Zerega de Barniol María Luisa.

Por MARJORIE CORDOVA C.- Si rendir un homenaje póstumo a doña María Luisa Zerega de Barniol, implica necesariamente hablar de mi bisoña incursión en la música a los 16 años, voy a hacerlo con la ayuda generosa de mis amigos periodistas. En estos días que, para gozar de las vacaciones uno se aleja de la ciudad buscando la tranquilidad de la naturaleza, me sorprendió la noticia de su deceso; el corto tiempo con que contaba no me hubiera permitido recorrer los cientos de kilómetros para poder llegar a su sepelio. Cuánta nostalgia me causó la noticia de su muerte, hacía ya muchos años que no la había vuelto a ver, pero siempre me interesaba por su estado de salud; recordaba y tenía impresos, su rostro y sus dulces ojos pequeños, celestes y límpidos. ¿Cómo puede haberme motivado en mi carrera artística su voz? Para las cantantes cuando existe una buena escuela de técnica y profesionalismos, esos años no pesan y de esos casos tengo muchos ejemplos.

Cuando la conocí tendría cincuenta y más años y colaboraba con el afán noble e incansable de toda la vida de la señorita Lila Música”. “Hacer Música”. Era muy reducido y selecto el elemento que integraba el grupo coral “Pro Música” y cumplíamos con unos cuantos compromisos artísticos que nunca faltaban.

No conocí al maestro Negri, pero de pequeña había escuchado hablar de él en mi hogar. Luego también me nutrí de sus enseñanzas y ejemplo por intermedio de mis maestras; en mi vida me había soñado, cantando al lado de esta gran figura de la Lírica en nuestro medio, como lo era doña María Luisa Zerega de Barniol ¿Cuántas partituras y particcelas pasaron por mi mano, escritas con el puño y letra del maestro Negri? No sabría contestar. Su punto no era perfecto pero su música o lo que transcribía me sonaba celestial, sobre todo con doña María Luisa sentada a mi diestra y Nelly Argotti de Ulloa (otra voz maravillosa) sentada a mi siniestra; con esos dos “Puntales” (como decimos en el argor coral), nadie se pierde de camino, ni el más sordo; pero esa suerte tuve y se lo debo a la señorita Lila, así la llamamos cariñosamente quienes fuimos sus alumnas.

Hicimos en ese grupo de música más hermosa de Verdi, Beethoven, Angelo Negri, Schubet, etc., y sino sonaba más bonita en la voz de doña María Luisa ?. Era la esposa de mi maestro de coro en el Conservatorio Antonio Neumane, el profesor José Barniol, donde por méritos y cualidades naturales él, que eran exigente me había honrado en incluirme como miembro del coro, cuando cursaba el primer año en la especialización de canto con la Prof. Zobeida Jiménez (otra gran Diva con resonancia Internacional). Los ensayos con el grupo coral que dirigía la señorita Lila, se hacían en la Academia Santa Cecilia. Doña María Luisa ya estaba retirada del canto pero su voz, su personalidad como artista y por sobre todo su sencillez, era grande, como suelen ser las grandes Divas; seres sencillos y generosos con su arte; todo esto me sirvió de ejemplo y motivación valiosísima.

La escuela del Maestro Negri estaba latente y presente en todos los ensayos, es por esto que sigo humildemente que también me nutrí de sus enseñanzas a través de ellas, sobre todo, lo exigente y estricto de los ensayos, es honestidad para hacer interpretaciones correctas. Recuerdo a doña María Luisa decirle a la señorita Lila que hacía de guía y correpetidora: “otra vez por favor niña Lila (como cariñosamente la llamaba) estos últimos compases”, y los ensayos se prolongaban sin que el tiempo contara… Porque eso es hacer música, arte difícil y complejo, de mucha constancia. Me pregunto, ¿podremos doña María Luisa, volver a cantar juntas?… allá no contará la diferencia de edades y la experiencia… ¡Gloria y Paz en su tumba!.