VINTIMILLA DOMINGUEZ : Mariano


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En 1846 Como Solano contesta con el escrito «Tonterías del Dr. Mantequita». Después de la caída de Flores, Vintimilla depuesto también de su cargo de Vicario lucha sosteniendo la ilegalidad de haberlo reemplazado; pero todo es en vano, ya que los que están en el poder le ofrecen el dilema: o renuncia todo derecho o sigue el camino del destierro, Cae en la trampa que se le tiende: presenta la dimisión. Sin embargo, como se ve en él un dirigente político que puede ser peligroso para la alteración del orden establecido, por cuanto el influjo que ejerce en mucho de sus amigos y partidarios es decisivo, el Gobierno lo destierra; pero la Convención Nacional de 1845, reunida en Cuenca, deja sin efecto esa pena. Durante la discordia civil ocasionada por la divergencia de opinión entre los distintos sectores políticos respecto a elevar a la primera magistratura al General Elizalde o a don Diego Noboa, éste último consigue de Vintimilla que, con su valimiento en los diversos círculos sociales, le forme en Cuenca ambiente favorable, poniéndose al frente de quienes auspician su candidatura. Conseguido el triunfo y elevado a la Presidencia de la República en febrero de 1851, Noboa restituye al Dr. Vintimilla en el puesto de Vicario Capitulas y lo nombra Rector del Colegio Seminario. La administración de Noboa es tan efímera que concluye poco meses después, en que el General Robles, de acuerdo con Urvina, lo apresa en Guayaquil y lo deporta a Chile. El Dr. Vintimilla participa también de las odiosidades del urvinismo, por lo que es expulsado de la patria y, en condición de exilado, va a Centro América. Al año siguiente, 1852, se estableció en Piura y luego en Lima (Perú). Pasada la época de temor y odio a todo elemento floreano, Vintimilla regresa a Cuenca y ocupa el puesto de prebendado de la Iglesia Catedral. En 1857, el Vicario Capitular Dr. Tomás de Torres lo designa Gobernador Eclesiástico de la diócesis «atendiendo a su integridad y luces», como dice el nombramiento. Asiste en varias ocasiones a la Legislatura Nacional, distinguiendo su actuación por la forma inteligente y patriótica con que la desempeña. Ejerció con lucidez el honroso cargo de Rector del Colegio Mixto de Cuenca. Su fortuna es cuantiosa, porque además de la suya personal hereda de su ilustre hermano. Dr. Miguel Custodio Vintimilla «el patronato y capellanía de todos los censos de que goza por derecho de sangre». (cláusula 12 del testamento que otorga el 6 de Enero de 1832), los cuales ascienden a una suma muy considerable en esa época; suma a la que hay que agregarle todo el remanente de los bienes dejados para emplearlo en la fábrica de aa Casa de ejercicios situada en el barrio de Tandacatu. Esto último lo cumple como uno de los albaceas en la sucesión de sus mencionados hermanos. «Los monumentos públicos hablan a mi favor y contradicen las atroces calumnias de mis enemigos. Una gran parte de mi vida y de mi fortuna he consagrado a las obras públicas que existen. La hermosa y costosa Casa de Ejercicios; la Capilla inherente a ella, con una custodia y vasos sagrados valiosos, tabernáculo, ornamentos, etc; el Convento de San Felipe Neri; la Iglesia de la Merced; la hacienda de Jordán, comprada y adjudicada por mí al Lazareto para salvar a la Provincia del contagio de una enfermedad espantosa, que progresaba rápidamente y que hasta el día habría afectado a una quinta parte de la población; la reforma de los dos Monasterios; la misión de Gualaquiza, sostenida en el tiempo de mi Vicaría; las dispensas matrimoniales concedidas de gratis, conforme a la disposición de los cánones; el trabajo constante para mantener la disciplina del Clero, sin permitir Órdenes de jóvenes ignorantes e inmorales, negándome a los empeños del Presidente de la República y de los hombres más grandes; los centenares de matrimonios nulos revalidados; la multitud de gracias espirituales impetradas de la Silla Apostólica en favor del Obispado; el destierro de 1835 por sostener los derechos de la religión, etc, etc, ¿no desmienten a los SS. RR. de la Verdad?.