SOTOMAYOR Y LUNA ROSA

LA MUSA EN PARIS.- Nació en Guayaquil en 1886 y fueron sus padres legítimos Manuel Sotomayor Luna y Miró, propietario de las haciendas Pavana, Soberana y La Menaida en Vinces y Rosa Orejuela Arteta, naturales de Guayaquil y Quito respectivamente.
La tercera de una larga familia de ocho hermanos que vivían en casa propia en el sector norte del Malecón, estudiaban con profesores privados, viajaban a Lima en las vacaciones invernales y como siempre fue muy delgadita la mandaron a pasar varias temporadas en Alausí para tomar clima y robustecer el cuerpo como se decía por entonces.
Para el Incendio Grande del 5 y 6 de Octubre del 96 se quemó la casa familiar, su padre decidió llevarlos a Lima mientras se reconstruía el edificio y todos se alegraron diciendo “se levantaron las anclas” pues estaban acostumbrados a los viajes y sentían la necesidad de ellos.
En Lima vivió casi cuatro años con los suyos pues el regreso se fue demorando intencionalmente debido al ambiente de lujo y cultura en que se desenvolvía la sociedad de la capital peruana, tan del gusto exquisito de sus padres.
En 1900, año en que pasaron a Europa, Rosita era una agraciada pelirroja pues su frondosa cabellera era de un raro color de amaranto, el talle fino y los ojos café, pero lo mejor del conjunto era su espiritualidad pues tocaba maravillosamente al piano, leía versos romántico que gustaba recitar y tenía una conversación expresiva, agradable y desenvuelta, por eso abundaban sus admiradores y buenas amigas, siendo la mejor de todas Josefina Gildemeister.
En Madrid alquilaron una casa de campo cercana a las alamedas de Osuna y se propuso recoger en un álbum los poemas de los amigos de su familia.
Pronto llenó varias páginas con las composiciones de Núñez de Arce, Juan Valera que ya estaba ciego, Mariano de Cavia, Jacinto Benavente, Manuel de Palacio, Marcelino Menéndez y Pelayo, Juan Pérez de Guzmán, el Duque de Rivas, Eugenio Valles, Antonio Zozaya, Felipe Pérez, Antonio Palmera, Joaquín Dicenta, Emilio Ferrari, José Martínez Ríos.
A principios de 1902 los Sotomayor y Luna se trasladaron a Paris y recogió producciones de Víctor Manuel Rendón Pérez, quien compuso para Rosita un verso en francés sobre los Carnavales de Niza titulado “Bataille de fleurs”, Leonidas Pallares Arteta le sirvió para recoger una composición de Rubén Darío que la ha inmortalizado y dice así:
//Rosita Sotomayor, /que tienes nombre de flor / I que flor de amores eres /Entre todas las mujeres / del ardoroso Ecuador. //En estos floridos lares, / le pregunté a un labrador: / – Entre lirios y azahares / y Rosas – ¿Cual es mejor? / I me contestó Pallares: / Rosita Sotomayor! // Cómo será tu fragancia / que la siento a la distancia / por tu encanto encantador /Ya me quiero ir de Francia / Por el próximo vapor! // Si me dijera el Señor / “De las cosas que has visto, / Pide una a tu creador” / le respondería listo / “Señor mío Jesucristo: /Rosita Sotomayor” // Paris 1902.
En Mayo estaba con los suyos nuevamente en Lima y recogió versos de su tío Agustín Leonidas Yerovi Orejuela y de su primo el también poeta Leonidas Yerovi. En Junio, ya en Guayaquil, firmó su Álbum César Borja Lavayen. En Octubre de 1903 José Santos Chocano le dedicó en Lima las siguientes rimas:
// R. S. Y L. // Tiene su faz la clásica blancura / del mármol griego /en tus venas azules serpentea / de tu nativo Chimborazo el fuego /tu cabellera obscura /tal como el Guayas por tu espalda ondea; / y el cuerpo gentil como la palma, /es una esbelta copa de hermosura /llena del vino embriagador de tu alma! //
También le firmaron sentidas composiciones Francisco García Calderón, Marcial Helguera Paz-Soldán, y Luís Fernando Cisneros En 1905 visitó Quito el Comisionado Regio, Ramón Menéndez Pidal, designado para el Laudo Arbitral del Rey de España entre el Ecuador y el Perú y se sumó al álbum, que ya para entonces era un nutrido cuadernillo de hermosos versos.
El 7 vivió largas temporadas en la sierra porque sus pulmones se habían resentido y el 10, radicada definitivamente en Guayaquil con su madre viuda y hermanos solteros, se dedicó a su piano y a las labores caseras como toda señorita de sociedad.
El l2 conoció al empresario Rodolfo Baquerizo Moreno, quien acababa de enviudar de Ana Julia Gómez Gault, muerta de parto, dejando numerosos hijos, algunos mayores de edad y el primero casado. Sus tías solteras se apenaron mucho cuando supieron que iba a contraer matrimonio con él, pues era viudo con hijos y muy mayor a ella. Demasiadas responsabilidades – dijeron – para una señorita tan artista. El matrimonio se realizó el 30 de Enero de 1913. Rosita se hizo cargo de los varones Baquerizo Gómez, porque las mujeres quedaron a cargo de su abuelita Ana Julia Gault de Gómez y comenzó una nueva etapa de su vida, plena de armonía y felicidad, en la Villa Rosa de propiedad de su esposo, situada en la esquina de Eloy Alfaro y El Oro. Chalet muy amplio y de madera, con un gran jardín que su esposo adoraba y era cuidado con mucho esmero por un jardinero peruano – japonés contratado en Lima.
El 14 pasaron vacaciones en Riobamba y nació su hija Rosa Victoria. A su esposo no le agradaba la costa porque decía que los chicos se ponían negros y enfermos. El 15 viajaron a New York y nació Carlos. El 17 nació Olga en Guayaquil. El 19, a la finalización de la primera Guerra Mundial, se ausentó a Paris con su hija mayor, llamada por su madre, quien vivía en la capital francesa con varias hijas solteras. El viaje duró varios meses.
Su vida continuó feliz junto a su esposo a quien adoraba. No sabía cocinar pero tenía a una doméstica negra llamada Paula, que trabajó años con ella y terminó aprendiendo a confeccionar difíciles recetas francesas tomadas de libros, sobre todo mouses, soufles y babarois.
Rosita siempre fue risueña, graciosa y muy romántica. Cuando su esposo, que era muy ocupado, salía al trabajo, corría a la puerta a reclamar ¿Te vas sin darme un beso? En casa leía y declamaba. A sus hijos los ponía en hilerita a recitar y cuando se sentaba al piano les hacía llevar sus juguetes para que la acompañaran desde el suelo.
En la década de los 20, su madre, la viuda de Sotomayor y Luna invitó a sus yernos a trasladarse a Paris con sus respectivas familias, todo pagado por ella. Baquerizo Moreno declinó agradecido la gentil invitación que le privaba de gozar de los placeres de los años dorados de la posguerra en razón de sus múltiples negocios, pero su cuñado Guarderas Pérez si lo hizo. Doña Rosa Orejuela era muy generosa y cada año enviaba varios baúles con vestidos y juguetes y Don Rodolfo acostumbraba ofrecer hermosas fiestas en la Villa Rosa (1) En esas ocasiones los jardines se iluminaban con farolitos chinos de papel y los invitados bailaban a los acordes de alguna orquesta de postín.
Rosita compartía esta vida social con sus amigas, que eran numerosas dado su buen carácter; sobretodo era muy unida con Rosa Borja de Ycaza que también tocaba maravillosamente al piano y con Maria Luisa Lince Sotomayor su prima y sobrina, pues estaba casada con Ernesto Baquerizo Roca.
En 1927 viajó Rosita a Paris en compañía de sus hermanos Manuel que aún estaba soltero y Leonardo casado con una dama austriaca pero no tenía hijos, pues dada la gravedad de su madre que estaba cardiaca, se temía lo peor. Llegaron a tiempo, la asistieron en sus últimos momentos y enterraron en el cementero de Saint Clud cercano a Paris.
En Paris Rosita fue diagnosticada de tuberculosis y tuvo que permanecer en continuo tratamiento. Su esposo la visitaba anualmente hasta su fallecimiento el l2 de Agosto de 1930, cuando solamente tenía cuarenta y cuatro años de edad y fue enterrada al lado de su madre. Sus restos no han vuelto al país. Los tres últimos años de su vida transcurrieron en dolorosa soledad en uno de los sanatorios de las montañas francesas.
Dejó de apoderado de sus bienes a José Maria Díaz Granados Sáenz quien administró La Menaida hasta que sus tres hijos Baquerizo Sotomayor cumplieron la mayoría de edad. Después pasó la hacienda a poder de Rafael Sotomayor y Luna y Orejuela, que la adquirió a sus tres sobrinos y la poseyó hasta el advenimiento de la primera Reforma Agraria en 1964.
En 1994 Jenny Estrada publicó una Nota periodística denominando a Rosita como la Musa en Paris, por su álbum de versos recogidos en Europa y que hoy reposa en poder de los herderos de su hijo Carlos.