VILLARROEL; Gaspar de


“El humanista mitiga al teólogo» ha escrito Gonzalo Zaldumbide. La esencial virtud de las letras clásicas humaniza su comentario canónico».
Pero mayor fue la nombradía que se granjeó en España el fraile americano predicando que escribiendo. Y fue tanta, que le valió la designación de predicador de su Majestad, honrosísimo encargo al que siguieron otros, si no más famosos, no menos delicados. De uno de ellos hay una crónica sabrosa en el «Gobierno Eclesiástico Pacífico». Se le había pedido a fray Gaspar que predicara a los comediantes, en su fiesta, Y Villarroel, no obstante haberse colado de novicio en aquel corral y seguir muy aficionado a la farándula, habló con tanta libertad que los cómicos quisieron apedrearlo. Al fin y al cabo, el asunto de la prédica fue la virginidad de la Madre de Dios!
«A mi me hicieron Obispo por Predicador» escribió Villarroel (10), A los ocho años de estancia en España, donde tan a gusto parece se encontraba, aceptó la Sede de Santiago de Chile, de la que tomó posesión en 1637. A partir de este punto tenemos en el “Gobierno Eclesiástico Pacífico» el mejor documento de vida, obras y cuidados, pensamiento y expresión de quien sería espejo de obispos en América.
Diócesis difícil la de Santiago de Chile tan extrema que era tenida como el fin del mundo cristiano de América probó la sensatez, el humanismo y la virtud del prelado: “Lo que yo alabo decía el Presidente de la Audiencia de Chile, Marquez de Baides, encomiando el «Gobierno Eclesiástico Pacífico» es que Vuestra Señoría haya hallado traza para pintar el estilo con que gobierna, y que como buen Pastor haya ejercitado ocho años enteros lo que ahora escribe en estos dos libros, que en todas las Indias nunca hemos visto Prelado tan pacífico».
La magna obra estuvo terminada para abril de 1646, a los diez años de servir a su iglesia en paz “La paz con que me he portado en casi diez años que ha que sirvo mi Iglesia..». Sin embargo el decreto de aprobación y censura del Consejo Real de Indias lleva la fecha de enero de 1651, y el primer tomo vio la luz al año siguiente: «GOBIERNO ECLESIASTICO PACÍFICO, Y UNIÓN DE LOS DOS CUCHILLOS, PONTIFICIO, Y REGIO», en Madrid, por Domingo García Morrás.
El 13 de mayo de 1647, un violentísimo terremoto cuya relación hizo Villarroel asoló Santiago y mostró en su más alta expresión las dotes morales del obispo escritor.
Los difíciles días aquellos se superaron, sin embargo, Chile le era muy duro a hombre que había nacido y vivido en los territorios de Quito, Lima y Cuzco.
En 1651 pasó al obispado de Arequipa, y en 1660 al de Charcas.
Cuando el obispo fue a Chuquisaca (Charcas), en Madrid comenzaban a aparecer sus últimas obras. Ese mismo año de 1660, salía de las prensas de su editor, García Morrás, la «Primera parte de las historias sagradas y eclesiásticas morales, con quince misterios de nuestra fe», y era seguida, el mismo año, por las partes segunda y tercera. Un año más tarde, también editada por García Morrás, veía la luz la «Primera parte de los comentarios, dificultades, y discursos literales, morales, y místicos, sobre los Evangelios de los domingos del Adviento, y de los de todo el año».
Chuquisaca era ciudad universitaria y el arzobispo, por disposición de las constituciones de la Universidad, Canciller. Villarroel tuvo, en esa calidad, influencia decisiva en la vida del alma mater, Ha escrito un estudioso boliviano: «Si la Universidad de Chuquisaca influyó en el proceso cultural de América y tuvo importancia como centro de gravedad del pensamiento jurídico, lo debió en grande parte a las enseñanzas de este hombre que conocía el alma de las instituciones que la España del siglo XVI había creado para el Gobierno del Nuevo Mundo» (14).
No cabe duda de que, al amor de los claustros universitarios de Chuquisaca, fray Gaspar, a quien tanto gustó siempre escribir «el escribir, confesaba, ha sido en mí una tentación continuada desde mi tierna edad”, habrá compuesto nuevos trabajos. Pero de estos últimos años de su vida ningún escrito se nos ha conservado.

El 12 de octubre de 1665, quien había predicado paz con la prosa y la vida, moría, en Chuquisaca, con admirable paz y El licenciado Gaspar de Villarroel y Coruña, guatemalteco que había estudiado Leyes y Cánones en la Universidad de Bolonia, ejercía en Quito el oficio de Relator de la Audiencia cuando nació su hijo Gaspar. «Nací en Quito, escribió el propio fray Gaspar al segundo cronista de la Orden de Ermitaños de San Agustín en el Perú, fray Bernardo de Torres en una casa pobre, sin tener mi madre un pañal en que envolverme, porque se había ido a España mi padre» (1).
Muy difícil fijar, siquiera aproximadamente, la fecha en que esto aconteció (2). Tampoco podemos establecer con certeza si el pequeño Gaspar hizo sus primeras letras en Quito, que es cosa asegurada constantemente por la tradición, y hasta cuándo. A su padre lo hallamos ¿con toda la familia?, de la Justicia Mayor del Cuzco en la década del 90. En sus días de colegial brilló ya como prosista y compuso poesías dando de mano a Mexía, Montes de Oca y Ona, y que fue aficionado a frecuentar, aunque fuese a escondidas, corrales de comedias.
muy joven tomó Villarroel el hábito en el Convento de San Agustín de Lima, y a la rigurosa vida monacal debió sujetar sus aficiones.
En 1608 profesó, y muy pronto desempeñó, con brillo, la cátedra de Artes. Más tarde sería profesor de teología, de prima, en la Universidad.
Al tiempo crecía su fama de predicador.
El Capítulo provincial de 1622 lo eligió, a pesar de su juventud, Definidor; al año siguiente se lo hacía Prior del convento del Cuzco, Y. Más tarde Vicario del de Lima.
Hombre que así había amado las letras, comenzó pronto a escribir, Cuzco, sobre todo, fue el retiro donde maduraron sus primeros libros, Para marzo de 1622 había terminado ya un comentario sobre el Cantar de los Cantares, del que, lamentablemente, solo nos queda la noticia por la licencia «dada en este nuestro convento de Lima el 31 de marzo de mil seiscientos veintidós años».
Con otros libros suyos habría lugar larga y desastrada’ historia de enviados inescrupulosos, naufragios y desaguisados innúmeros, Fue, pues, para Villarroel, el escritor, coyuntura decisiva el poder viajar a España, «Llevóme a España la ambición confiesa en la carta al Padre Torres, el humilde obispo; compuse unos librillos, juzgando que cada uno habría de ser un escalón para subir»(4).
Con los libros en la maleta, y podemos presumir que con muy poco más, se puso Villarroel en camino a la Península. Tan amigo como fue siempre de andar y ver, hizo el viaje por Chile y Argentina.
Lisboa fue la primera gran estación de ese viaje hacia su reconocimiento como escritor. Detúvose allí hasta publicar, en 1631, su «Primera parte de los Comentarios, dificultades, y discursos literarios, y místico sobre los Evangelios de la Quaresma» (5).
Con esta obra comienza la vida pública del Villarroel prasista antes había editado solo un sermón (6)-. El tomo aquel lo precede en Madrid y lo da a conocer, confirmando la fama de predicador que el fraile quiteño llevaba. Para un autor así fue muy fácil seguir editando. Al año siguiente veía la luz, en la capital española, la segunda parte de los “Comentarios» y, un año más tarde, en Sevilla, la tercera (7). «En Madrid les han hecho a estos dos libros tanto honor cuenta Villarroel en la Advertencia de esa tercera parte que, desaparecida, casi en un momento, una impresión entera, se comienza a disponer ya otra». El quiteño inaugura su carrera de escritor con un «bestseller»!
A cuatro llegaron los tomos que Villarroel publicó en Europa. «Cuando me eligieron en este Obispado, había impreso cuatro tomos»