Teran Enrique.

(1887-1941
Artista y escritor nacido en Quito. Hijo del General Emilio María Terán, escritor y pundonoroso militar, y de la señora Hortensia Vaca de Terán. Efectúa sus estudios, la mayor parte en Inglaterra donde su padre representaba con lucimiento la función de Embajador de nuestro país.
Artista nato al igual que sus hermanos Teodolinda, Enrique y Augusto Terán Vaca. Con ellos formó, junto al artista Gustavo Bueno, el “Cuarteto Terán-Bueno” de fama en el ambiente musical del Ecuador. Tocaba el violín en forma excelente y componía música con acierto. Fue profesor del Conservatorio Nacional de Música.
Caricaturista y dibujante. Fundó la Revista “Caricatura” en la cual colaboraron entre otros: Nicolás Delgado, Guillermo Latorre, César y Jorge Carrea Andrade. Eficaz labor cumplió en la dirección de la Biblioteca Nacional. Publicó “Mensaje”, revista literaria que viviera algunos años, en compañía de Ignacio Lasso, el poeta Militante socialista de mérito. Escribe en el Diario “La Tierra” en especial notas sobre doctrina de su partido.
La producción literaria que le pertenece es desigual y poco abundante. También escribió cuentos. Su nombre adquiere caracteres sobresalientes en el campo de nuestra cultura al editar, en 1940, “El Cojo Navarrete”, indiscutible acierto literario que alcanza terrenos de la Historia y la Sociología.
Ignacio Lasso, su compañero de letras, prematuramente desaparecido, al hacer el prólogo a la últimamente nombrada obra opina: “Terán ha puesto un empeño ardoroso en cumplir las virtudes que se pide al narrador vernáculo, y que son: la fidelidad, la propiedad, el tacto y la selección. Los episodios de “El Cojo Navarrete”, acusan en forma visible el esmero con que han sido elaborados. “La doma del potro”, “La pelea de gallos”, “La tuna de la chola escolástica”, “Las barracas de los negros del Chota””, son indudables logros de la fragante vida ecuatoriana, dura en el latifundio del Ande, de sicología cada vez más difícil de justificar. Hay allí la embriaguez rijosa del cholerío resentido y camorrista; hay también la bravuconería y el esquinazo; el ingenio agreste y agresivo que se gastan en nuestros campos, las guasonerías y cuchufletas que enojan y hieren. Y hay en fin, ese quisquilleo, el rústico refrán y la violenta interjección. En cuanto a los personajes, están destacados con un dibujo firme y con una riqueza de datos auténticos que nos da la impresión de haberlos conocido…Sobre la intriga y el drama de estas gentes, se relieva, a grandes trazos, como un núcleo dinámico, la fiera silueta del Cojo Navarrete, que es una especie de glorificación o apología del coraje y la hombría de nuestro cholo”.
“El Cojo Navarrete cuenta la historia de Juan Navarrete, el cholo que perdió una pierna en sus luchas por el Liberalismo, allá por el ano 1895. Está al servicio de sus patrones y de la causa de Alfaro. Hábil para la doma del potro a pesar de la mencionada circunstancia física, llega a amar a Rosa Mercedes, superior a él en clase social. Ella le corresponde enamorada como está de aquel hombre de leyenda. Posteriormente se convertirá en un paria, abandonado por el amor de su vida, para volverse un salteador de caminos y vivir proscrito hasta su muerte que adquiere características épicas. Rosa Mercedes tiene un hijo de Navarrete, pero siente asco y repugnancia por aquél; confía a una indígena su cuidado. Navarrete conoce la verdad y trata de rescatarla. Los soldados le han visto, una descarga de fusilería mata al cholo que desciende de lo alto del farallón mortalmente herido. Mientras tanto cuando la madre entra a la choza con deseos de llevárselo encuentra que “El Cojo Navarrete había estrangulado a su hijo, para que el nuevo cholo no sea pasto de las miserias de los de abajo!”. Allí está el drama del mestizo ecuatoriano, carne de cañón en la batalla humillado luego de que no sirve para los fines políticos una vez que ha triunfado “la causa”.
Indiscutiblemente, “El Cojo Navarrete” es una de las mejores novelas que se han escrito en nuestro país, a pesar de los defectos que adolece y de los que habla Angel R. Rojas en “La Novela Ecuatoriana”: “…el amontonamiento de historias secundarias que se entrecruzan, restándole unidad a la acción principal. En este libro también tenemos que enterarnos de episodios casi ajenos, que la impaciencia del lector por seguir el destino y peripecia de Navarrete encuentra hasta extraños. Pero despierta interés la lectura, y hay ansiedad por llegar al desenlace”.