VITERI GAMBOA: Julio


La Escuela Superior Politécnica del Litoral acaba de rendir homenaje a una de las figuras más señeras de la cultura nacional. El Museo Arqueológico de dicho centro de estudios se llamará Julio Viteri Gamboa para perennizar el nombre de su creador y primer director.
Don Julio Viteri falleció hace poco más de un año enlutando a la cultura del país, a la que sirvió desde su juventud con enorme patriotismo obteniendo nombradía internacional por sus trabajos arqueológicos. Fue, además, un gran suscitador, un animador de las inquietudes culturales en el país y, especialmente, de Milagro, su tierra natal.
No fue la arqueología su primera pasión. Una anécdota perdida entre las crónicas de arte de la década del 30 retrata sus juveniles inclinaciones por el teatro en una faceta poco conocida del ilustre milagreño desaparecido.
En la década referida, el país iniciaba un esfuerzo por un teatro nacional vívidamente arraigado. Tanto en Guayaquil como en Quito, jóvenes grupos formaban cuadros teatrales que iban adquiriendo homogeneidad y fuerza expresiva. Vivaz, inquieto, impulsivo, el joven Julio Viteri Gamboa funda en Milagro, en 1935, un interesante núcleo al que denomina “Grupo Artístico Milagro» contando con el concurso de noveles actores como Ovidio Jurado, Raúl Rodríguez, Luis A. Viteri, Plácido Guerrero, Elida Arteaga, Gloria Es. pinoza, América Puig, Aquilina Villacís y Galo Rodríguez. Hasta 1938, Viteri Gamboa y sus jóvenes actores habían estrenado una decena de obras francamente logradas como «Los muertos», de Florencio Sánchez, y «Como los Árboles», de Enrique Avellan Ferrés, uno de los pioneros del teatro nacional.
La actividad del Grupo no pasa inadvertida para la crítica artística de entonces. La severa pluma de Joaquín Gallegos Lara se suaviza al comentar el trabajo de los actores que encabeza Julio Viteri Gamboa: «Algunas características de procedimiento y criterio artístico hacen del Grupo Artístico Milagro una de las empresas a las que se puede augurar mayores alcances futuros. El cuadro tiene un sentido interno sumammofaternal. No existe pugna por los papeles más lúcidos ni caben allí rivalidades estelares. Se aprecia ante todo el trabajo de conjunto. Y en cuanto a la orientación, cuestión delicadísima para el crecimiento de planta tan frágil como es el teatro en nuestro medio, la del Grupo Artístico Milagro es claramente ecuatorianos y popular, condición esta que ha de garantizar savia de vitalidad perdurable».
En los primeros días de febrero de 1938 tuvo lugar lo que Gallegos Lara llamó «uno de los tantos accidentes de trabajo que en la lucha por la cultura se sabe producir lo mismo que en la industria». El Grupo Artístico Milagro estrenaba «El Secreto», obra del escritor Ramón J. Sender, uno de los entonces jóvenes novelistas valiosos de España que había incursionado en el teatro. En medio de la representación irrumpió en la escena como un actor más el Comisario Municipal, señor Clavijo, «como una caricatura del comisario Javert de Víctor Hugo», según Gallegos Lara. El Javert criollo intimó a los actores a suspender la obra entre las protestas del público. No quiso dar razones. No podía darlas. Los agentes de policía se negaron a acatar sus órdenes de detener a los actores. Estos sonrieron y entre los aplausos del público continuó el estreno de la obra.
Al siguiente día, el actor y representante del Grupo, Julio Viteri Gamboa, era detenido por los policías municipales, reducido a prisión y sancionado con el entonces famoso «4-22”. Se denunció el abuso del comisario Clavijo pero Viteri Gamboa siguió detenido por haber representado una obra contra los deseos del comisario. Crónicas de los diarios criticaron el hecho “para dejar anotado lo que era capaz de cometer un esforzado comisario municipal, enemigo minúsculo de nuestro naciente teatro y de quien hay que sonreír un poco».
La prisión no detuvo el ímpetu de Viteri Gamboa y del Grupo Artístico Milagro que sobrevivió algunos años en la pequeña urbe agrícola de aquellos tiempos, hasta que la arqueología le ganó la lucha al teatro y Viteri Gamboa enterró para siempre al actor para desenterrar testimonios vivientes de nuestra historia, por cuyo trabajo ha pasado a la posteridad.