Zarzosa Maldonado.

Después de laborar durante 55 años como actor, expresa que su mayor deseo es morir en un escenario, pero le resultará poco probable cumplir esta aspiración porque desde hace 2 está sin trabajo. Oscar Guerra Maldonado, Zarzocita, vive en uno de los departamentos multifamiliares de El Tejar, en Quito. En su modesto hogar-lo habita solo-, hay una característica principal que la constituye un sinnúmero de menciones, diplomas y premios que cuelgan en las paredes; en el centro de la sala se destaca una pequeña figura de cerámica, es la de Don Evaristo Corral y Chancleta, aquel personaje que fue su compañero de comedias durante más de 30 años. Aunque Oscar Guerra ya tenía 4 hijos a los 65 años de edad, aún era soltero y en 1990 se casó por primera vez, sin embargo su matrimonio apenas duró 10 meses. “Todavía no me explico cómo pude casarme a esa edad. Mi carácter resultó incompatible con el de mi exesposa, ahora vivo solo y procuro adaptarme a ello”.

Sus inicios en el arte.- Guerra lamenta la situación de los actores nacionales: “Hay grandes artistas que están olvidados, o que han muerto y es como si no hubiese pasado nada”. Al nombrar algunos de éstos menciona a Toñito Pajarito, Antonio Cajamarca quien falleció recientemente y fue. su maestro. “Precisamente con Antonio Cajamarca me inicié en la actividad teatral cuando yo tenía 8 años de edad y él 23. ¿Cómo pudo morir sin que le hayan otorgado algún gran reconocimiento?”. Dice que desde ese inicio, en una época en la que no existía el cine, la televisión ni la radio, vivió en los teatros. “Era uno de los 14 hijos de un tramoyista del Teatro Sucre; yo andaba con mi papá y jugaba en los escenarios. Fui un ratón de teatro”. A los 15 años de edad ganó un concurso de actuación y solicitó participar en la categoría de adultos y logró el primer lugar. Posteriormente integró la Compañía de Teatro Gómez-Albán (que era de Ernesto Albán y su esposa). Después, cuando Guerra se formó como actor, llegó a ganar 3 sucres diarios. Zarzocita, actuó en 18 países, y en 7 de ellos, incluido Estados Unidos, lo hizo a nivel de televisión; participó en 5 largometrajes y sus principales roles los realizó en las Estampas de Don Evaristo interpretando a Zarzocita, el amigo de Evaristo Corral y Chancleta que compartía o refutaba los comentarios de éste, el cual era el típico “Chulla Quiteño” que transportaba al escenario las estampas de Quito.

Las comedias con Don Evaristo Las comedias que realizaba con Ernesto Albán contaban con una dosis de contenido social. “Siempre criticábamos al expresidente Velasco Ibarra, a las Juntas militares y a los Gobiernos que no favorecían completamente al pueblo”, indica Guerra. “A consecuencia de esas críticas fuimos detenidos por la policía en varias ocasiones; especialmente en el Cuartel Modelo de Guayaquil, incluso hay una estampa que se titula Evaristo al Cuartel Modelo. Esas capturas ocurrían sin que sospeche la prensa. A Ernesto lo encerraban en los servicios higiénicos y a mí, y a otros integrantes del elenco, nos mandaban con los delincuentes comunes. “Albán fue un gran director, un hombre respetuoso, como nadie. Si él estuviera vivo, cuánto se alegraría al ver que ahora hay tanto material de maravillas con el que podría realizar sus Estampas, por ejemplo los casos de corrupción política”, dice. Antes que él, otros actores ya habían interpretado el personaje de Zarzocita. Completaban el elenco de las Estampas: Doña Jesús a que era la esposa de Don Evaristo, La Marlene, El Quiroguita, entre otros. “Durante 25 años actué en los papeles de El Gringo y Zarzocita aunque ya habían sido creados 10 años antes que yo los interpretara”, anota.

Los golpes en el teatro Pese a las limitaciones que ahora vive, dice que sí ha disfrutado de lo que más ama, el teatro. “Uno de aquellos malos ratos, que son pocos, se dio en el teatro Nueve de Octubre de Guayaquil, cuando minutos antes de una presentación de la comedía Las locuras de Don Juan me llegó una comunicación desde Quito, en la que me informaban que uno de mis hijos, Jorge, de 8 años, había muerto. “Se me partió el alma, la función se retrasó porque no me podía controlar, sin embargo debía salir y actuar. Inicié la escena mientras el público aún protestaba, pero con las Estampas cambió de actitud y rio. “Otra vez actuábamos en Loja donde un niño, para eludir el pago del boleto de entrada, trató de ingresar a nuestro espectáculo por el techo del teatro construido de un material frágil, y al pisar sobre éste, cayó y murió. Fue triste.

Realizamos una función para ayudar con los gastos, a los familiares del menor”, recuerda. También fueron muchos los malos ratos ocasionados por las críticas que lanzaban a los políticos en las Estampas. En la presidencia de Galo Plaza Lasso, durante el terremoto en la provincia de Tungurahua, a finales de los años 40, realizaron una Estampa en la que denunciaban a “varios corruptos que se llevaron las donaciones para los afectados”. A una de las presentaciones acudió Plaza Lasso, y uno de los actores, de origen venezolano -que hacía de diputado opositor del gobierno-, no quiso actuar por temor a ser deportado. Luego de una larga espera empezó la comedia, pero alteramos las escenas donde se criticaba a quienes cometieron ese ilícito, nunca a Plaza, porque él no lo hizo”. “Parece que Galo Plaza conoció bien el argumento porque cuando acabamos la función y salimos del teatro, el intendente de Pichincha y varios policías nos esperaban con una orden de captura por estafa al público, ya que habíamos alterado la obra y no pre- sentamos lo que ofrecimos. Aunque éramos ‘plazistas’, criticábamos duro a ese gobierno como lo hicimos con el de Velasco Ibarra”, comenta, “En otra época posterior, presentamos la comedia El Superintendente, cuando Bucaram Ortiz era intendente del Guayas. Era una crítica a este persona- je que le tomábamos el pelo fuertemente. Cierta ocasión acudió a ver la Estampa y nos retrasamos, por temor a que reaccione furioso. Al día siguiente recibimos un memorándum en el que nos llamó la atención por empezar atrasados”, indica Oscar Guerra.

Uno de sus mayores recuerdos es del día en el que participó en el radioteatro La guerra de dos mundos de Hebert Wells, que emitía Radio Quito, cuando le imitó la voz del entonces alcalde de la capital, Ricardo Chiriboga Villagómez, para anunciar una supuesta invasión interplanetaria. “Quienes me escucharon creyeron que los extraterrestres habían venido y que se trataba de una noticia real. Eso produjo una conmoción en toda la ciudad quiteña. Pero cuando el público se enteró de que era solo una novela, se enfureció e incendió el local de la emisora. “Murieron varias personas, y yo me puede salvar gracias a que escapé por una claraboya del techo. “Jamás pensamos ofender al público, peor decir malas palabras, porque no hay necesidad de utilizar grosería”. Entre las Estampas que mayor polémica causaron recuerda Evaristo en el Congreso, La devaluación, El superintendente, entre otras.

Su trayectoria.- Además de los 33 años que integró la Compañía de Comedias Gómez-Albán, actuó en teatro dramático y radioteatro. Realizó presentaciones en el Madison Square Garden de Estados Unidos, en el Festival de la risa y la canción; en el Palladium de Los Ángeles, donde logró La palma de oro; en el Town Hall y el Queen’s Plaza de New York, entre otros. Su primera interpretación fue de Baldo- mero, en la obra Los mirasoles, en 1942, mientras que en el género clásico empezó con La niña boba, de Lope de Vega. Entre las compañías que ha integrado recuerda la del Mago Chang, la de Anita Lasalle, la Compañía de Teatro Español María Guerrero. A nivel de televisión trabajó en Radio Caracas Televisión y Canal 5 de televisión en Venezuela; en la Cadena Azul, de La Habana, Cuba; en el Canal 43 de Estados Unidos; además en República Dominicana y Guatemala. Ha recibido varios premios y menciones. Considera que el mayor reconocimiento que ha recibido constituye ganar el Festival of Music and Sound en Hollywood, en 1966. En los 33 años de trabajo con Ernesto Albán, se presentó en los más grandes escenarios de América y con grandes artistas: Javier Solís, Mario Alemán, Antonio Aguilar, Leopoldo Fernández Tres Patines, entre otros; y realizó cinco largometrajes.