SARAVIA


Desde que se instaló en Guayaquil la Junta de Gobierno no hubo un solo caso en que por delitos políticos se aplicase la pena de muerte. Los españoles complicados en la revolución de las lanchas recibieron sus pasaportes sin exceptuar a Dn. Vicente Martín el más comprometido en ella. Otro español N. Saravia había estado preso en un pontón. Puesto en libertad por intercepción del Dr. Marcos, Secretario Vocal de la Junta de Gobierno, abusando de esta generosidad fugó a Cuenca para unirse a los españoles, protegido por el joven Dn. José Maria Caamaño hijo de otro español que le recibió en su hacienda de tenguel, de donde continuó su fuga. Alcanzado en el camino fue preso, y Caamaño hizo asaltar la escolta con sus peones y lo puso en libertad, sin embargo se le volvió a tomar y se le condujo a Guayaquil. Se prendió también a Caamaño y a sus cómplices pero por sus relaciones de familia salió éste con fianza y quedó impune. Saravia fue más desgraciado. El Gobierno le hizo embarcar con escolta para ponerlo fuera de la frontera. El Oficial N. Ponce a quien se dió la comisión de custodiar le hizo fusilar en Puna con el pretexto de haber intentado seducir la escolta, aunque generalmente se creyó que su objeto era robarle. Sometido Ponce a juicio se le condenó a degradación pública y a extrañamiento lo que manifiesta que su criminalidad estaba comprobada.