Zabala Simón.

No todos los que escriben poesía son poetas. El poeta es un lector encajona: do en los libros, perdurándose en lo efímero de las palabras y la cosecha eterna de vivencias tenaces, de mortales amarguras, de soledades puestas a pie de labios. Pero hay quienes viven a un poeta dentro de sí -aún sin escribir poesias- Estos señores son poetas en una forma de vida. Esta reflexión a propósito de Simón Zavala Guzmán, poeta, y de sus dos últimos libros Lascivos” y “Fisonomías” Es el constante caminar. La continúa búsqueda, el trabajo que perdura, el adagio de ser recordado (lo que se podría llamar la inmortalidad) en la poesía. De sus dos libros, con la preferencia abierta para todos sus lectores, yo me quedo con “Las civos”, tomando a “Fisonomías” con más debilidad en el lenguaje, pero más anchura en los parajes de vida, de conciencia en el ser humano. “Lascivos” es uno de los libros de poesía erótica más bellos que he leído. Una hilación en cadena, que se despatarra como una carreta vieja en constante movimiento. La poesía de este libro sugiere movimiento, cambio, colores, negruras, vientos cálidos, frescos amaneceres. Lo burdo del lenguaje no está en la palabra sino en la intención. Simón Zavala desgrana el meollo medular de los textos y los condensa en poesía liquida, tenaz, partida en hondos ronquidos, aclimatando una sensualidad, en el lector, apasionada.

Pero no es el erotismo por el erotismo. Aquí nos quedamos un poco. Comparemos la descripción con la situación vivificada. La anatomía humana, en la poesía erótica, es secundaria en relación al acto de vida (el se- xo en su conjunto es esplendor de nuevos encuentros y descubrimientos). Para que describir algo que cada pareja inventa a la hora de las horas. Zavala trae el texto repleto de imágenes rehenes de la lengua del poeta trabajador. Para Simón, este libro es la bomba. El plato que buscaba para lanzar el entronque de su verso. “Dónde está la clave? Dónde! tu/ cuerpo?/ En qué escondida madrigada re posa?/ En qué parte de mi garganta/ Se hace melodía/ multiplicada voz/ pezón/ deseo?.” Tal vez su clandestino verso se dirija a parajes camales y falte aún el poema del soltarse y transcenderse. Del hacer al amor el invento preciso, deformándose en el nacer y en el vivir. Textos bellos, sanos, para moverse, para romperse en el éxtasis. Textos “Lascivos” para pensar menos y sentir más. “Fisonomías” en cambio, es la filosofía profunda, que siempre caracterizó a Zavala Guzmán. El adagio largo, la sensibilidad en los anchos caminos de sus labios, la larga sonrisa de sus sentidos expuestos al mundo, gritando audacias y desacuerdos. Largos soliloquios de textualización libre, fonética, reiterativa, con discusión en la ancha hondura, serían, a media voz, rasgos característicos del libro. Hay textos que recuerdan, añoran, sugiere el pasado, historias intimas que se vuelven sociales. Es el amor al ser humano, el camino de Zavala. Siempre fue buscador y profanador de enigmas, de sintagmas ya adobados por el olvido.

Siempre soñó los pocos sueños -que ahora son pesadillas- de la libertad y el cambio: esa suerte de seguir soñando en la unión social, en el “CHE”, en las utopías y las ideologías que han terminado por desvanecerse en el térmico mundo de las ideas y los conjuros pasados. “El poeta ha vuelto sobre sus pasos/ su frontera por ahora no tiene dudas/ está en el corazón de la tierra/ un oleaje de astros lo acompaña/ y hurga/ hurga/ en este inmenso funeral terreno”. Imágenes redondas, secuenciales, si el impartimiento sintáctico de la puntuación, el lenguaje de Zavala da el efecto de hacer entender lo que se dice, poniendo la cesura en el lugar que diga la membrana sensible del hipotálamo. Este es el trabajar maduro del poeta -Poeta lector- verdadero. (Sólo pocos pueden ser poetas como Simón Zavala, de esos que así no escribieran un solo verso, se los siente, únicamente, poetas)