VILLAMIL JOLY; José


Don José María de Villamil y José nació en Nueva Orleans, Provincia de Luisiana (perteneciente primero a España, luego a Francia hasta 1803, que entró a formar parte de Estados Unidos de América) el 10 de junio de 1788. Hijo del español Pedro González de la Galea y Villamil, procedente de Oviedo, España y de la dama Luisiana, de origen francés, Catalina Joly Lebrun.
Abrazó desde muy niño la carrera de las armas llegando a ser en Nueva Orleans
Sargento Primero de la primera compañía del Batallón «Reflejos Voluntarios». En 1810, contando 22 años pasó a Europa a completar su educación y allí tuvo oportunidad de conocer y estrechar relaciones con distinguidos americanos del sur, quienes ya andaban preocupados en gestionar la independencia de sus respectivos países. Fue así como Villamil se juramento en la Logia masónica patriótica «Lautaro» de Cádiz.
Fue destinado a Venezuela, desembarcando en Maracaibo, donde dio comienzo a su tarea revolucionaria. Habiendo sido descubierta su tiama subversiva, fue aprisionado y salvó la vida, gracias a la influencia de dos hermanos suyos que vivían en Venezuela y a la bondad del General Millares, Gobernador del Departamento, que se limitó a expulsarlo de Venezuela.
Inquieto e incansable trotamundos, en uno de sus viajes, calentó en Puerto Príncipe (Haití) y allí conoció personalmente al General Bolívar. En otro recaló en Guayaquil y aquí estableció su residencia definitiva. Contrajo matrimonio con la distinguida dama guayaquileña Doña Ana María Juana de Garaycoa y Llaguno y tuvo una larga descendencia, nada menos que siete hijas y dos varones.
habiendo emprendido viaje en la después famosa Goleta «Alcance» el 9 de Febrero de dicho año, con intención de dirigirse al Callao, siendo portador de un cuantioso cargamento con destino a dicho puerto, al avistar la isla de Puná tuvo una ingrata sorpresa. Y fue ver frente a la minúscula caleta de ese fondeadero una gran cantidad de naves, las que indudablemente pertenecían a una escuadra pirata que se aprestaba a entrar a la ría para asaltar la ciudad. Detuvo el andar de la goleta y volvió proa, siendo advertido por el Comodoro Guillermo Brown, Comandante de la escuadrilla, quien destacó inmediatamente un bergantín y una goleta en su persecución. Al pasar por el fuerte de Punta de Piedra, Villamil ordenó al Sgto. Canales que lo comandaba, que abriera fuego contrariamente una posta por tierra a Guayaquil avisando el peligro. Entre tanto, cambió la marea y Villamil pudo llegar a la ciudad a las 11 de la noche, a tiempo para dar la voz de alarma. Cuando a la mañana siguiente se presentó el Comodoro Brown con parte de su escuadra: fue recibido con todo los honores del caso. La ciudadanía guayaquileña alertada por Villamil se había aprestado a la defensa. Abiertos los fuegos, de parte y parte, debido a una mala maniobra, encalló Brown y, a poco fue hecho prisionero. Interviniendo Villamil de intérprete, descubrió que Brown no era pirata, sino un enviado de la Junta Revolucionaria de Buenos Aires para que recorriera las costas americanas, proclamando los principios revolucionarios. Las autoridades españolas habían presentado como pirata para impedir que cumpliera su patriótica misión.
Villamil fue, años más tarde, el factotum de la revolución octubrina. Fue él quien atizó la «Fragua de Vulcano», quien provocó en su casa (señalada hoy con lápidas conmemorativas, en el Malecón, cerca a 9 de Octubre) las reuniones secretas de los conspiradores. Fue él quien, auspiciando los amores del Capitán Febres Cordero con la bella niña Isabelita Morlás, aprovechó la estancia en Guayaquil de los tres oficiales venezolanos expulsados del Batallón Numancia, por sus ideas revolucionarias, para apresurar el golpe revolucionario guayaquileño. Fue Villamil, quien buscó infructuosamente un jefe para el asalto a los cuarteles, visitando sucesivamente al Coronel Bejarano, al poeta Olmedo y al Teniente Coronel Jimena, quienes se excusaron por las conocidas razones ya expuestas. Sólo el empeño de Villamil, el valor de Febres Cordero y el patriotismo de los jóvenes guayaquileños que secundaron y tomaron parte activa en el asalto a los cuarteles lograron la victoria patriota y la independencia política de Guayaquil en «la aurora gloriosa» del 9 de Octubre de 1820.
Villamil y Letamendi fueron comisionados a partir por vía marítima, a bordo de la goleta «Alcance» hacia el Sur. Llegado a la costa peruana, se avistó el 31 de Octubre con Lord Cochrane — después de una escaramuza bélica — y al día siguiente con el propio Gral. San Martín en Ancón.
Villamil adquirió derecho de propiedad sobre la isla Floreana y obtuvo autorización para colonizar el Archipiélago, del que tomó posesión el Ecuador el 12 de Febrero de 1832, en expedición oficial comandada por el Crnel. Ignacio Hernández y en la que formaba parte el propio Villamil.
Ya nacionalizado ecuatoriano, Villamil desempeñó importantes cargos administrativos. Fue Comandante General del Distrito del Guayas, Jefe del Estado Mayor General del Ejército, Legislador varias veces, Contador Mayor de Guayaquil, Administrador de Aduana de Manabí; Ministro General del Presidente Urbina en 185 También fue nombrado Ministro Plenipotenciario del Ecuador ante el Gobierno de los Estados Unidos de América.
Retirado a la vida privada y cargado de años, al informarse del bombardeo de Valparaíso, en 1866, por la escuadra española, recobrando sus antiguas bríos juveniles se ofreció voluntariamente para combatir. Aún pudo alcanzar, casi agonizante, la noticia del triunfo americano del 2 de Mayo. Cuentan que haciendo un gran esfuerzo, se incorporó en su lecho de moribundo y se hizo referir la heroica acción con todos sus detalles, lo que le colmó de alegría.
Falleció el valeroso Luisanes de origen, y ecuatoriano de corazón, el 12 de mayo de 1866, a la avanzada edad de 77 años. Guayaquil le ha erigido un monumento en una de las cuatro estatuas que rodean a la Columna de la Independencia. También lleva el nombre de General Villamil es el más bello y cercano balneario de la provincia, llamado antes Playas del Morro. Lo mismo que el antiguo Barrio, alrededor del antiguo Conchero.