SEGURA CANO: Francisco


Así comenzó Pancho Segura, su conversación, la cual durante los cinco días en que compartimos el Campeonato Abierto de Tenis en Nueva York estuvo centrada en lo que significa el haber obtenido la ciudadanía norteamericana… He vivido en este hermoso país, nos dijo, durante 50 años, de los 70 que tengo ahora… He obtenido en él mi educación, una cómoda situación económica, buenas relaciones sociales y una gran trayectoria como jugador de tenis… Actualmente vivo en la ciudad de San Diego, en California, compartiendo mi hogar con mi segunda esposa, desde hace 30 años…

Trabajo de martes a sábado de cada semana en el hermoso complejo deportivo de «La Costa», exclusivo lugar en el que alterno con empresarios, artistas, ejecutivos y también nuevos alumnos a los cuales entregó enseñanzas, especialmente cuando se trata de juveniles, puesto que fui el primer jugador en dominar el golpe a dos manos, el cual se ha popularizado en casi el 50% de los aficionados del mundo.
Pero para llegar a todo esto tuve que sacrificarme y sufrir mucho… No me quejo de ello, pues siempre estuve consciente de que para ser el mejor, hay que luchar a diario con mucha tenacidad, hasta lograr la meta que se ha trazado…
Cuando llegué a los Estados Unidos, en 1940, había logrado los títulos de campeón bolivariano y de campeón Sudamericano… Pensando en mis posibilidades, el Tenis Club de Guayaquil me mandó a Nueva York, y me mandaban para mis gastos una cuota de 100 dólares mensuales… Pero en los primeros meses de mi estadía no pude lograr buenos resultados… No lograba pasar de una segunda vuelta en los torneos que como amateur, pues aún no había profesionalismo, yo efectuaba… La razón de esto es que era un chico mal nutrido… débil… que no sabía el idioma y que se veía obligado a buscar a los hispanos para hacerse entender… Esta situación hizo que el Tenis Club me ordenara regresar… Yo me tenía gran confianza… Sabía y estaba seguro de mis condiciones, y por eso me negué a volver… Perdí por eso la ayuda que me enviaban, y entonces tuve que valérmelas solo… Un amigo boliviano, Arturo Cano, fallecido recientemente, me dio su ayuda, y por cinco dólares a la semana, me daba casa y comida… Yo, a cambio de su amabilidad, lavaba platos, cuidaba la casa y jugaba en parques y canchas de barrio… Hubo noches en las cuales caminaba por la Quinta Avenida con un solo dólar en el bolsillo… Como tratando de encontrar un tesoro, buscaba los sitios en que ofrecía más comida por ese valor… Apostaba en los juegos de la cancha del parque Central, y ganaba algo para los gastos… Muchas veces tuve que dejarme ganar para no perder la clientela… Me inscribí en el campeonato de Brooklyn, que era tomado en cuenta por la Asociación de Tenis, y por las revistas especializadas…
Llegué a campeón y las cosas empezaron a mejorar… Nunca había visto a un jugador que corriera tan rápido, con las piernas tan torcidas, y que además pudiera golpear tan fuerte con las dos manos… El entrenador de la Universidad de Miami me vio, y me ofreció una beca de estudios, libros, casa y comida… Acepté, pues no necesitaba más… Fui jugador universitario durante cinco años… Y empezamos a juntarnos, Jack Kramer, Pancho González, Frank Parker, Dinny Pails, Bobby Rigs y muchos más, para iniciar y sembrar la planta del profesionalismo… La guerra mundial frenó un poco nuestras aspiraciones, pero no frenó nuestro cariño por el tenis…
Jugamos para distraer a los soldados norteamericanos en islas tan remotas como Okinawa, Guadalcanal, Filipinas y en muchas otras en las cuales la cancha se improvisaba sobre la pista del aeropuerto, y había que suspender el partido cuando sonaban las alarmas… Finalizada la guerra, el profesionalismo entró a ser una palabra respetada… He jugado en todos los países del mundo… Se me escaparon uno que otro… Siempre fui, junto con mis compañeros, atendidos por reyes, príncipes, presidentes, inclusive dictadores… El tenis extendía su popularidad gracias al esfuerzo de quienes fuimos sus pioneros… No crean que con todo lo que cuento estoy tratando de darme lo que en el Ecuador se llama “lija»… no… nunca… Pero sí quiero que la gente sepa quién es Pancho Segura… siempre ecuatoriano… Rechazando ofertas de contratos y mucho dinero, si me nacionalizaba norteamericano para jugar la Copa Davis… siempre dijo no… Mis «patas de loro» me convirtieron en el más pintoresco jugador del circuito profesional… No había torneo en el cual no estuviera invitado Pancho Segura… Por supuesto los premios económicos de esa época llegaban sólo a 2 ó 3 mil dólares por ser campeón… Fui campeón mundial profesional en los años de 1951, 52 y 54… Estuve como portada de revistas de deportes, y también de la revista “Time”… Fue una época maravillosa e inolvidable, con amigos a los cuales he encontrado aquí en este torneo, y con los que saludamos como si nos hubiéramos visto ayer… La amistad no tiene edades… El corazón mide los afectos…. Empecé a enseñar la técnica de las dos manos… ¿Mi mejor alumno?… Jimmy Connors… Aquí ha estado increíble… Actualmente tengo a cargo un nuevo prospecto… un joven canadiense de 17 años de edad y 1.88 metros de estatura 38 Rushenky es su nombre… aquí llegó a las semifinales de los juveniles… tiene un poderoso saque, y por supuesto también juega a dos manos…
Yo sigo siendo ecuatoriano de corazón… a Ecuador le di siempre todo mi esfuerzo, sin pedir nada a cambio.. Pero después de jugar tantos años al tenis, mis torcidas piernas de loro» piden un descanso… Quiero retirarme y vivir en un rancho que voy a comprar… Por supuesto sin dejar de mirar el tenis, y jugar cuando el cuerpo me lo pida… Creo que le debo mucho a los Estados Unidos de Norteamérica… Durante los días que yo caminé junto a Pancho Segura todos quisieron saludarlo… Y para todos siempre tuvo una palabra de afecto o una broma de las muchas que siempre tiene a flor de labios… Es reconocido en cualquier parte del mundo… Mucha gente le pide autógrafos y se los muestran a sus hijos diciéndoles.. “Ese que pasó es Pancho Segura”… Moralmente se siente obligado a devolver a los Estados Unidos algo de lo mucho que éste hizo por él… Estuvo siempre orgulloso de ser ecuatoriano, al igual que ahora lo está de ser norteamericano… Es un embajador en eterna misión de servicio, para todos quienes le piden ayuda o colaboración… En lugar de smoking usa un traje de tenista, y en lugar de bastón, una raqueta de tenis… Como Pancho mismo lo reconoce, seguirá siendo siempre ‘El Cholo” que triunfó en el tenis… Quizá nadie ha tenido su capricho para jugar al tenis… Nadie con la fuerza y colocación para poner la bola en los más difíciles ángulos de la cancha contraria, nadie, en forma definitiva, podrá correr y tener la velocidad de este superdotado de «patas de loro» y raquíticas piernas… Sentiremos tu ausencia, Pancho, porque perteneces a nuestra ciudad, como nos pertenece la plaza del Centenario… El caldo de salchichas… y la Loma Grande… Sentimos su nacionalización, pero hay que comprenderte… Suerte Pancho…. te la mereces por toda tu condición de hombre de bien y de lucha… porque has demostrado que para ser el mejor, hay que luchar a diario… que se puede triunfar en la vida, a pesar de llegar sin padre… sin madre… sólo con una raqueta… pero con la maravillosa ayuda de quien es el coreógrafo del Universo…