Zavala Alvarado Juan Mariano.

Juan Mariano Zavala y Alvarado, que así se llama el espadachín, no tuvo padre legitimo, y, sobre esto a los tres años du edad, quedó huérfano de madre. Crio se con su tía Magdalena Alvarado, y los mimos de ésta, sin duda como ocurre de ordinario, o viciaron el carácter del niño o, por lo moros, contribuyeron a viciar más el que de la naturaleza recibió. Fara 1.779, año da su muerte, ya tenia sobre si una persecución de sacerdote, en la persona de un Padre Dominicano, unas heridas un zapatero, un roto de alhajas de la virgen del Rosario y la deshonra de una doncella. Vallejo encontró en Zavala materia abundante para ejercitar su autoridad, y lo redujo a la cárcel, manteniéndolo en con que enviarle deportado. Había fugado de la cárcel, limando los grillos con que estaba asegurado; un jueves, 23 de Diciembre de 1.779, casadas las tres de la tarde, bajaba el Gobernador a caballo , acompañado del aguacil y de un negro también a caballo, por la calle que llaman del Chorro hoy Juan Jaramillo y llegó a la que se halla dos cuadras antes de la Iglesia de la Concepción hoy esquina de San Alfonso.

En esa calle había un establecimiento de billar, al cual se entraba por una tienda, en la que estaba la mesa del juego, a la vista de todos los transeúntes. Al pasar Vallejo, divisó entre los jugadores a Zavala y, al punto, dio orden al Alguacil que se apeara y le tonara preso. Arteaga y no Arriaga muy conocedor de las cosas de los hombres de Cuenca, echó a pie a tierra y entro a la casa; por la puerta de la calle, con el intento descaer sorpresa sobre Zavala; introduciéndose a la tienda por la puerta que ponía a la pieza del juego en comunicación con el patio de la casa; vio Zabala al alguacil, soltó el taco y huyó; a la puerta tocó con el Gobernador; que se la atravesó para cortarle el paso: pero el mozo, con una ligereza admirable, tuvo con una mano al caballo en el que cabalgaba Vallejo, agachó la cabeza se escapó precipitadamente, tomando el medio de la calle y corriendo a todo correr; Vallejo espoleó a su caballo y se lanzó tras el prófugo; Zabala llegó a la puerta de la Iglesia de la Concepción, la empujó pretendiendo acogerse sagrado, la encontró cerrada y se resolvió para tomar por la calle que sube Plazuela de San Francisco, en este instante Vallejo le disparó un pistoletazo gritándole: “ah pícaro, dese usted preso”. Al recibir el tiro, Zabala alzando ambos brazos, exclam6; “Madre Santísima de Misericordia y cayó de espaldas al suelo. El negro Vallejo se acercó al momento y lo levantó, pero el desventurado joven exhaló su último aliento en brazos del esclavo de su matador. La bala le había causado en el pecho una herida mortal; tenía apenas veintidós años de edad. El Gobernador se asustó pero no perdió su valor ni su energía: mandó llevar el cadáver a la policía y dispuso se practicara el reconocimiento.

Entonces en Cuenca no había más que un sólo cirujano, que era el Padre Fray Santiago de las Aminas, Betlemita, y él fue quien hizo el examen del cadáver y declaró que Zabada había muerto de la herida causada por el balazo recibido en el pecho. Según la tradición, Vallejo estuvo a punto de ser castigado de su crinen la misma tarde de cometido. Dona Magdalena Alvarado, Ja tía de Zabala, mujer varonil, montó a caballo, y recorrió la ciudad, concitando al pueblo contra Vallejo, quien, gracias a sus milicias, salvó de la venganza y justa ira de Doña. Magdalena. El primero de Enero de 1.780, nueve días después de la muerte de Zabala, procedió el Cabildo a elegir Alcaldes Ordinarios, y lo hizo, en efecto, presidido por el Gobernador Vallejo. Los señores Torres Barba y Rada, arguyeron y dijeron de nulidad de la elección, una dos, y tres veces, por haber concurrido a ella sujetos inhabilitados, que son el señor Gobernador y el Alguacil Mayor, con vehementes sospecha de homicidio PERPETRADO, de que ya Torres y Barba, como Alcalde, había dado cuenta a1 Presidente Regente.” “La Audiencia comisionó, al Dr. Pedro Quiñones y Cienfuegos para que hiciera la pesquisa y sumario del crimen. El once de Enero de 1.780 sai16 de Quito el Juez Comisionado, y el 25 de Febrero se le obligo a Vallejo a alejarse d de Cuenca, señalándole para su residencia el Asiento de Alausí, mientras se concluían las diligencias judiciales. En efecto, éstas se terminaron: el homicidio quedó comprobado; pero el Tribunal Superior de Quito no se atrevió a pronunciar sentencia ninguna, declarando que el expediente se fallara cuando Vallejo fuera sometido a juicio de residencia por todo el tiempo de su gobernación. Zabala era desvalido, sus parientes eran pobres; las primeras declaraciones del sumario fueron tomadas por Vallejo, quien no podía menos estar interesado en cargar la memoria de su víctima con cuantas acusaciones le hicieran.