WOLF BAUR TEODORO

GEOLOGO Y GEOGRAFO.- Nació en Bartolomé Rauhe Alb, parte del Jura alemán, en el entonces Principado soberano de Wurtemberg, el 13 de Enero de 1841. Hijo legitimo de Franz Joseph Wolf Brussle, maestro de escuela católico y de Mariana Baur Grimminger. Muy joven aprendió a leer y a escribir con su padre y en 1854 viajó a Gnund, Suabia, para ingresar al Convictorio gratuito de Ehigen, muy cerca de Rottweil, a tiempo que era clausurado. En tales circunstancias un amigo le prestó el libro “Los Jesuitas en el Paraguay” y le convenció para que ingrese como novicio a la Compañía de Jesús, iniciándose en la Casa que estos tenían en Gomeim, cerca de Sigmaringe, Prusia, el 11 de Octubre de 1857, donde permaneció dos años estudiando humanidades. Después siguió retórica y filosofía en los Colegios de Friedrichsburg y Aquisgran.
En 1860 inició la preparación de su primer herbario que terminaría en Munster. El 61 regresó al Colegio Aachen en Aquisgran, donde le confiaron el cuidado de las Colecciones de Botánica, Zoología y Mineralogía. El 62 viajó a Bonn y se matriculó en esa Universidad, siguiendo Física y otras materias diversas. El 64 enseñó Historia Natural en el Colegio María Lasch de los Jesuitas en Eifel y al mismo tiempo estudiaba Filosofía, luego fue Prefecto del Museo de las Ciencias y del Jardín Botánico y estudió Teología. El 68 publicó su “Naturaleza de las Orquídeas” y pidió que lo enviaran a dirigir el Observatorio Astronómico en Bombay, pero a tiempo llegó la invitación formulada por el presidente García Moreno para que los padres de la Compañías se hicieran cargo de la Escuela Politécnica que pensaba fundar en Quito y optó por el Ecuador, no sin antes ordenarse y ser asignado a la Provincia jesuita de Castilla, a la que se pertenecía Quito.
Durante el trayecto en un barco francés en compañías de otros dos jesuitas estudió español. El 1 de Octubre de 1870 inició sus clases de Mineralogía, Geología, Minería e Idiomas (alemán, inglés, francés y latín) pues ya hablaba nuestro idioma y con el padre Juan Bautista Menten escribió una “Aclaración que se pidió por el señor Gobernador Pablo Bustamante” en 330 págs. descripción completa del sistema pedagógico traído por los jesuitas alemanes, totalmente nuevo en el país. Desde entonces le comenzaron a llamar el sabio Wolf, apelativo con el que ha pasado a la historia ecuatoriana pero al mismo tiempo no faltaron mojigatos que al escuchar sus clases corrían donde el tirano a darle las quejas pues Wolf negaba el diluvio y aclarada que los siete días de la creación del mundo eran siete épocas de la formación del globo. Deje Ud. tranquilo al Dr. Wolf, replicaba García Moreno, él sabe lo que dice: Lo he traído para que enseñe ciencias y no las Sagradas Escrituras.
El 71 publicó en el periódico “El Nacional” un total de veinticinco artículos científicos sobre la tierra y el hombre, la ciencia Geológica, volcanismo, volcanes, terremotos, etc. materias de otras tantas conferencias dictadas en la Politécnica. Estas publicaciones tenían como objeto salir del reducido grupo de eruditos y futuros profesionales y llegar al grueso público con noticias muy concretas sobre los adelantos de la ciencia europea hasta ese entonces, lo que a la larga le causó una serie de trastornos y molestias debido al atraso cultural que vivía el país.
Mientras tanto dedicaba su tiempo libre a viajar sin descanso. Realizó excavaciones en la quebrada de Chalang cerca de Punin y envió al Museo de Quito dos cajones con restos de animales del cuaternario, un mastodonte, un venado y un armadillo extinguidos. Durante una expedición a las minas de plata de Oyacachi contrajo la disenteria amebiana con intensas molestias que perjudicaron su carácter tornándole irascible.
El 72 editó “Viajes por Manabí” que también tradujo al alemán. La obra es muy rara y contiene numerosos detalles de interés científico sobre la provincia. También tradujo al español la “Tabla para determinar los minerales mediante sencillos ensayos químicos por la vía húmeda y seca” de Franz von Kobell, que al salir publicada en los talleres de la Imprenta Nacional alcanzó tal éxito, que al año siguiente apareció una segunda edición. El 73 escribió “Crónica de los fenómenos volcánicos y temblores en el Ecuador” utilizando la cronología histórica de Pablo Herrera, que se reeditará en los Anales de la Universidad Central entre 1903 y el 5, cuando Wolf ya no vivía entre nosotros.
El 74 dio a la publicidad “Relación de un viaje geonóstico por la Provincia del Guayas”, incursionando en la paleontología con los fósiles del paleolítico que habían sido clasificados erróneamente en la colonia como restos de pobladores gigantes muy antiguos. También recogió muestras de petróleo en la península de Santa Elena que hizo analizar del padre Luis Dressel en Quito y presentó un Informe sobre las salinas de punta arenas y salinas en las zonas de El Morro y Santa Elena, respectivamente entregado al Ministerio de Hacienda para que fuere incluido en el Informe General de Labores de 1874. Ese año hizo gran amistad con sus paisanos los viajeros Reiss y Stubel, quienes estaban de paso por nuestro país, pero fue acusado de intimar con sujetos protestantes.
Con su amigo el presidente García Moreno programó para ambos realizar un viaje científico a las islas Galápagos, a fin de comprobar las teorías de Charles Darwin sobre la evolución de las especies, tema científico que realmente apasionaba al mundo europeo de esa época y provocaba en el Ecuador una serie de resistencias fundamentadas en las Sagradas Escrituras.
Entonces ocurrió que por exponer esas teorías evolucionistas, hasta entonces no escuchadas en público en Quito, provocó un ambiente desfavorable en la propia comunidad jesuita, formada en su mayoría por sacerdotes españoles que no dudaban del creacionismo bíblico y fue denunciado ante el Arzobispo José Ignacio Checa y Barba como panegirista de “doctrinas anticatólicas y disolventes”. Al principio el culto prelado no quiso dar crédito a tales noticias, pero fue tantas veces molestado que finalmente comisionó a los Canónigos Leopoldo Freile y Nicolás Tobar para que concurrieran a escuchar las clases. Esa tarde, Wolf notó que los Canónigos permanecían detrás de las puertas de acceso a su salón de clases, detuvo su exposición y les gritó “Señores, si Uds. vienen como discípulos entren y no se queden afuera o si quieren discutir conmigo sobre las doctrinas científicas que expongo en estas conferencias, también estoy listo para ello, pero no aquí sino en mi cuarto, que Uds. conocen perfectamente.” Por toda respuesta los Canónicos se arrebolaron en sus manteos y abandonaron el sitio.
El asunto se volvió escandaloso como es de suponer pues el incidente se regó de inmediato por la ciudad. Era la primera ocasión que un sacerdote católico hablaba en público del evolucionismo, lo cual se explica porque Wolf venía sufriendo un gravísimo conflicto entre las ideas científicas que aceptaba plenamente y la fe caduca y tradicional que las combatía.
Par colmos, la Orden daba largas a su petición de viaje a las islas Galápagos y finalmente se la negaron, de manera que cansado de esta permanente tensión intelectual que agotaba su espíritu, presentó su dimisión, pues no podía seguir soportando el ambiente de mezquina ignorancia que se vivía en Quito, con un catolicismo imbuido en el tomismo medioeval. Esa fue la última conferencia que dictó y el 17 de Noviembre de 1874 abandonó la Compañía de Jesús enemistado con la mayor parte de sus miembros debido a la falta de solidaridad de ellos y por eso no los volvió a tratar. Augusto Martínez Holguín decía haberle escuchado años después en Guayaquil: “Abandoné la vida monástica con el mismo placer que debe experimentar el presidiario cuando sale de la prisión”.
A mediados del 75 viajó al puerto principal muy enfermo de disentería sanguinolenta ocasionada por las amebas, sin la más remota esperanza de una pronta curación y con solamente cuarenta pesos en los bolsillos, encontrando una generosa acogida en casa del comerciante alemán Scholz y el afamado curandero Miguel Perdomo Neira le practicó una de sus maravillosas sanaciones. Perdomo usaba infusiones de semillas y plantas pues se había formado empíricamente entre ciertas tribus indígenas del sur de Colombia y en consecuencia, más que un médico ejercía como botánico.
En Julio – repuesta su salud – partió solo a las islas Galápagos a comprobar in situ las teorías de Darwin y sin la compañía de su amigo el presidente, que había desistido del proyecto para no herir la susceptibilidad de los padres jesuitas. En el trayecto realizó numerosas mediciones de la temperatura de las aguas y al notar sus cambios progresivos comprobó la desviación que sufre la corriente fría de Humboldt al chocar con la saliente formada por la puntilla de Santa Elena.
De regreso el 76 y enterado del asesinato de García Moreno, estudió las aguas termales del volcancillo de San Vicente en la península de Santa Elena y encontró dos nombramientos, uno de Profesor de la Universidad de Bonn y otro de Geólogo del estado ecuatoriano firmado por el nuevo Presidente Antonio Borrero y Cortázar, y en Noviembre se decidió por esto último para proseguir sus viajes e investigaciones, completando su presupuesto con trabajos de Cartografía, como topógrafo de haciendas por encargo de particulares.
En Mayo de ese año atendió al geólogo canadiense Thomas Mac Farlane de paso por Guayaquil. Era amigo y corresponsal de los sabios Gustav Rose y de Von Rath, publicaba en el Journal de la German Geological Society y en el New York Book of Mineralogy. Mac Farlane anotó que andaba vestido en su casa y que al salir a la calle se ponía la sotana pues aún se sentía un sacerdote católico.
A finales del 76 empezó a convivir con la joven Jacinta Pasaguay vecina del cerro Santa Ana, quien le prestaba servícios como empleadas doméstica y en quien tuvo cuatro hijos, a ninguno de los cuales pudo inscribir porque seguía siendo considerado en Guayaquil como el sacerdote y apóstata, que había ahorcado sus hábitos.
Mientras tanto en 1877 recibió el título de Doctor Honoris Causa en Filosofía que le concedió la Universidad de Bonn y publicó “Memorias sobre el Cotopaxi y su última erupción” ascendiendo a la cúspide norte del volcán acompañado de su amigo Alejandro Sandoval. En 1879 editó “Viaje científico por Loja” y las Monografías de las provincias de Azuay y Esmeraldas, así como “Apuntes sobre el clima de las islas Galápagos” exponiendo las teorías evolucionistas y su comprobación personal en las especies terrestres del archipiélago. Raro librito que fue leído en los principales centros científicos del mundo con inusitado interés.
El 80 entregó a su amigo el etnólogo alemán Eduard Seler un vocabulario sobre la lengua de los indios Colorados del Ecuador junto a un material similar para la lengua de los Cayapas. Seler publicó un artículo titulado Notizen…con lo primero, iniciando así el estudio léxico morfosintáctico del idioma Tsafiqui que aún se habla en las selvas de Santo Domingo en nuestro país. Ese año, tras muchos recorridos por las plantaciones de cacao advirtió a sus propietarios que había “manifestaciones de enfermedad” sin precisar qué clase de hongos, pero nadie le hizo caso. Tres décadas más tarde la monilla hacía estragos en dichas plantaciones y luego la llamada Escoba de la Bruja, que terminó de arrasarlas, finalizando tan abruptamente la bonanza económica de la pepa de oro iniciada hacia 1870 y que solo duró casi medio siglo.
Entre el 82 y el 83 se ocupó del aprovisionamiento del agua potable para Guayaquil, recorrió los afluentes de la cuenca hidrográfica del Guayas y a la altura de los ríos Puca, Colimes, Magro y Daule, tomó numerosas muestras en diferentes puntos, desde el río Peripa al norte hasta Petrillo al sur.
El 84 suscribió un contrato con la Municipalidad de Guayaquil para confeccionar un plano de la ciudad en escala 1:4800 con dos escalas geográficas que permiten observar las medidas del trazado y un Indice de veinte y ocho puntos que contempla la ubicación de todos los edificios públicos y religiosos, así como de los esteros en la trama urbana.
A los pocos meses firmó con el gobierno del presidente Plácido Caamaño otro para la elaboración del Mapa y las Cartas Geológica y Geográfica del Ecuador que aparecería en gran formato de lujo, en grueso libro con numerosas fotografías impresas en papel coushet.
Entonces terminó la construcción de un chalet en las calles Panamá y Tomás Martínez donde instaló sus libros y colecciones y le sirvió de amplio departamento para si y su familia pero ese año falleció Jacinta a consecuencia de un mal parto y su hermana María Luisa pasó al chalet a fin de cuidar a los pequeños huérfanos y al “viudo” también.
El 86 la Municipalidad porteña aprobó su Estudio para el aprovechamiento de agua del sitio denominado Agua Clara en la hoya del río Chimbo y le fue encomendada la dirección de las obras, recibiendo ocho mil pesos por adelantado que le sirvieron para pagar las deudas originadas por la construcción del chalet. Para los tubos subfluviales por el río Guayas fueron contratados los ingenieros franceses Poiret y Coiret y para la construcción de los aljibes metálicos sobre el cerro al italiano Antonio Brianzoni en 1887.
El 14 de enero de 87 celebró un contrato con la Municipalidad de Guayaquil para alumbrar a la ciudad que meses más tarde con el permiso del Concejo Cantonal traspasó a la compañía anónima formada con el nombre de Compañía de Alumbrado de Guayaquil que principió a surtir sus efectos desde el 1 de Junio del año siguiente y publicó “Memorias sobre las islas Galápagos”.
Ese año le ocurrió un absurdo incidente con el Presbítero de nacionalidad española Joaquín Salvadores, encargado por el Obispo de Guayaquil, Roberto María del Pozo Marín, S. J. de la silla episcopal de la ciudad. Resulta que una mañana se encontraron en una calle céntrica de Guayaquil y sin mediar motivo Salvadores le recriminó a Wolf casi a gritos por “su mala vida y mala conducta” El asunto hubiera pasado a mayores pero Wolf decidió no contestar, dejando al Presbítero que siguiera gritando solo.
A raíz de este penoso suceso en un viaje que realizó a Lima conoció a la institutriz alemana Bertha Elise Helene Weber, nacida en Rostock el 18 de Diciembre de 1861, que a la sazón tenía veinte y seis años de edad, con quien contrajo matrimonio no católico el 6 de Agosto de 1888, en dicha capital, pues acababa de convertirse al protestantismo como reacción lógica contra un catolicismo intransigente, ignorante y supersticioso. El sabio frisaba en los cuarenta y seis años y una nueva familia vino a alegrar este segundo hogar, pero María Luisa Pasaguay y los cuatros niños del primero fueron enviados a Yaguachi donde Wolf poseía una pequeña casa de madera y techo pajizo. La situación económica de ellos se depauperó desde 1891 cuando el sabio partió hacia Alemania, al punto que los niños andaban sin zapatos y solo mejoró al casarse la mayor llamada María Luisa Wolf Pasaguay con Pompilio Guevara, excelente persona, oriundo de la sierra y telegrafista en Yaguachi, quien los protegió e instruyó a todos, pero esto ocurrió cuando ya no se encontraba el sabio entre nosotros.
El 90 suscribió un nuevo contrato con el gobierno del presidente Antonio Flores Jijón para concluir el Mapa y la Geografía en quince meses por doce mil pesos de a ocho reales cada uno. El 91 se incendió integramente su chalet, con sus gabinetes, laboratorios y colecciones, quedando únicamente el solar que vendió a su amigo, Herman Moeller, consul del Imperio alemán en Guayaquil, quien levantó la villa “Ilse” que años después vendería al Dr. Arroyo del Río y hoy ya no existe pues fue derrocada por oden de su hijo Agustin.
A finales de ese año viajó a Dresde con sus originales, aunque ya en Alemania prefirió editar la Geografía y el Mapa en la vecina ciudad de Leipzig donde encontró mejores condiciones económicas. La Geografía y Geología del Ecuador salió el 92 en un solo tomo de 671 págs. en gran formato de lujo, de pasta gruesa con el Escudo Nacional impreso en color dorado, Anotaciones, Suplementos muy instructivos, un Indice Alfabético que facilita su aprovechamiento y los interiores en papel coushet, aunque desechando gran cantidad de material científico que hubiera podido salir como documentación habilitante, pero que se puede localizar disperso en sus numerosas publicaciones. Igualmente imprimió la Carta Geográfica del Ecuador en base a diferentes apuntes tomados de los Planos del padre Juan Magnin, Charles de La Condamine y Sebastian Wisse y los detalles de la Carta de Pedro Vicente Maldonado, pero especialmente de sus propias experiencias de campo. El costo de las dos mil Cartas fue de veinte mil francos, otros mil ejemplares resultaron a menor precio, recibiendo cincuenta ejemplares de cada una de sus obras, más otros cincuenta a mitad de precio.
Estas obras constituyen un clásico de las letras científicas de nuestra Patria y fueron presentadas con la Historia de González Suarez y el Diccionario Quichua de Luís Cordero en la Exposición Histórico – Americana celebrada en Madrid con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América.
Como anécdota curiosa cabe indicar que estando en el muelle en compañía de su esposa alemana, listos para emprender el viaje de regreso definitivo a Europa, vieron bajar a un paisano acompañado de su esposa e hijos. Se trataba de Otto von Buchwald y su familia, que iban de paso a San Francisco de California donde pensaban establecerse. Wolf logró convencer a von Buchwald que debía quedarse en Guayaquil, donde todo estaba por hacerse, desde estudiar las lenguas indígenas, los monumentos antiguos, etc. pues la costa ecuatoriana pertenecía en esa época a las regiones más desconocidas y por ende interesantes de Sudamérica, por ser de las menos estudiadas.
Establecido en Dresden, dedicó su tiempo a la botánica y a ver crecer a su nueva familia. Primero habitaron en Rostock donde se mismo año 91 nació su hija Bertha, luego adquirió una pequeña villa en la localidad de Plauen cercana a la capital sajona (Hohe Strasse No. 62) donde vinieron al mundo sus cuatro restantes hijos, a saber: María Theodora el 93, Carl Alfons el 94, Oskar Eugen el 97 (estos dos últimos fallecieron niños en Agosto del 97 con diferencia de cuatro días, primero Carl y luego Oskar a ca<usa de difteria) y Ernest Félix el 99.
Entre 1901 y el 3 escribió un estudio sobre el Género de las Potentillas, recién editado en 1908 y considerado una obra maestra en su género, que le situó entre los grandes sabios de Europa. En 1904 había fallecido su amigo y colaborador Alphonse Stubel y ordenó sus materiales, que aparecieron como obra póstuma.
De allí en adelante se tiene relativamente pocas noticias de su vida que debió transcurrir entre las Universidades y su hogar donde plantaba árboles, uno de los cuales todavía existe y tiene grandes dimensiones. En 1913 su familia se componía de su esposa de sesenta y un años, un hijo y dos hijas solteras. Su hija María Luisa le escribía tres o cuatro veces al año desde Guayaquil, interesándose siempre por su estado de salud y dándole pequeñas noticias sobre el resto de su familia. En una carta del 10 de Septiembre de 1913 el sabio de 73 años de edad le contesta: Mi enfermedad que es la de mil viejos y viejas (esclerosis de las arterias y en consecuencia más o menos fuertes ataques de apoplejía) y contra lo cual no hay otro remedio radical que la muerte, aunque esta se retrasa a veces meses y aún años según disposiciones de las personas. Así es que en verdad siempre vivo enfermo y esperando con resignación filosófica el fin de mis días, pero el grado de la enfermedad altera frecuentemente en intensidad, a veces la debilidad y los dolores me prohíben por semana salir de la casa o aún levantarme de la cama, de repente siguen algunos días o algunas semanas de alivio y mejoría, que me permiten salir a pasear en mi jardín o en los alrededores de la ciudad. Gracias a Dios comúnmente puedo ocuparme de la lectura de periódicos y libros científicos de lo que se desprende que sufría de depresiones periódicas que él atribuía a su arterioesclerosis propia de la vejez.
El Lic. Cristóbal Escobar, de Quito lo fue a visitar por encargo del Arzobispo Manuel María Pólit. Wolf le confesó que se sentía ecuatoriano y nos trataba de paisanos, que al finalizar la Gran Guerra en 1918 vivía en pobreza a causa de la inflación surgida tras la derrota de Alemania pues la pensión jubilar no le alcanzaba para nada y por eso había tenido que vender su Colección científica de minerales, flores y pájaros en solamente seis mil marcos cuando valía muchísimo más, enterándose que poco después el comprador la habla revendido en veinticinco mil. La Colección se exhibe actualmente en el Museo de Berlín. A raíz de esta visita se hizo pública en el Ecuador su triste condición. Por entonces solía cartearse a nivel privado solamente con varios amigos, entre ellos con el también sabio Otto von Buchwald residente en Guayaquil.
En 1922 fue designado Ciudadano ecuatoriano honorario con una pensión vitalicia y la Academia de Ciencias de Quito lo nombró su primer miembro en el exterior.
Sordo, tullido y casi ciego, su estudio era un cuarto repleto de libros impresos en varios idiomas pues hablaba y escribía correctamente en español, alemán, inglés, francés, latín e italiano. Había muchos papeles, cuchillas, tijeras, lápices y plumeros. Era el cuarto de un sabio. Cerca de él había dos galerías con libros publicados por Wolf, unos en español, otros en alemán. “Se mostraba cansado, física y emocionalmente y pedía a Dios por la liberación de su alma, para emigrar a una Patria más feliz.” Murió en su casa campestre de Plauen cercana a Dresden el 22 de Junio de 1924 de ochenta y tres años de edad dejando una interesantísima autobiografía, escrita a mano en letra apretada en doscientas páginas que su nieta Ursula Range (Hija legítima del médico Horst Nerlich y de Bertha Wolf la hija mayor del sabio en Alemania) está tratando de transcribir y publicar.
Sufrió los estragos del conflicto de su tiempo entre ciencia y fe que le concitó la persecución de la iglesia católica en el Ecuador, razón por la cual tuvo que salir del país pues se le consideraba un apóstata que había “ahorcado los hábitos”.
Correctísimo en su trato, dejaba numerosos amigos en los sitios por donde pasaba. Con sus hijos en Alemania siempre fue un padre cariñoso, proveyendo del sustento y preocupándose por ellos, no así con los del Ecuador que olvidó, quizá porque les había dejado una cierta suma de dinero para la crianza, pero ya hemos visto que el dinero se terminó y les sobrevino la pobreza.
Guayaquil le debe en mucho la red de cañerías del agua potable pues sus trabajos y fatigas hicieron posible la localización de la vertiente de donde se tomó, el trazado de la cañería hasta la vecina población de Duran, el estudio del paso del río y los sistemas de bombeo a los algibes metálicos del cerro.
La ciencia le reconoce como el primero que expuso el darwinismo en 1874 en el Ecuador, tesis que le enfrentó a los jesuitas españoles en Quito, rudos ex combatientes carlistas venidos a América con ideales ya superados por la civilización europea de esos tiempos, lo que unido a su amistad con los sabios alemanes Reiss y Stubel que estaban de paso por nuestro país, ambos de religión protestante, lo que entonces era considerado un crimen, le acarreó problemas gravísimos pues para la mentalidad chata de entones no era posible que un sacerdote católico pudiera guardar amistad con herejes protestantes.
Recorrió el país como nadie pues estuvo en todas las provincias excepto algunas regiones impenetrables de las selvas de Esmeraldas y las partes centrales de Manabí, entonces en poder de montoneros revolucionarios. Por eso su Geografía y Geología del Ecuador no ha sido superada y la Carta Geográfica, obra acumulativa, trabajada en varios años, asombra por la precisión de sus mediciones y sirvió de base para que el Instituto Geográfico Militar del Ecuador elabore la Carta Natural del Ecuador en 1953.
Para su Carta Geográfica de las islas Galápagos utilizó las del Almirantazgo inglés y para las regiones orientales los Informes de los misioneros religiosos de la colonia.
En cuanto a las longitudes se sirvió del meridiano de París pues todavía no se adoptaba universalmente el de Greenwich. Por todo ello está considerado un sabio y uno de los más grandes ecuatorianos de todos los tiempos a pesar de haber nacido alemán.
Al final de la década de 1930 su nieto el profesor Armando Guevara Wolf se presentó en casa de la viuda Wolf con quien habló largamente. En principio ella le solicitó que no cuente a sus hijos la existencia de los descendientes ecuatorianos, pero luego cambió de idea pues era una dama ilustrada de setenta y pico de años y mucho sentido común.
Wolf no recibió una educación estrictamente teológica donde los jesuitas alemanes quienes más bien le prepararon en el campo netamente científico, tampoco se especializó en las teorías evolucionistas que llegó a conocer por mera curiosidad, de manera que su enfrentamiento con la clerecía ecuatoriana de su tiempo y principalmente con los jesuitas españoles en Quito, fue por causas intelectuales más que religiosas y sus explicaciones sobre el darwinismo – aunque realmente Wolf jamás atacó a la Biblia – la gota que derramó la copa.
Más bien se debe pensar que en mucho tuvo la culpa el mal carácter de Wolf quien pasaba por ser un sujeto parco y silencioso, casi siempre ausente por sus viajes, que vivía abstraído en sus descubrimientos. I mientras él dominaba muchas ciencias al revés de aquellos que le rodeaban, que eran unas nulidades, estas notorias diferencias impidieron un acercamiento cordial y viviendo todos en el mismo convento, se volvió un sujeto aparte.
En 1974 presidí el “comite walf” que formá para con memorar el cincuentenarío de su fallecimiento y conseguimos la publicación de la segunda edición desi geografía y geología en edición facsiníl, en los talleres de la C.C.E. pero su presidente Glas René Pérez como viviamos en dictadura y en gesto insolito, se quedó para si o para la institución (nunca se aclaró el punto) con los ciem ejemplares que por contrato le correspondían a los nietos del autor (familiar Wolf Frances, Guera Wolf y Wolf Herrera).