VIVAR CORREA: Victor Leon


Ah, Vivar, mi admirado Vivar, contradictorio. Vivar que mientras por un lado literalmente se batía contra los sacerdotes y «masones», por otro, por el de su alma, en plena escotadura a la derecha curuchupa, abrazada criterios y actitudes matoniles de transigencia troglodita. Vivar estaba del lado de su Maestro, claro…mucho lo amaba, pero no era para que cercene su hidalguía de hombre decente presentándose al asaltante de esquinazo y a abaleador nocturno. En 1889 si la memoria no nos engaña en la fecha una polémica que el mismo Dr. Peralta sostenía con el hoy Obispo de Ibarra Gonzalez Suárez, acabó a balazos en las calles de Cuenca, con un escándalo atroz, con la intervención de la autoridad pública, con más de trescientos disparos del cuerpo de policía comandado por un imbécil ¿Quienes eran los agresores? Victor León Vivar (a quien Dios haya perdonado), el padre de este, un tal David Neira y su padre…¿Quien es el asesinado? D, Ramón Pesantez. ¿Cuál es la casa atacada? La de D. Rafael Torres, donde teníamos una pequeña imprenta. La conclusión es irritante. Fue la casa rodeada de soldados, Ramón Pesantez conducido casi muerto con cinco balazos, a un calabozo, Ullauri, Peralta, el infrascrito y varios de los agredidos, criminalmente enjuiciados…y los agresores se paseaban libremente y orondos y aplaudidos… Así se llevan las cosas en Cuenca, cuando de liberales se trata.
Un niño inquieto, de raras aptitudes intelectuales, Dello con apostura varonil y arrogancias de hombrecito prematuro. Y vamos creciendo juntos, en la escuela y en el colegio, inseparables como hermanos, unidos en el estudio y en la práctica de la santa pereza.. Cuando lumbreras de aurora iluminan nuestras inteligencias, somos dos él y yo para hartarnos de libros, sin método ni cuidado; y el primer periodico manuscrito, los primeros versos, de ambos son, como fueron de ambos las picardías infantiles que no alcanzaba a corregir el látigo de ocho ramas que sobre nuestras manos extendidas descargaban los clérigos docentes del Seminario de Cuenca…Y de los dos, el primer ensayo de publicación aquel irreverente y anticlerical «Pensamiento» (octubre de 1885), que había de ser la revelación de mis aficiones periodísticas y que de tal modo contribuyó a torcer el rumbo de mi pobre vida, fracasando miserablemente en las angustias de la lucha diaria en el servicio de la prensa. El también se frustró, no obstante la acción persistente del actual Arzobispo de Quito, que le tomó por su cuenta, le arrancó a su familia, adoptó como hijo de su corazón, llevó por extranjeros países, y quiso educarlo… ¡Vano empeño! Su temperamento bravío, su carácter sublevado y su inquietud intelectual vencieron toda disciplina, una y otra vez quiso encarrilar su juventud por las vías ordinarias y apacibles que llevan al coronamiento del triunfo, y una vez y otra se vio arruinado, extraviado, solitario por los caminos de las vida, sin oficio ni beneficio, y ganando en ocasiones, con sudores de muerte, el menguado pan diario en tierras extranjeras. Tuvo mala vida de vagabundo bohemio, y su muerte fue dolorosa y terrible. «Así debía morir», cuentan que dijo su amigo y protector Sr. Gonzales Suarez, cuando le notificaron el hecho. ¿Sería en la boca de un Sacerdote tan cruel expresión, que comportaba un agrio despecho de propia derrota, cuando no echaba de ver que gran parte del fracaso de esa existencia era Culpa suya?. En Chile había publicado dos libros. uno de crítica histórica que explicaba y comentaba un cuaderno inédito de Vicuña Mackenna sobre el Mariscal Sucre, intitulado EL WASHINGTON DEL SUR, y otro de crítica literaria, con el rótulo de PRESIDENTES POETAS, en el que estudiaba la personalidad del General Juan José Flores

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Sus largas ausencias le impidieron intervenir en el movimiento de los años que buenamente le pudieron haber correspondido de 1888 a 1895, sin que rompa esta aseveración sus breves actuaciones en la prensa quiteña, singularmente mente con “El Cometa”, semanario incoloro de 1888, más literario que político y su resuelta actitud en los comienzos del alfarismo con los dos primeros números de la Ley y su discurso ante el cadáver de Don Pablo Herrera, actos que determinaron su persecución y la ruptura de la imprenta del clero y el atropello en la persona del venerable Arzobispo Sr. González y Calisto por una chusha acaudillada por el famoso Montero, esos actos, repito, antes de que manifestación política fueron resultado de una oposición audaz, originada en una antipatía personal al Sr, Alfaro considerado al través de los folletos de sus enemigos. Tuvo que emigrar de nuevo me parece, y luego, el camino estaba conocido, y el escándalo de los tiempos auria horizontes a los caracteres fuertes y resueltos que pedían sacar un balazo de la aventura, pero podían también sacar posición, nombre y fortuna. Y Vivar no era un conservador, no obstante el medio clerical y tradicionalista en que se movía, por razones de viejos conocimientos adquiridos en la convivencia con el Sr. Gonzalez Suárez, y de exquisiteces de espíritu que se llevaban al trato de los viejos misacantanos que eran antaño los hierofantes de la literatura ecuatoriana. Vivar era independiente hasta la rudeza, y en las aulas pasaba por un impío relapso al cual no se le arrojaba del colegio solo por consideraciones al sr. Gonzalez Suárez y a su enorme y desperdiciado talento, y la falta de disciplina le pervirtió en el estudio y en la práctica de la vida. Aún adolescente, husmea las crónicas escandalosas de la época Graciana, para escribir su donosismo cuaderno «Los Cirineos, que nunca se ha publicado, indócil y díscolo, su primera tentativa periodística va contra el Obispo León y su recordado hermano el Doctor Justito un clérigo imbécil que pasó como santo y virgen