YEROVI PINTADO; José María


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En Quito fue bautizado el día 12 de abril de 1819. hija de Joaquin Yerovi y Camacho y de Josefa Pintado y Camacho.
Es verosímil que concurriera por algún tiempo a la que regían los Rs.Ps.
Mercedarios y que conservaba renombre en la ciudad. La guerra de la Independencia había arruinado todos los planteles: la miseria general, que fue su consecuencia, acabó por disminuir el ya escaso material escolar de que disponían los establecimientos de la época, desde 1825.- Se matriculó en el Convictorio de San Fernando en el año de 1830. Su profesor de latinidad era José Vázquez. En el año escolar de 1833 y 1834 tuvo como maestro al célebre «Padre Ángulo» (1802-1877) y logró atraer desde el primer día la atención de su maestro el Dr. Manuel Angilo, quien el 1° de Septiembre de 1834 emitió el certificado «usual en términos inusitados, con calurosa simpatía hacia el novel educando, que no obstante su corta
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edad se había distinguido por su aplicación y puntualidad y por su “conducta inocente”. Estudió un trienio, intervenido en un certamen tuvo por compañero de prueba y triunfo a Manuel Jesús Arce Asis tiempo al acto, bajo la presidencia del catedrático más antiguo doctor Juan Manuel de la Gala, médico notable y los doctores Perreño, Pérez, y Ángulo. En el tercer año de filosofía fue su profesor de física el Dr. José Parreño. El certamen, presidido por el vicerrectorado Dr.Manuel Carrión, verso acerca de toda la física; y el programa corre impreso en un pequeño folleto cuyo título es “CERTAMEN LITERARIO EN QUE LOS ESTUDIANTES DE TERCER AÑO DE FILOSOFÍA DE ESTA PUBLICA UNIVERSIDAD LORENZO ESPINOZA Y JOSÉ MARÍA YEROVI SOSTENDRÁN LAS SIGUIENTES DOCTRINAS QUE SE HAN ENTRESACADO DE LAS LECCIONES DE FÍSICA DADAS POR SU CATEDRÁTICO EL SEÑOR DDR. JOSE PARREÑO.
El día 30 de julio de 1835 Quito Imprenta de la Universidad”. El 17 de noviembre de 1835 rindió su grados de maestros en Filosofía, mereciendo
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Las más altas calificaciones, 4A. El cuerpo docente premió su consagración al estudio exonerándolo de derechos de exámen. Había concluido en edad temprana, cuando apenas frisaba con los diez y seis años, sus estudios medios y los había terminado con brillo superior a sus edad y a sus circunstancias. Tocandole elegir el derrotero para su vida. Preservado prodigiosamente de la temerosa crisis de la pubertad y libertinaje en que naufragaba gran parte de los jóvenes de su época, sintió inclinación al estudio de las leyes ingresando a la Universidad. Fue su maestro de Derecho Civil el Dr. Manuel Checa. Un año más tarde, el 4 de julio, presentó a igualdad con varios discípulos y obtuvo plena aprobación, presidido por el Vicerrector de la Universidad Dr. de la Gala. El 2 de julio de 1838 presentaron certámen de Derecho Civil bajo la dirección del propio Dr. Checa, y ante el Directorio General de estudios Dr. José Fernandéz Salvador, él y sus compañeros Antonio Gómez de la Torre, Juan Borja y Lorenzo
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Espinoza de los Monteros. Todos alcanzaron la calificación mejor o sea 4A. Según el testimonio otorgado por el profesor Checa el 10 de junio de 1839, Yerovi había correspondido plenamente a sus anhelos.. El Derecho Canónico lo cursó bajo la dirección de los doctores José Parreño e Ignacio Ochoa. Concluídos los cursos universitarios de lo que podemos llamar la teoría jurídica y de ciencias públicas hizo el 16 de julio de 1840 su tentativa previa a la obtención del título de Bachiller en jurisprudencia con el lucimiento que era de esperarse después de tan brillante carrera. Apenas tenía 19 años. El título de Bachiller habilita entonces para comenzar la práctica forense, que se hacía en triple forma y durante un cuatrienio, mediante la asistencia a la Academia de Derecho Práctico, a la Corte Suprema y al despacho de un abogado competente. El 23 de Julio de 1840 se matriculó en la Secretaría de la Corte Suprema para escuchar las relaciones de las causas civiles y criminales; y el 24 del mismo mes en la A
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cademia de Derecho Práctico. Se cuenta que a un certamen de él sobre Literatura asistió el Representante de Nueva Granada Dr. Rufino Cuervo Y que dijo a los profesores de la Universidad. Es fuerza confesar que este joven posee más conocimientos literarios que todos nosotros “por esta época Yerovi Leía alguna obra de voltaire “para hacer la refutación de las concepciones del filósofo francés” y manifestaba que ya no era posible tener en la fé del carbonero; tocaba muy bien la vihuela pero la desencordo por creerla un instrumento profano. Era pues espíritu alegre y regocijado, con tal cual dejó de melancolía en ocasiones mucho misticismo de aldea y de la música había constituido una de sus diversiones predilectas.
El sábado 25 de Febrero de 1843, ante el Tribunal presidido por el Vicerrector de la Gala, rindió su exámen de doctor in utroque jure. canónico y civil, mereciendo la más alta nota, la 7A. Más ora por incuria, ora, tal vez, por escasez de recursos, el título no lo retiró sino el 6 de julio de 1844. Está firmado por el Rector
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de la Universidad, Obispo electo de Cuenca, antiguo Capellán del Libertador y Deán de Quito, doctor doctor Pedro Antonio Torres, que tantas vicisitudes había de pasar luego en la República. El 25 de septiembre de 1842, en efecto, congregados en la Academia de Derecho Práctico, los Sres. Dres. Ramón Borja, Director, Manuel Bustamante y José Antonio Lozada, procedieron al examen práctico del Dr, Yerovi, previa calificación de los requisitos exigidos por la ley para que el aspirante fuese declarado apto. Impone la
ley que una autoridad certificase acerca del comportamiento del candidato al ejercicio de la abogacía; y tocó al Corregidor del Cantón Quito, don Juan Antonio Caamaño, dejar la constancia de que «el doctor José Maria Yeroví es un joven de conducta bien arreglada, por cuya recomendación goza de mejor concepto público? Dicho certificado tuvo que repetirlo juratoriamente, a petición del severo fiscal de la Corte Suprema, Dr. Ramón Miño; y cumplido este requisito, el más encumbrado de nuestros tribunales señaló
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el día 8 de Agosto para que diese el examen público de jurisprudencia teórico y práctico, previo al grado de abogado. En efecto, en la fecha prefijada, ante el Tribunal compuesto por los Dres. Joaquín Gutiérrez, Victor Félix de San Miguel, Luis de Saa, Miguel Alvarado y Vicente López Merino, Ministros Jueces, y Ramón Miño, fiscal, satisfizo brillantemente todas las preguntas que le hicieron los severos examinadores . Resultó «plenamente aprobado» en el escrutinio legal; y prestó luego el juramento de estilo.
El Ilmo. señor Arsenio Andrade, más tarde, Obispo de Riobamba, dice de Yerovi: «al terminar sus estudios profesionales se dió a una vida no inmoral pero un tanto disipada. Sin duda los triunfos obtenidos en la Universidad le desvanecieron un poco, y empezó a soñar con sueños de grandeza terrenal y tal vez de gozos, aunque legítimos». Recibido de Abogado, salió a visitar, en compañía de varios jóvenes la provincia de Imbabura y fue invitado a conocer el lago de Cuicocha. Encontraron allí dos balsas
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vieja la una y nueva Ia otra. Tomaron esta última casi todos quedaron en tierra José María y un compañero, pero envidiosos de la alegría con que los otros bogaban la balsa vieja y en ella llegaron alegremente también a la isla situada en medio del lago. al saltar, el compañero dio un traspié, empujo la balsa aguas adentro y la hizo librar. Yerovi clamó socorro, mientras llegaban los amigos para socorrerlo, el sol, en su ocaso, tiño de rojo las aguas. Yerovi creyó ver en ellas las hoguera eternas. Tal era el espanto de que fue sobrecogido, que temblaba y no podía saltar a la otra balsa. Al fin saltó, pero no ya alegre y parlero como antes sino taciturno y como quien resuelve en su mente pensamientos muy graves: en efecto él meditaba en que poco le había faltado para descender ese día a los fuetos sempiternos.
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Al siguiente día determinó regresar a Quito y no fueron poderosas las instancias y observaciones de sus compañeros para detenerle junto a ellos. Llegado al seno de su familia, sin pérdida de tiempo se dio a los arreglos de su conciencia. Desembarazado de toda inquietud, pensó buscar un camino más seguro para servir a Dios y salvar su alma y así tomó la resolución de abrazar el estado eclesiástico abandonado el foro.
Su padre se opuso pero su madre consta por un documento posterior, la carta de José María fechada el 30 de junio de 1854, que convino “gustosamente” en su ordenación. Conjeturamos, en fin, que don Joaquin no accedió con facilidad a proveer a su hijo de la congruencia necesaria. Los intereses de la familia estaban en absoluto desmedro, y era preciso hipotecar uno de los fondos en favor de la iglesia.
En la escritura del 6 de mayo de 1845 celebrada ante el escribano don Mariano Santa Cruz en Quito dice don Joaquín.
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deseando cooperar al remedio del señor José María Yerovi, su hijo legítimo para que pueda continuar su carrera, y obtener la investidura del sacro presbiterado, que por falta de la necesaria congrua sustentación requerida en estos casos por el Santo Concilio de Trento, no lo ha podido verificar. Con este objeto hipotecó señaladamente el predio “Atocha” de la parroquia de Cusubamba en la jurisdicción de Latacunga. Obtenida la aquiescencia de sus padres, el Dr. Yerovi partió para los fundos de la familia, a fin de vigilar los intereses de estos, y sobre todo, para dedicarse allí tranquilamente al estudio de las materias respecto de las cuales había de verificarse el examen sinodal. El 7 de mayo de 1845 suplicó al Prelado, Ilmo. Señor Arteta y Calisto, que mandase recibir información sobre su “legitimidad, vida, costumbres y demás requisitos”, a fin de que por su mérito se sirviese conferir las órdenes Sagradas. El obispo manifestó que el ingreso de Yerovi en el estado sacerdotal sería insigne beneficio para la Iglesia; y
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mando en consecuencia, el 16 de Mayo de 1845, que bajo la dirección del Comendador de la Recolección Mercedaria, fray Pafael Jaramillo hiciese por diez días los ejercicios espirituales de San Ignacio, Rendido el examen sinodal, aprobada la congrua, corridas las proclamas para descubrir si había algún impedimento que dificultara el acceso al sacerdocio, comprobado una vez más con el certificado del párroco propio de Yerovi, el de San Sebastián, Dr. Camilo Quintana, que su conducta moral es generalmente acreditada es promovida al Sacerdocio.- Luego el 17 de enero de 1846, el Ilmo. Señor Arteta, lo nombró para Cura interino de Guano. Propuesto en nota del 1° de Diciembre de 1846 por el Arzobispo Arteta para la terna del Curato de Pomasqui con
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los Dres. Ciro Mestanza e Ignacio Jaramillo. El Ministerio accedió a la designación el 15 del propio mes y el nuevo párroco se trasladó inmediatamente a su cargo, donde debía permanecer catorce meses, dedicado íntegramente con olvido absoluto de sí mismo a sus augustos y oscuros deberes. Por esta época colabora en «El Monitor Eclesiastico», periódico que había comenzado a ver la luz el 29 de Octubre de 1845 y duró hasta el año 16 de diciembre de 1847, en que salió de las prensas el Núm. 28. La aparición del Monitor fue obra de un grupo de sacerdotes, presididos por el Dr. José Chica quien se dirigió al Ministerio del interior para que autorizara el establecimiento de la sociedad; más el Ministro dejó la resolución al juicio de las Cámaras Legislativas. El 23 de febrero de 1846 había presentado al Ilmo. para aceptar la promoción a la Capellanía de Monjas conceptas de la ciudad de Ibarra donde trabajó algún tiempo hasta que
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El 19 de Octubre de 1850 fue elegido diputado suplente por Imbabura el 22 de diciembre de 1853 el Arzobispo Garaicoa, conferido el pase ministerial pudo extender el nombramiento de Vicario Apostolico de Guayaquil a favor de Yerovi eclediastico muy conocido por su moderación, tino y Circunscripción en el manejo del servicio de la Iglesia”. Al día siguiente informó haber obtenido el referido triunfo de la designación del Dr. Yerovi, “eclesiatico digno de esta confianza por su saber y notorias virtudes”, Guayaquil estaba de plácemes después de larga y ominosa acefalía. El Dr. Yerovi con el Dr. Antonio Tomás Iturrarlde, a la sazón Canónigo de la Catedral de Quito, el pacto solemne de ir ambos a Colombia, con el fin de entrar en la congregación del Oratorio de San Felipe Neri Largo y molesto, sobre todo para un convaleciente como Yerovi debió de ser el viaje de Guayaquil a Pasto. No sabemos cómo lo hizo, ni cuánto tiempo empleó en él. Después de corta navegación tuvo que desembarcar, seguramente en Tumaco o Buenaventura.
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tan fuerte en la guerra, como acogedora y hospitalaria en la paz. Separada de los grandes centros de la vida política, conservaba Pasto sus caracteres de ciudad colonial profundamente religiosa. El 1° de octubre de 1854 fue admitido a la primera prueba, después de haber estado «más de cuatro meses en esta Congregación en calidad de huésped». Adquirió el arte de la predicación apostólica, sencilla y llana, encaminada a no agradar, ni lisonjear los oídos de la multitud, sino a transformar e ilustrar,las almas. Allí en Pasto el sacerdote ecuatoriano profundizó la Escritura Sagrada que, en su corta formación clerical, sólo había tenido tiempo de estudiar a medias y de prisa, sin descubrir por lo mismo, sus tesoros. En esa misma ciudad prosiguió la maceración de su propio cuerpo que, según testimonios dignos de fe, comenzó en Ibarra, En el primer proceso consta la declaración de la señora Carmen Rojas, quien refiere que su Primo Carlos Posero le preparaba los cilicios con que castigaba su carne. El 13 de Enero de 1862, después de ocho años de Congregante, salió con el objeto de una misión; y después
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y después él mismo se declaró expropiado de esta congregación, y para que así conste lo firmó a trece de mayo de 1862 Manuel Maria de Guzman.En el Colegio de Misioneros de S. Joaquín de Cali, a 12 de Octubre de 1862. El M.. Fr. Manuel María Ayerve Presidente Cuardián, en presencia de la comunidad, reunida capitularmente en la Capilla interior, con acuerdo del Vble.
Discretorio, a las tres y media de la tarde, dió el hábito de novicio a Fr.José María Yerovi, Pbro. mayor de cuarenta años, habiendo precedido la práctica de estilo, y para que conste lo firmaron el P. Presidente Guardián, el P. Maestro y el mismo novicio.Fr. Manuel Maria Ayerve. Fr. León Sardi, Maestros y el mismo de Novicios. José Maria Yerovil sin embargo al poco tiempo fué aprehendido con otros religiosos, y luego tuvo que tomar el bordón del peregrino para buscar en el puerto de Buenaventura un barco que le llevase a Lima. Al puerto llegó en graves condiciones de salud. En el viaje de Cali a Lima tuvo que soportar muchas penalidades. En tierra caminaba a pie y en el mar sobre cubierta, a pesar de que venía atormentado.
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con calenturas intermitentes. Viéndolo un sacerdote que navegaba en el mismo vapor, tan macilento, tan pobre en su vestuario, tan recogido y con señales de una salud perdida, quiso cerciorarse de si en verdad estaba enfermo, para prestarle ayuda. El sacerdote creyó que era un hermano conversor y quedó sorprendido cuando supo que era Yerovi de quien había oído hablar grandes cosas. Le respondía las preguntas con tranquilidad, sencillez y dulzura.

En seguida fue a comunicar a otros navegantes lo que acababa de ver y provocó una suscripción para atender a la mayor comodidad del religioso desvalido.
Reunió en efecto, la suma necesaria para pasarlo a segundo pasaje, en donde tuvo como maestro de novicios, durante tres meses, al famoso religioso español fray María Massia y al fin, pudo ingresar Yerovi a la comunidad franciscana. Su acta de profesión religiosa del P. Yerovi dice así:
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“En este apostólico Colegio de Sta, María de las Angeles de Lima, el día 13 de octubre de 1863, reunida la Comunidad en el Coro de la Iglesia de nuestra Seráfica regla o instituto, en manos del M.R. P. Guardián fray Benardino Gonzalez el novicio Fr. José María de Jesús Yerovi, presbítero, quien habiendo tomado el hábito de aprobación el día 22 de octubre de 1862 en el Colegio de misiones de San Joaquín de Calí Yerovi vive en el convento de Lima algunos meses y es comisionado por el Guardián para visitar, volvió a Lima y en 1864 el P. La cual permitió que un grupo de religiosos, presididos por el P. Yerovi, en calidad de Visitador y Presidente del Capítulo se traslade a Calí para restablecer el Convento suprimido. Creyó sin duda de que las circunstancias de los Estados Unidos Colombianos habían mejorado y que podría restaurarse ese hogar de la virtud y de la doctrina evangélica. Yerovi llevó como colaboradores a los PP. López y Ortíz y poco tiempo permaneció tranquilo en su Convento de Cali ya que los vaivenes de la Revolución envolvieron esa casa de
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plegaria y santa penitencia y fue expulsado de nuevo. Se repitieron las escenas de dolor del viaje precedente y otra vez tuvo que recorrer, en largos días barrizales y pantanos, ríos y tierras palúdicas, a lomo de fatigadas bestias de alquiler, bajo el sol canicular del litoral granadino o, lo que es peor, a pie, como los desventurados moradores de los abrasados bajíos. Volvió pues a Lima donde otra vez recibió generosa hospitalidad de sus hermanos.. El 11 de Agosto de 1865 comunicó a su hermano Antonio, refugiado en Paita, y que felizmente no había tomado parte en los sangrientos sucesos que tuvieron trágico remate en las aguas de Jambelí, que el día 25 se embarcaría con rumbo al Ecuador. Porque la Santa Sede le había designado Administrador Apóstólico de la nueva diócesis de Ibarra. Más entre la Asamblea procedió a la elección de Obispos. En la sesión el 25 de febrero de 1861 se
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Verificaron las designaciones principales por el Arzobispo de Quito, Vacante por la muerte de Ilmo. Señor Garaicoa, eligiendolo el Ilmo. Señor Dr. José María Riofrio y al Dr. José Maria Yerovi, obispo auxiliar de la arquidiócesis con tal motivo salió de Lima, el 24 de agosto de 1865. Llegando a Guayaquil, en unión de dos sacerdotes de su Orden y un hermano lego y rehuyó toda clase de manifestaciones sociales; quedándose en el barco hasta la entrada de la noche y al día siguiente muy temprano, se embarcó para Babahoyo y desde allí prosiguió a pie con dirección a Quito, hacía verano y buena sección de la carretera iniciada por García Moreno estaba construida. Sin embargo, que ansiaba tener ocasión de mortificar más y más su frágil cuerpo, procuró que su peregrinación fuese realmente dolorosa. Pordioseaba para buscar su alimento acostándose en el suelo de las miserias posadas de la época y se cubría apenas con el manto franciscano. Seguía además las reglas de la comunidad, sin faltar a ninguna. Las largas jornadas no le eran óbice
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para cumplir íntegramente sus deberes, como si estuviese en la vida de su convento.Tan humilde eras milde era su talante que logró en ocasiones engañar a algunas personas respecto a su alta calidad y merecer, en cambio manifestaciones de cierto desdén. En Tungurahua, un párroco lo señaló de miserable alojamiento hasta que por su compañero fidelísimo de viaje, Don Manuel Villalba, descubrió quién era realmente el peregrino, entonces lo llevó al piso superior de la casa. Llegado A Quito por la noche, entró al Convento de San Diego a la mortecina luz de los viejos candiles; La ciudad natal entera, su familia y amigos, quedaron edificados con las virtudes que, a pesar del recato del santo asceta, se adivinaban en sus actos, maneras y ademanes.
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La preconización del Ilmo. señor Yerovi para Obispo de Sidonia y coadjutor del arzobispado, se verificó el 25 de septiembre de 1865 las y las bulas se expidieron el 7 de Octubre siguiente. La carta autógrafa de Pio IX al Presidente Jeronimo Carrión, comunicandole el nombramiento, lleva fecha de 27 de marzo de 1866. Sin embargo hasta el 15 de mayo no sabía el Gobierno oficialmente la preconización, y en dicha fecha se dirigió el Ministro doctor Manuel Bustamante el Padre Yerovi preguntándole indiscretamente cual era la verdad al respecto, a fin de “Proceder con seguridad en la presentación de otro eclesiastico”, en lugar de él, para el referido obispado.
Después de llenado los requisitos canónicos, se efectuó el día domingo 5 de agosto, como lo había deseado y previsto el P. Yerovi por ser fiesta de N. Señora de
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las Nieves. El acontecimiento fue extraordinario, en muchos años no había admirado Quito la espléndida liturgia de dicho acto poco tiempo después. El 18 de junio de 1867. acometió al Obispo una colerina, dada su debilidad general, trajo en pocas horas peligro inminente de muerte. Puede ser que se tratara de verdadero cólera- morbo, como afirma el entonces Secretario del Cabildo y futuro Déan Ramón Acevedo, o derrame biliar según asevera el Ilmo. El señor Arsenio Andrade, quien refiere que aprovechando un momento de mejoría en virtud de los ingentes esfuerzos que hizo la ciencia del Dr. Javier Eguiguren para salvarlo, lo visitó y manifestó su alegría de que comenzará a restablecerse. Más el Obispo dijo: «es cierta mi mejoría; pero tengo decadencia de fuerzas bastante para matarme». A las cinco de la mañana del 20 rindió sosegadamente su espíritu al Creador, después de haberse comulgado en la tarde anterior de manos del célebre P. fray Mariano Auz, según declaración de testigos en los procesos de beatificación, del venerable Obispo
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sintiéndose ya próximo a la agonía, mandó entonar el Te Deum, supremo principio de libertad.