 de noviembre de 1811 el pueblo de Cartagena se levantó y destruyó el edificio de la odiada Inquisición, quemó sus archivos y liberó a los presos y el Cabildo sesionó y declaró la Independencia. El acta fue firmada por numerosos patriotas entre los que estaba Juan de Dios Amador y Rodríguez – Fúnez, recién nombrado Gobernador Civil de la plaza.

Feliz podía sentirse el Comisario Regio Antonio de Villavicencio, pues ello era el resultado de su obra. Lamentablemente, sobre este ilustre quiteño poco se conoce hasta ahora, a no ser que era hijo legítimo de Juan Fernando de Villavicencio y Guerrero, II Conde del Real Agrado, casado en Bogotá con Joaquina de Berástegui y Dávila, hija de un Oidor de esa Audiencia, quien tuvo la feliz iniciativa de fundar la Biblioteca Nacional de Colombia.

Villavicencio había nacido en enero de 1755, estudiado en el célebre Colegio del Rosario de Bogotá y luego viajado a España donde ingresó a la Marina, siendo Alférez y luego Segundo Ayudante del Mayor General de la Escuadra Española y con tal rango peleó en la célebre batalla de Trafalgar. Después fue Comisionado Regio, viajó a Nueva Granada y fundó la Junta de Gobierno de Cartagena, pero no le fue reconocida su calidad por la de Bogotá; sin embargo, luchó al lado de dichos patriotas en diferentes acciones de guerra, hasta que en 1815 formó parte del Triunvirato de Gobierno que presidió el Brigadier José Miguel Pey. Enseguida fue General en Jefe del Ejército en reserva y Consultor de Operaciones Militares. Había casado en Bogotá con Gabriela Barriga y Brito, aunque no tuvo descendencia y al morir fusilado por los españoles en 1816, su título nobiliario quedó vacante y así ha permanecido hasta nuestros días.