SUCRE Y LAVAYÉN: Dolores


Dolores. Sucre y Lavayen, muchachita que se abrió a la vida allá por el año de 1837, en el seno de un hogar profundamente cristiano. Lo formaba el coronel venezolano Don Jo sé Ramón de Sucre, primo hermano que era del genial Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre; y la meritísima dama Doña Mercedes Lavayen.
El Guayas rumoroso meció con cadencias y armonías sonoras, sus gorjeos primeros de niña traviesa e iluminó más tarde, la inspiración de esta Musa predilecta de las letras ecuatorianas. Dos hermanas tenía:
Carmen Elena Obdulia de Sucre y Lavayen. Ninguna de ellas contrajo matrimonio, siendo una núbil muchachita en flor, sufrió la desgarradura de su corazón en las fibras más íntimas y exquisitas del sentimiento femenino, cuando el joven apuesto que había pedido su mano, se ve arrancado de esta vida por la acción de la Reina Pálida, la inexorable Muerte, la Escrutadora de destinos.
Dolores sufrió inmensamente al perder a aquel a quien adoraba y todo su dolor se tornó agonizante y se deshojó luego en los ríos caudalosos de la poesía.
El joven mancebo, un inglés de apellido Perinmen, había dejado sola a su Dolores debido a un accidente sin principio. Aceitando un arma se escapó el disparo y su vida se apagó bruscamente, como la flama que barrida por el viento, sucumbe sin dejar rastros.
Rosas, lirios y toda una gama de perfumadas flores comenzaron a surgir de los labios jovencísimos de Dolores Sucre y Lavayen, a raíz de entregarse por entero a la poesía.
Dios, la Patria, la Verdad y la Virtud, serán temas constantes de su inspiración temprana y su lira de poeta se encumbró más y más hasta ganarse la admiración de todos cuantos la conocieron y amaron.
Discípula de Fernando Velarde, poeta romántico de España, supo escanciar lo que de maravilloso posee el verso fresco y ágil, hasta lograr convertirse en la Decana de las letras nacionales.
Rompió el Imperio de las sombras bañándose de luz con la palabra, la cadencia y la armonía, hasta ganar mil títulos, todos ellos merecidos.
Desarrollando su vida en un medio que negaba la participación de la mujer en igualdad del hombre, supo defender sus ideales y su posición.
Marcó una estela de fulgores siempre abiertos y cuando su cuerpo, materia corruptible, bajaba al sepulcro dentro de un ataúd, las féminas del Guayas, rompiendo las barreras de prejuicios absurdos, acompañaron el cortejo solemne hasta su última morada y dieron el adiós, promesa del encuentro, a la piel amada Dolores.
Vistiendo el albo traje de la Virgen Mercedaria, juntando sus dos manos en mística plegaria, bajó Dolores hasta su tálamo de muerte. Llevó en su pecho, prendida cual estrella, la lira de diamantes que el pueblo de su ciudad, le había otorgado 12 años atrás, Un 9 de Octubre de 1905, honrando en esta forma su voz, su inspiración y su nombre de poeta.
Hasta el último instante se escuchó su canto, pese a que la escarcha de nieve pintaba con el alba sus blondos cabellos. Se conserva latente el genio de su inspiración bajo la pura y sedosa cabellera de mujer.
«¡Hoy, ha muerto Dolores Sucre y Lavayen, gloria del Parnaso ecuatoriano, dulce alondra del Guayas!», así rezaban los titulares de los diarios de nuestra ciudad, un 5 de junio del año de 1917.

SUCRE DOLORES (1837-1917)
Sobrina del Gran Mariscal cobardemente asesinado en un recodo de Berruecos. Inspirada poetisa. El 9 de diciembre de 1905 en el Teatro Olmedo de Guayaquil recibió el homenaje que se lo reserva a bardos de trascendencia, el testimonio de que el verso no es un arado abriendo surco en el desierto; en esa oportunidad, el día más feliz de su atormentada y altiva existencia, dio a conocer su poema «Gratitud» que, en parte, dice:
Compatriotas, no la lira que. condecora mi pecho me da a la gloria derecho; más mi musa no delira si os jura que en esta lira la Patria con esplendor me paga deudas de amor
al ver mi tumba cercana dó al caer diré mañana: ¡Salve el cielo al Ecuador!
En su Bibliografía se presenta «Poesías», Barcelona 1914.
El lirismo de su estro mojó las regiones más sensibles de su alma; en permanente espera transcurrió, inquieta, ala caza del verso saciador de melancolías, delverso -fumarolapara las ansias o de aquel que llama a las muchedumbres a perennizar en el mármol la labor de los beneméritos, de los esforzados, de los superiores.
Encendida de amor indeclinable para la Patria y, también, para algo que se fue en una de las curvas de la vida, supo granjearse la estimación y el respeto de su pueblo; la calumnia, moneda corriente frente a personalidades así, si bien quiso cebarse en ella no tardó permanentemente.