VAZQUEZ OCHOA HONORATO

DIPLOMATICO Y ESCRITOR.- Nació en Cuenca el 21 de Octubre de 1855. Hijo legítimo de Manuel de Jesús Vázquez Herdoíza, “que poseía un distinguido talento poético sobre todo para composiciones en quechua del género sentimental” y de Francisca Ochoa Andrade, “poetisa en sus años mozos”.
Fue el único hijo varón de los ocho que tuvo el matrimonio, aprendió las primeras letras en el regazo de su madre y cuando concurrió a la escuelita del maestro Federico Guerrero lo asombró escribiendo su nombre en una azulada penca, al punto que el maestro lloró de emoción.
El 15 de septiembre de 1864 ingresó al Colegio Nacional de Cuenca y pronto sobresalió entre sus compañeros como “raro ejemplo de austeridad de costumbres” pues prefería el encierro y la soledad para el estudio a los deleites de los recreos, por eso se diría después que “su juventud fue florida pero no alborotada”.
Pronto hizo amistad con el joven presbítero Federico González Suárez quien le franqueó su biblioteca para que tuviera libros de estudio y vigiló su enseñanza aconsejandole que se deje guiar por su vocación sacerdotal. En julio de 1869 el Rector Mariano Cueva expidió una mención honrosa por su actuación en un Certamen Público de Latín.
En 1871 falleció su padre y entró la miseria al hogar de suerte que abandonó su intención de ingresar al Seminario y como siempre había sentido inclinación a la pintura, quiso truncar sus estudios para dedicarse por entero al oficio, pero su madre se opuso animándole a proseguir la carrera de Derecho.
Ese año inició colaboraciones en la revista “La Aurora”, órgano de la “Sociedad de la Esperanza”, publicando en prosa y verso. “Era un poeta espontáneo del que manaba la poesía en fluencia natural”, cultivaba el intimismo y la introspección y sentía delectación ante Dios y la naturaleza.
En 1872 editó su leyenda histórica “Elena” en 10 págs. el 75 colaboró con la Sociedad Filantrópica” de Guayaquil para su revista “La Luciérnaga”. Al año siguiente Luís Cordero lo designó profesor sustituto de literatura en el Colegio Nacional y el 78 pasó al Seminario a dictar esa misma materia.
En 1877 había publicado con su amigo Miguel Moreno un bello poemario titulado “Sábados de Mayo” en 100 pags. inaugurado en Cuenca la poesía mariana “inspirada en un ideal tranquilo y en motivos sencillos y tiernos, cantos tristones y regionales del austro eglógico y devoto”, que le dieron cierta notoriedad, pues por esa obra figuró el 79 en “El Parnaso Ecuatoriano” de Manuel Gallegos Naranjo.
En 1878 replicó con “Virtud e Hidalguía mal interpretada” en 2 pags. al humanista Dr. Tomás Rendón, quien había atacado a González Suárez con un libelo en latín; meses más tarde fue designado tercer Consejero Municipal y en febrero del 80, al tener noticia que el Gobernador de Cuenca Mariano Moreno, exigía a los estudiantes del Colegio Nacional la presentación de un certificado de conducta extendido por el Gobierno para rendir exámenes, protestó contra el abuso.
Desde entonces fue tildado de oposicionista y cuando fundó “El Correo del Azuay” en enero del 81 siguió discretamente esa línea. En julio firmó sin percatarse y con otros profesores, una Petición de fondos para el Colegio y al leerla en el periódico notó que era un documento de vileza – más bien una súplica llena de adjetivos humillantes y de elogios exagerados al General Ignacio de Veintemilla – y concurrió con José Peralta a retractarse a una Notaría. El 16 fue apresado al salir de una iglesia y a pesar de la fianza que ofreció a su favor Carlos Ordóñez Lazo fue condenado al destierro. Primero estuvo en Piura y el Sr. Miguel Carrión le ofreció un empleo de profesor, luego fue llamado a Lambayeque por sus amigos Miguel Moreno y Angel Polibio Chávez, pero desistió por el pueril temor de serles molesto. El 9 de diciembre arribó a Lima y en marzo siguiente comenzó a dictar clases en el “Instituto Científico” del Dr. José Granda Esquivel. En su tiempo libre empezó a redactar un Memorial de su destierro; sin embargo, a los pocos meses prefirió salir pues se había enamorado de la joven María Teresa Granda, hija del Director del instituto y de solamente catorce años, que ingresaría al Monasterio de la Visitación y murió en 1919.
Tras esta salida copió música y trabajó en la marmolería del escultor Tenderini todo en suma pobreza. A fines de 1882 y antes los avances revolucionarios decidió regresar a Cuenca de incógnito, viviendo varios meses recluido en el Seminario y hasta pensó nuevamente en hacerse sacerdote. González Suárez le escribió que no sería decoroso dejar a medio talle su carrera de Abogado. En enero del 83 finalmente fue vencida la dictadura en Quito y en Julio salió el dictador Veintemilla de Guayaquil y radicó en Lima. El joven Honorato Vásquez fue designado Diputado a la Asamblea Nacional Constituyente, viajó a Quito e inició una activa vida literaria. La Asamblea Nacional lo nombró secretario y al finalizar las sesiones de 1884 pasó a ocupar la subsecretaría del Interior y Relaciones Exteriores, en cuyo desempeño preparó la Codificación de la Ley de Instrucción Pública, convirtiéndose en el brazo derecho del Ministro José Modesto Espinosa.
La Academia Ecuatoriana de la Lengua lo eligió miembro, comenzó a escribir para la Revista Literaria “El Progreso” de Cuenca y publicó la célebre poesía “Morenica del Rosario” en el periódico “Alboradas de Mayo” de Quito, en 3 págs. En 1885 salió a la Luz su libro poético “En el Destierro” en 156 págs. cuya segunda edición apareció en 1933 bajo el título de “Ecos del destierro” en 128 páginas con fragmentos de su libro de viaje, que también inspiró el “Libro de Tobias. Memorial de mi destierro” editado después de su muerte en 1935, por sus sobrino José Rafael Burbano Vásquez, en 325 páginas. En “El destierro” intercaló su poesía titulada “Ante el túmulo de Lamar en el Cementerio de Lima” que le trajo discusiones y polémicas con el Dr. Antonio Borrero Cortazar, sobrino segundo de dicho militar, porque Vásquez, con mucha ligereza, motejó de traidor.
En 1886 pronunció el discurso de clausura del Congreso Eucarístico de Quito que apareció en 10 págs. en la Revista del Sagrado Corazón de Jesús y se incorporó a la Academia de la Lengua con un discurso sobre el Tratado de la Belleza de Juan Montalvo. En 1887 fue profesor suscrito de Literatura en la Universidad Central y al año siguiente contrajo matrimonio con Mercedes Espinosa Astorga, sobrina del Ministro, señorita de carácter fuerte y muy menor a él, pero jamás se llevaron bien.
En 1889 publicó “Arte y Moral” con discursos y lecciones en 144 páginas incluyendo el “Comentario al Tratado de la Belleza de Juan Montalvo” pero le salió al ruedo Abelardo Moncayo con un artículo lago titulado “El General Lamar” donde además hizo la defensa de Montalvo. Igualmente apareció el cuento de noche buena “Constancia Filial” que dedicó a una hermana. La Revista Ecuatoriana le defendió de Moncayo indicando que Vásquez, joven como es, ama a a los jóvenes y se entusiasma con sus progresos, jamás rehúye darles un consejo emanado de su experiencia adquirida, no por la edad, sino por la observación profunda, aparejada con el estudio metódico y ordenado… Es pues un amigo bondadoso de la juventud a quien ha dedicado no solo sus mejores horas en la noble carrera del profesorado sino que no desperdicia ocasión de enseñarle y serle útil.
En 1890 el Presidente Antonio Flores lo designó Secretario de la Legación ecuatoriana para el arreglo de los límites con Colombia iniciándolo en la carrera diplomática. El 91 editó “Ley de Instrucción Pública concordada y puesta al corriente de la Legislación actual” en 50 páginas y trató de crear un Colegio secundario pero no obtuvo del gobierno la entrega del convento de San Francisco para su funcionamiento, a pesar que dicho convento estaba abandonado. También quiso fundar una Facultad de Filosofía y Letras adscrita a la Universidad de Cuenca y hasta soñó con la Universidad Católica pero fracasó.
A principio de 1892 pasó de Ministro Plenipotenciario al Perú con el fin de obtener que el Congreso de ese país apruebe el Tratado Herrera – García, fracasando en esas gestiones debido a la publicidad que Eloy Alfaro había dado en Lima al asunto de la llamada Deuda Gordiana, relacionada con un empréstito que el gobierno ecuatoriano estaba por contratar con varios inversionistas franceses, entregando en garantía tierras en la bahía del Pailón al norte de la provincia de Esmeraldas y otras más situadas en las regiones orientales que el Perú alegaba como suyas. La no ratificación del tratado por parte del Perú hizo fracasar el empréstito y nos colocó al borde de la guerra, pero finalmente se superó el impase.
A su regreso a Quito el 6 de septiembre fue designado Ministro del Interior y Relaciones Exteriores y a los pocos días multó a los empleados que no concurrieron el día 24 a la solemne fiesta religiosa de la Virgen de las Mercedes demostrando un irrespeto total a los derechos inalienables de las conciencias. Entre los multados estuvo el Ministro Miguel Valverde Letamendi, miembro del Tribunal de Cuentas, quien le reclamó con justísimo razón y se produjo entre ambos un duro cruce de palabras. Valverde defendiendo la libertad de conciencia y Vásquez sus ideas retrógradas, fanáticas y hasta oscurantistas impropias de un país civilizado. Este desagradable incidente tuvo trascendencia pues quedaron de enemigos. En 1898 Vásquez emitió un “voto razonado” contra el aplauso del Congreso al Ministro Valverde y cuando éste volvió a ser Canciller hostilizó a su subalterno Vásquez en el normal desempeño de su Misión diplomática en España. Ese año también fue designado Ministro Plenipotenciario en Lima, viajó a esa capital y publicó la “Memoria histórica jurídica sobre los límites ecuatorianos – peruanos” en 384 págs. que escribiera el 87 como Alegato en defensa de nuestros derechos territoriales. Esta obra causó sensación, la segunda edición data de 1904 y la tercera del 32.
En 1893 concluyó sus funciones y regresó a Cuenca después de diez años de ausencia pues su madre estaba gravemente enferma, pero cometió el error de vivir junto a ella y sus hermanas solteras, posiblemente para ayudarlas económicamente pues eran muy pobres, lo que a la postre le trajo serios problemas domésticos con su esposa, de la que terminó separado aunque bajo el mismo techo pues siempre tuvo una modesta situación económica. De esta época es su cuento “La Cueva del señor Belén” y obtuvo la creación de la Academia de Bellas Artes.
Al poco tiempo fue nuevamente Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Lima con el fin de insistir “para que se de cualquier solución al tratado pendiente durante tres años en el Perú”, pero el tratado fue desaprobado por el Congreso de ese país por razones políticas y por eso jamás llegaron a canjearse las ratificaciones.
En junio de 94 fue electo Subdirector de Estudios del Azuay, en septiembre Rector del Colegio Nacional de Cuenca y en noviembre viajó a Caracas como Enviado Especial ante el gobierno de Venezuela por cumplirse el centenario del nacimiento del Mariscal Sucre. Era uno de los políticos más exitosos pero a su regreso en 1895 la revolución liberal lo dejó cesante.
El 96 colaboró en la “Semana Literaria” de Manuel J. Calle en Quito y no participó en los luctuosos acontecimientos, suscitados en la toma de la ciudad de Cuenca por las fuerzas liberales del gobierno, acción militar que se realizó a sangre y fuego, con un importante saldo de muertos y heridos. Su carácter bondadoso no le permitía asistir a enfrentamientos bélicos.
En 1898 fue electo Rector de la Universidad de Cuenca y al año siguiente, como Diputado por el Azuay, concurrió al Congreso, emitió un Voto razonado contra el aplauso al Ministro de Relaciones Exteriores Miguel Valverde que publicó en 14 págs. pues le tenía punto tocado por el asunto de la solemne fiesta religiosa de la Virgen de las Mercedes y se opuso a la Ley del Patronato mediante un folleto de 28 págs.
En 1904 asistió a la Cámara del Senado y nuevamente se opuso a las reformas liberales editando “Cuestiones religiosas en el Senado”.
Poco después el presidente Plaza lo nombró Ministro Plenipotenciario Ad – Hoc, con residencia en Quito, para las conferencias con el Comisario Regio Ramón Menéndez Pidal “quien venía a ser el depositario confidencial del Convenio Reservado entre el Ecuador y el Perú que aparecería enseguida como Fallo público, inapelable y definitivo” del Rey Alfonso XIII de España, designado en 1887 árbitro de derecho en la cuestiones de límites entre el Ecuador y el Perú; pero fray Enrique Vacas Galindo, que en materia internacional era un neófito, imprudentemente denunció que el Perú había instalado campamentos que funcionaban como bases militares secretas en el Oriente, se perturbaron los ánimos y quedó aplazada la entrega de los alegatos. Entonces nuestro canciller Miguel Valverde negoció directamente con el Ministro peruano en Quito Mariano H. Cornejo y suscribieron el Convenio Valverde – Cornejo que vino a sumarse al tratado Andrade – Betancourt con Colombia, trabando las negociaciones directas de Vázquez.
En 1906 el presidente Alfaro lo envió en Misión especial a Madrid para obtener un Laudo favorable del Rey. En España vivió sin su familia que quedó en Cuenca, dedicado por entero a escribir, pensar y rezar, prácticamente como un ermitaño, pues era muy dado a sufrir depresiones que le duraban semanas enteras en las que ni siquiera salía de su dormitorio. De esta época son las siguientes obras: 1) En 1907 “El Epílogo peruano” en 193 págs. 2) En 1908 “Itinerario del litigio de Límites entre el Ecuador y Perú, con un Apéndice”, en 60 págs 3) En 1909 el “Memorándum final del Perú. Contra memorándum de Honorato Vázquez en 58 págs. 4) En 1910 “Litigio de límites entre el Ecuador y el Perú, conteniendo las notas, dictámenes, enmiendas, etc.” en dos volúmenes de 127 y 71 págs respectivamente, reproducidos parcialmente en la Revista del Centro de Estudios Históricos y Geográficos del Azuay en 1936 y 5) “La Misión diplomática de Honorato Vázquez en Madrid para el litigio de límites entre el Ecuador y el Perú. Juicio de la prensa” en 158 Págs.
Durante su estadía en Madrid guardó excelentes relaciones de amistad y compañerismo con el Ministro Plenipotenciario Víctor Manuel Rendón Pérez, no así con el libre pensador canciller Miguel Valverde, quien le mantenía aparte. En España se tomó una histórica fotografía vestido de moro en los patios de la Alambra en Granada y realmente que lo parecía pues Vásquez siempre tuvo ese tinte verdoso, los ojos grandes y saltones, el pelo duro y la barba negrísima y espesa, propia de los muros y de los bereberes habitantes del norte africano.
El Laudo fracasó finalmente y ambos países se vieron abocados a un conflicto bélico que felizmente no prosperó. En 1910 durante la Movilización Nacional contra el Perú influyó ante Alfaro para que solicite la mediación del Papa; pero, estando rotas las relaciones con la Santa Sede, nada se obtuvo.
En 1911 regresó al Ecuador en triunfo, siendo saludado con numerosos homenajes. El mismo día de su arribo el partido Conservador le precandidatizó a la presidencia de la República. Su matrimonio se había roto porque su esposa no le perdonó los cinco años de ausencia. Se habló de hacerle Canciller sinembargo los graves sucesos políticos de ese año lo impidieron. Al Año siguiente fue electo Ministro Juez de la Corte Suprema y se excusó. Entonces pasó a desempeñar el rectorado de la Universidad de Cuenca y allí permaneció hasta 1923 en que se acogió a la jubilación.
Entre 1912 y el l6 se ejercitó con el gran pintor español Tomás Povedano en la Academia de Bellas Artes fundada en 1907 en Cuenca. Los paisajes tomados del natural en dibujos y óleos revelan delicadeza y buen gusto “Le agradaba los suaves colores de los horizontes lejanos y las breñas envueltas en chales polícromos de flores, porque pintaba con amor, por eso en sus óleos se nota una caricia de dulzura y afecto, dentro de una escuela romántica, de manera que su especialidad fue plasmar la comarca azuaya y los rostros de sus amigos y seres queridos, siendo coetáneo de sus paisanos, también pintores: Luís Melgarejo, Nicolás Vivar, José Rafael Peñaherrera, José Tarquino León, Abraham Sarmiento Carrión, Manuel Ordóñez Crespo, Luís F. García, entre otros.
Vivía en una casona de piedra con su esposa, sus dos hijos y sus hermanas solteras. Poseía la hacienda “Huangarcucho” que significa en quichua rincón de los puercoespines, situada en la vía a Paute. Con su esposa guardaba cordialísimos vínculos aunque vivían en habitaciones separadas a causa de sus caracteres diferentes. El era, según palabras de Manuel J. Calle, un hombre bueno. Su carácter lo predisponía a ello, ese carácter todo amor y dulzura. La suave brillantez de su fluida palabra, su ánimo abierto a todos los llamamientos, a la simpatía, le hacía amigo del género humano con su nerviosidad llena de delicadeza que le distingue.
Desde 1913 había comenzado a escribir para “La Unión Literaria” sus contribuciones a la Real Academia, luego lo hizo a través de la “Memorias de la Academia Ecuatoriana”. En enero del 15 inició colaboraciones piadosas en varias revistas del país tales como la Revista Católica, Alianza Obrera, Hogar y Escuela, Páginas Literarias, La Crónica, Revista del Colegio Benigno Malo, Revista de la Universidad, en la propia La Unión literaria, a veces bajo el seudónimo de “José Méndez” que tomó del personaje de uno de sus cuentos.
Erudito en cuestiones idiomáticas que traslucían su carácter ascético, de suave aliento y grave religiosidad. Gran parte de esta producción recogió en sendos tomos titulados “Piedad y Letras”. También pintaba mucho, casi siempre por las tardes y las noches, alternando estas distracciones con el rectorado de la Universidad.
En 1916 expuso noventa cuadros al óleo sobresaliendo como paisajista de marinas, trópicos, montañas y nevados así como feliz reproductor de flores y bodegones o naturalezas muertas. En 1917 escribió un elogio sobre la obra poética de Crespo Toral en 156 pags. después serían consuegros.
Acostumbraba recibir visitas en su dormitorio privado donde tenía también sus libros. Diariamente meditaba en Dios y en la grandeza de su obra, rezaba y escribía, ayunando y dando de comer a los pajarillos directamente con sus manos. Su hijo Enmanuel había regresado de París, refinado, culto, bohemio, pero adicto a la morfina. Su creatividad no solamente se expresaba en fotografías, también presentó al Certamen de la Fiesta de la Lira en 1920 un blasón ideado para Cuenca, que se componía de lo siguiente: Como lema: Bajo la enramada, frase tomada de un poema de Virgilio. Dentro de un marco, un árbol de Capulí a orillas de un río, con un clavo y una saeta a sus costados. Enmanuel era el primer fotógrafo aficionado en Cuenca pero su conducta hacía sufrir a su padre, que debilitado en el carácter, lloraba de continuo. Todo un drama.
En 1924 el presidente José Luís Tamayo, siguiendo su política nacional de atracción hacia los conservadores, lo comisionó para representar al Ecuador en los festejos programados con motivo del Centenario de la batalla de Ayacucho; mas, se interpuso la muerte de su hijo Enmanuel ocurria el1ro de diciembre a los treinta años de edad a causa de una tifoidea tras servirse una jarrita de chicha de maíz de jora en y demasiado apenado como estaba se excusó de asistir.
En 1928 fue declarado “Ciudadano de Honor de Quito” y 1931 recibió el homenaje de todas las municipalidades del país. Estaba anciano y casi sordo. Su sobrino José Rafael Burbano Vásquez, que siempre había sido muy unido a él y era su discípulo en el arte de la pintura, le ayudaba como secretario. Años más tarde publicaría su biografía.
Aquejado de una insuficiencia cardiaca que le dificultaba respirar falleció en su ciudad natal el 26 de enero de 1933 de setenta y siete años de edad. Meses más tarde se editó “Cristo Rey” en 208 págs especie de alegato histórico y religioso de escaso valor, cuya edición no pudo tener en sus manos. En 1935 apareció “Ecos del Destierro” o el libro de Tobías, que es el memorial de un desterrado y está considerada su obra más tierna y más bella y una de las mejores escritas en todo los tiempos en este país, donde lució una hermosísima prosa poética y religiosa. Libro nostálgico y de añoranzas, herido de congojas y lágrimas, henchido de amor hacia la Patria, que me fuera especialmente recomendado en 1958 por Carlos Manuel Larrea, mi maestro en bibliografía ecuatoriana, y que atesoro desde entonces porque constituye un bálsamo para cualquier espíritu sensible en las horas de tribulación que nunca faltan.
En 1937 salió “Opinión sobre el dictamen del señor Santa María de Paredes” en 30 págs. y en 1940 “Reparos sobre nuestro lenguaje usual”, obra erudita, sabia y poética.
Poseyó talento, perseverancia y paciencia para sufrir las embestidas de la diplomacia peruana por muchos años. Tuvo vocación sacerdotal y gran patriotismo. Su estatura menos que mediana, tez trigueña aceituna muy moruna, calvicie pronunciada, rasgos finos. Su estilo impecable, su lógica imbatible. Como poeta pecó de cándido y sencillo porque siempre amó lo eglógico, tan lleno de saudades y por eso mismo tan alejado de la realidad.
Cuenca le ha levantado un monumento y existen muchas escuelas en el país que llevan su ilustre nombre.