VALDIVIESO POZO AGUSTIN

GENEALOGISTA.- Nació en Cuenca el 21 de Julio de 1937 en la antigua casa familiar ubicada en la Borrero entre Lamar y Gran Colombia y fue bautizado el 28 con los nombres de Agustín Daniel. Fueron sus padres legítimos Agustín Valdivieso Arteaga, dueño de la hacienda Shuracpamba en Oña, donde vivió gran parte de su vida dedicado al cultivo de la caña de azúcar y fabricación de aguardiente, mieses, cría de ganado vacuno, caballar y caprino, aprovechando las diez mil hectáreas de pastos naturales que tenía dicha hacienda y Beatriz Pozo Tamariz, cuencana.
Niñez tranquila con largas temporadas en la hacienda. Fue el tercero de una familia compuesta de cinco hermanos y recibió las primeras letras de su madre, quien le llevó a la escuela de los Hermanos Cristianos en Cuenca sabiendo leer y escribir y pronto descolló en el dibujo y otras artesanías.
En 1952 estudió el primer año de secundaria en el Colegio jesuita Rafael Borja. Al año siguiente fue enviado al internado del San Felipe Neri de Riobamba siendo rector el padre Carlos Riofrío Granizo, S.J. y tuvo por director espiritual al padre José Joaquín Flor Vásconez, S.J. pero, como a los dos años uno de sus compañeros falleció tuberculoso cerraron el internado por el problema sanitario y volvió a Cuenca. En 1958 se graduó de Bachiller en el Borja.
Era un joven algo introvertido que pasaba largas horas en la biblioteca de su padre, rica en temas históricos y biográficos, e incluso por decires de familia y a través de conversaciones con los viejos cuencanos empezó a cobrar gusto por los estudios genealógicos.
Primero averiguó acerca de los Valdivieso de Oña, luego el panorama familiar se fue ampliando por otras ramas cercanas y así, casi sin quererlo, fue formándose el genealogista; pero su madre quería verle de odontólogo y aunque no tenía una auténtica vocación para ello, más por complacerla ingresó a esa Facultad en la Universidad de Cuenca, donde cursó un año de estudios pero contrajo una úlcera estomacal muy fastidiosa.
Recuperado de su dolencia viajó a la costa en plan aventurero y trashumante. Allí vivía su tío y padrino Manuel Pozo Tamariz, quien le inició en el cultivo y explotación del banano. Se estableció en la parroquia Macuche cerca de Machala y alquiló varias parcelas a Vicente Molina, dueño de las haciendas Media Montaña y Cañas hasta 1970, produciendo para la exportación con resultados bastante provechosos, pero a raíz de su matrimonio en Cuenca, realizado en Abril de ese año con María Eulalia Crespo Vintimilla, decidió retirarse del negocio pues el clima caliente no le asentaba a ella.
En 1971 adquirió su esposa el taller de bordados de Dña. Eulalia Vintimilla de Crespo, quien había fundado en su casa varios talleres de objetos folklóricos con fines comerciales aunque la producción era artesanal pero tuvo inmediata aceptación en los mercados de Europa y los Estados Unidos, donde comenzaron a ser conocidas las blusas y los trajes bordados con motivos florales y de pajaritos que tradicionalmente usaban las Cholas cuencanas. aunque también se producían objetos en cuero, en lata, joyas, muebles decorados a mano, etc.
El taller se llama “Yapacunchi Artes del Azuay” que en quechua significa “Damos con ventaja” y sigue abierto al turismo y al mercado interno e internacional.
En 1972 nació su hija Isabel Beatriz, instaló el taller de bordados que ha denominado “Doña Eulalia” en la esquina de Padre Aguirre y Muñoz Vernaza del centro de Cuenca y construyó una villa en la calle los Mullos del barrio Rosa, dedicándose a dibujar las flores y demás motivos autóctonos que sirven de modelo a los bordados y que al principio sacaba de las colecciones formadas por su suegra.
Con el tiempo logró aumentarlos considerablemente tomando fotografías de dibujos, frisos de casas antiguas, marcos coloniales y en general de todo sitio artístico, proyectando parte del pasado al folklore del Azuay. Y ha creado una línea de ropa no tradicional (moderna) especialmente chaquetas, que goza de justa fama.
Posiblemente coincidió con los inicios de la década del 70 el hecho de que su amigo Alfonso Anda Aguirre le proporcionara un legajo de numerosos documentos de los Valdivieso, que había pertenecido al famoso cura Lequerica genealogista en Loja y a la par que prestaba su atención al arte y al folklore, emprendió una provechosa búsqueda, visitando gentes, ahondando en archivos del país y desentrañando sus antiguos secretos familiares.
En Cuenca existía un pequeño núcleo de personas interesadas en asuntos de apellidos entre los que sobresalía el famoso sordo Carlos Jaramillo Vintimilla, poseedor de abundante tarjetero genealógico en su casa de la Sucre y Hermano Miguel frente al colegio de las Catalinas. Desde Loja Julio Eguiguren Burneo le facilitó información sobre las familias entroncadas con los Valdivieso. José Freile Larrea de Riobamba le complementaba muchos datos. Guillermo de Rubira Orellana hacía lo propio en Guayaquil. Fernando Jurado Noboa, el genealogista por antonomasia y Presidente de varias instituciones, también lo ayudó desinteresadamente.
I así, iniciado con el aporte de tan buenos amigos, investigó el archivo Municipal de Cuenca y los Parroquiales del austro y fue formando arboles de costados que hicieron florecer la escueta genealogía de los Valdivieso publicada por Alfonso Anda Aguirre en el No. 39 de la revista Mediodía de Loja y repetida en el No. 1 de la revista del Ceniga (Centro Nacional de Investigaciones Genealógicas y Antropológicas) La parte Heráldica corría por su cuenta pues siempre ha sido un excelente dibujante, y si a esto se suma sus dos viajes de turismo a España en 1980 y el 85, así como los estudios en la Curia de Cuenca, las numerosas cartas que le comenzó a enviar el Párroco de la Colegiata de Covarrubias Javier Gómez Oñáz y el Dr. Rafael Corral y Guevara y sus amigos peruanos Miguel Checa Solari, Isabel Ramos Seminario, Carlos Escudero Ortíz de Zevallos, Ernesto Spangenberg Checa y los españoles Alfonso de Figueroa y Melgar, así como otros más, veremos que el panorama familiar se había ampliado tan ostensiblemente que bien ameritaba la iniciación de un libro.
En 1990 estuvo lista la obra sobre el Valle del Bielso (Valdivieso) el apellido y la familia y en Marzo del 91 se terminó su impresión en 465 pags. con numerosas fotografías, escudos, índices y bibliografías en sólo tres cientos ejemplares firmados y bellamente empastados que se vendieron en el mercado nacional y aún en el extranjero. De allí en adelante su autor se ha dedicado a ampliarla y corregirla.
También ha figurado como asesor de la Comisión de Adquisiciones del Banco Central, de Arte colonial y numismática ecuatoriana. Su estatura más que mediana, trigueño, ojos café y pelo negro entrecano. Trató social encantador.