WOLF TEODORO


WOLF TEODORO (1841-1924)
Nació el 13 de febrero de 1841, en Alemania, en los territorios del Principado
de Württemberg. Falleció en Dresden, el 22 de junio de 1924.
Su educación fue eminentemente religiosa, alumno e integrante de la
Compañia de Jesús. García Moreno había fundado la Escuela Politécnica y Teodoro Wolf inició su actividad docente, en aquel alto centro de Quito, el 19 de octubre de 1868.
Una interesante semblanza del sabio alemán publica el Dr. Rodolfo Pérez Pimentel, Presidente del Patronato Histórico de Guayaquil, en la reedición de la «Geografía y Geología del Ecuador, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, agosto 9 de 1976, bajo la revisión actualizada, en sus correspondientes campos, del Myr. Francisco Sampedro, geógrafo-cartógrafo; Cap. Carlos Blandín Landivar, climatólogo; Dr. Misael Acosta Solis, geobotánico; Dr. José Muñoz, químico-balneología; Prof. Francisco Teran, geógrafo; Dr. Jorge Salvador Lara, historiador. Dicho Patronato fue quien hizo la sugerencia para la publicación. La edición primera data de 1892, Leipzig, y cuenta con el auspicio del Gobierno ecuatoriano. Este libro es fundamental en el conocimiento del ramo, integra a su autor a la cultura ecuatoriana en sitial distinguido. Wolf, en más de una ocasión, se sintió compatriota nuestro. Ha quedado aquí descendencia
Estas referencias del Dr. Pérez Pimentel demuestran la complexión de investigador que caracterizó a Wolf: «El «sabio» Wolf, como ya le conocen en Quito, también es hombre activo y a la par que escribe, dicta sus cátedras, publica obras, viaja sin descanso por la Provincia del Pichincha y realiza muy valiosos hallazgos; él misino relata lo ocurrido en Chalang: «El lugar más interesante y más rico es la quebrada de Chalang cerca de Punín. De ella saqué en 1871 tantos huesos, que pude llevar dos cajones grandes al museo de Quito donde deben existir todavía. Reconocí entre ellos el «Mastodom dium», un caballo extinguido («Equus Quitensis»), dos especies de venado («Cervus Chimborazi» y «C. Riobambensis» m.), y un armadillo muy grande, que llamé «Daypas magnus» (al menos dos veces más grande que el armadillo actual). Del último, así como del caballo, encontré esqueletos casi completos; pero por lo común los huesos se hallan disjuntos y esparcidos por la toba. Una descripción de esta fauna interesante comenzada y ya muy adelantada, quedó inconclusa por mi separación de la Universidad de Quito».
No le faltó la incomprensión y hasta la envidia, tan connaturales a los grandes hombres. Augusto N. Martinez informa lo siguiente: «Exponía Wolf los fundamentos de la doctrina darwiniana jamás oída en el Ecuador hasta entonces, cuando notó que en la puerta del salón había dos sacerdotes que no se atrevían a entrar. Eran los canónigos Drs. Leopoldo Freile y Nicolás Tobar, altas dignidades de la Iglesia Metropolitana de Quito. Este acto impropio de ambos canónigos irritó sobremanera a Wolf exaltando su cólera y mal humor habitual por lo que cortó el hilo de la conferencia y con voz airada exclamó: «Señores, si Uds. vienen como discípulos entren y no se queden afuera; o si quieren discutir conmigo sobre las doctrinas científicas que expongo en estas conferencias también estoy listo para ello, pero no aquí sino en mi cuarto que Uds, conocen tan bien». Los canónigos sin contestar palabra se esbozaron en sus amplios manteos, dieron media vuelta y se marcharon. Después se dijo que habían llegado a oídos del grandísimo Arzobispo Checa y Barba noticias de que el Dr. Wolf en sus conferencias dictaba doctrinas anticatólicas y disolventes.
Para cerciorarse de la verdad había comisionado entonces a los dos canónigos que tan mal fueron recibidos por Wolf. ¿Cuál fue el resultado del incidente? La conferencia aquella fue la última y poco después Wolf abandonaba para siempre la Compañía de Jesús «con el mismo placer que debe experimentar el presidiario cuando sale de la prisión», palabras que oí del maestro, algunos años más tarde, en Guayaquil».
Reside en el principal puerto. Ya de ciudadano laico engrosa las filas del Protestantismo. Su contribución a la ciencia nacional es admirable y digna del elogio perpetuo. El Gobierno le declaró «ciudadano ecuatoriano de honor».
Entre su admirable producción, toda ella producto de investigaciones de campo, estos títulos: «Viajes por Manabí», «Azuay», «Esmeraldas», «Apuntes sobre el clima de las islas Galápagos» , »Memoria sobre las islas Galápagos». «Viaje científico por Loja», «Memoria sobre el Cotopaxi y su última erupción», «Relación de un viaje geognóstico por la provincia del Guayas», «Crónica de los fenomenos volcanicos y temblores en el Ecuador», Monografía de la Especie Potentilla». También ejerció el periodismo.