VASQUEZ DE NOBOA JOSE MARIA

POLITICO.- Nació en Concepción, población ubicada en la parte austral de Chile, hacia 1780 aproximadamente. Hijo legítimo de Angel Vásquez de Noboa y Rey, natural de la población de los Angeles en Chile, nacido hacia 1750, dueño de las tierras de Tumulquén y agricultor en esa jurisdicción, y de Josefa Concha, de igual vecindad.
En 1806 registró su título de Abogado en la Audiencia de Quito. En 1807 figuró como Alcalde de segundo voto del Cabildo de Cuenca. Al conocerse en Cuenca el levantamiento insurgente de Quito, días más tarde, el 22 de Agosto de 1809, se celebró un Cabildo Abierto y los vecinos juraron guardar fidelidad al rey y a la Junta Soberana de Cádiz. Entonces inició una campaña para que la sede de la Audiencia se traslade a Cuenca hasta que las autoridades realistas dominaran a los revolucionarios. Tras esos sucesos y a finales de ese año viajó a Quito y actuó como Fiscal contra los insurgentes.
En 1812 fue electo Regidor de Cabildo y actuó como secretario del Presidente de la Audiencia Juan Molina y Zuleta durante su residencia en Cuenca, quien le elevó a Promotor Fiscal y cuando el nuevo Presidente Toribio Montes pasó a Quito, Vásquez de Noboa cesó en esas funciones y nuevamente fue designado Alcalde de Segundo voto del Cabildo. El 19 contrajo matrimonio con Teresa Ramírez Gordillo, procreando a José María Vásquez de Noboa y Ramírez.
Al conocer la noticia de la revolución guayaquileña del 9 de Octubre de 1820 rechazó el comunicado en que le pedían secundar el movimiento. Era Gobernador de Cuenca el Coronel Antonio Díaz Cruzado y Comandante Militar Antonio García de Trelles, pero los patriotas se reunieron en casa de Paulino Ordóñez, donde su mujer Margarita Torres los efervorizó, incitando a su hijo el Teniente Tomás Ordóñez Torres para que recoja gente y al siguiente domingo, 3 de Noviembre, se amotinaran a la salida de la misa de la Iglesia de Todos los Santos y concurran a la Casa consistorial con la finalidad de convocar a un Cabildo abierto y proclamar la independencia. Llegado el momento el español Juan Jáuregui lo impidió situando a la tropa en la parte delantera del edificio. Entonces intervinieron varias personas de viso para impedir un choque armado que hubiera dejado un saldo de varios muertos y heridos, lográndose que el Gobernador Díaz Cruzado cediera ante el pueblo. Mas, en esos momentos, se interpuso el Jefe Militar García de Trelles, que arrestó al débil Gobernador y lo mandó detenido a Quito, pero al pasar por la población del Cañar fue liberado sin consecuencias.
Vásquez de Noboa, en su calidad de Alcalde de Segundo Voto, asumió la Gobernación vacante y los amotinados con Tomás Ordóñez Torres a la cabeza, tras numerosas escaramuzas con los ciento nueve soldados de García de Trelles, en horas de la tarde creyeron más conveniente dar un rodeo para situarse en el barrio de El Vecino, mientras los realistas se hacían fuertes en el centro. Así las cosas se vino la noche.
Al día siguiente 4 de Noviembre la ciudad amaneció convulsionada y cuando los patriotas comenzaban una retirada por los dos caminos del Rollo, se consolidó la situación porque el Maestro Javier de Loyola, Cura de Chuquipata, arribó con numerosa gente armada sacada de su parroquia.
Entonces atacaron el centro y se tomaron el cuartel que García de Trelles abandonó y viendo que toda resistencia era absurda porque tenía en contra al pueblo, entregó las armas.
Vásquez de Noboa convocó a un Cabildo Abierto que no llegó a ninguna conclusión y bajo la influencia de su cuñado el Cura de Loja, Manuel Ramírez Gordillo, dictó un Bando y proclamó la República de Cuenca, mientras el pueblo cantaba la siguiente coplilla // ¡Que viva el Cura Loyola¡ / ¡Que viva la libertad¡ / ¡abajo los chapetones¡ / ¡abajo su terquedad¡ //
Como Jefe Civil y Militar organizó el gobierno y lo presidió, promovió la elección de Diputados y reunida la Asamblea el 15 de Noviembre fue ratificado por cinco años en esas funciones y se sancionó el Plan de Gobierno de la República de Cuenca (Constitución) que había redactado. Varios emisarios enviados a Loja y a Zaruma lograron que dichas poblaciones se sumen al golpe. Loja el 18 de Noviembre.
En tales circunstancias recibió a las fuerzas de apoyo que le llegaban de Guayaquil y con las Milicias adiestradas al apuro en Cuenca bajo su mando, en calidad de General del ejército libertador de las cadenas (sic.) enfrentó el 20 de Diciembre al General Francisco González en el sitio de Verde Loma, sufriendo una gravísima derrota.
Perseguido por todos lados no pudo regresar a Cuenca y prefirió bajar a Guayaquil con su hermano Ramón y varios oficiales patriotas, encontrando reiteradas muestras de consideraciones y aprecio en el puerto principal mientras sus bienes personales, así como los de su esposa, eran confiscados en Cuenca. Ella quedó en la más absoluta pobreza.
Para 1821 residía con su hermano Ramón y con su hijo que estudiaba en Lima, sirviendo en esa capital al ejército patriota del Libertador José de San Martín quien le premió designándole vocal del Tribunal de Seguridad Pública y Coronel mayor de la plaza y concediendo la Orden del Sol del Perú y cuando éste se retiró en Agosto de 1822, entró al servicio del Mariscal José de la Riva Agüero y Sánchez – Boquete, quien fue electo Presidente de la República del Perú en Enero del 23.
Vásquez de Noboa desplegó una gran actividad, haciendo efectivo el empréstito contratado por San Martín, equipando la escuadra y preparando una nueva expedición armada hacia el sur, que puso bajo las órdenes inmediatas de Andrés de Santa Cruz, a tiempo que el poderoso ejército realista al mando del General José de Canterac avanzaba sobre Lima, capital que estaba desguarnecida. Por todo ello se le empezó a conocer con el sobrenombre de “El señor negocios”.
Riva Agüero pensó resistir pero comprendiendo la inutilidad de cualquier acción militar, dada la superioridad numérica y de armamento del enemigo, prefirió refugiarse con su oficialidad y tropa en el Castillo fortificado del Callao, mientras el Congreso peruano le destituía por tal medida. En vista de ello optó por retirarse hacia el norte y estableció su gobierno provisionalmente en la ciudad de Trujillo, donde tenía propiedades, numerosas influencias y se sentía más seguro.
En el interim los Diputados Faustino Sánchez Carrión y José Joaquín de Olmedo viajaban a Guayaquil a solicitar el auxilio del Libertador Simón Bolívar.
Desde Trujillo el Presidente Riva Agüero disolvió el Congreso peruano y formó un Consejo de Estado de solo diez miembros y cuando arribó Bolívar a Lima se iniciaron las negociaciones para unificar a la República pero no se llegó a ningún arreglo. El día 23 de Noviembre el General Antonio Gutiérrez de la Fuente le depuso bajo la acusación de traición a la República, pues se dijo entonces que a través de emisarios había iniciado conversaciones secretas con el Virrey José de la Serna, a fin de unificar sus ejércitos contra los de Bolívar, para sacarlo del Perú y fundar un reino con un Príncipe de la Casa Real de España en el trono, proyecto que ya había sido estudiado por San Martín y que indudablemente hubiera restablecido la Paz a costa de la libertad del Perú.
Entre los principales apresados estaba Riva Agüero, Vásquez de Noboa y su hermano Ramón, Manuel Pérez de Tudela, Manuel Anaya, Toribio Dávalos, José de la Torre Ugarte y Ramón Herrera, que fueron condenados a la pena de fusilamiento en lugar secreto y sin fórmula de juicio, pero a última hora se les envió a Guayaquil y de allí pasaron a Chile.
Riva Agüero siguió a París, donde permaneció hasta 1828, tiempo en el cual escribió las “Memorias de Pruvonena” en dos volúmenes de más de un mil seiscientas páginas, libro terrible por las invectivas que contiene, mientras Vásquez de Noboa y su hermano Ramón, ya de vuelta a su tierra natal se pierden para la historia ecuatoriana, aunque se sabe que falleció en 1857 en Concepción, Chile, y está enterrado en esa Catedral.
Le correspondió un importantísimo papel en la culminación exitosa del movimiento político y militar del 3 de Noviembre de 1820. Su esposa vivió en Cuenca, sin mayores noticias de su marido, hasta el fallecimiento de ella, ocurrido en 1847. Su hijo volvió a Cuenca, ocupó honrosos puestos en el Cabildo, permaneciendo soltero y no dejó sucesión.