Samaniego Filoteo.

(1928)

Nace en Quito. Realiza estudios primarios y secundarios en la ciudad natal. Va a Europa y efectúa los universitarios en el Instituto de Ciencias Políticas de París. Allí realizó gran actividad literaria. Periodista de prestigio. Colabora en revistas y periódicos del País y del extranjero, especialmente en el Diario “El Tiempo”, en donde aparecen sus crónicas de estilo peculiar y pulcro. Ha publicado como estudios: “Poesía Francesa del Siglo XX” y “A veinte años de la muerte de Alfredo Gangotena” en colaboración con Gonzalo Escudero. “Crónica de Saint-John Perse”, “El Angel de Paul Valery”, “La Cabra de Francis Ponge”.

Como crítico literario sobresalió en su columna firmando en el “Tiempo” con el seudónimo Campanero.

Hernán Rodríguez Castelo se refiere a este autor en el mencionado diario; comenta lo siguiente, de su obra poétia: “Desde sus primeros versos tiene luz propia, perfiles, visión sin límites. “Relente” nos trae un sabor nuevo, que nos hace recordar al poeta tantas veces traducido por Samaniego, se trata de Saint-John-Perse, poeta de energía terrena. Nos narra una prosa, cuatro instantes de un amor; pienso que esta obra mantiene una altura poética como ningún otro libro de Filoteo Samaniego. El fruto de cincuenta páginas intensas, consiste en un mensaje que resume etapas ilimitadas que ninguna otra experienica humana puede proporcionar. Con “Signos” Samaniego inaugura una poesía más meditada, producto ya no de una vivencia palpable sino de observación o cincel. Sin embargo añora la aventura en cada verso” (septiembre 10 de 1967).

Sus libros editados son los siguientes: “Agraz”, “Relente” (1958), “Uniña”, (1961), “Signos” (1961), “Signos II” (1967).

Su gestión, estimable en el campo de la cultura, va también hacia la investigación en materia artística, descollando como un buen crítico del arte colonial ecuatoriano.

Poeta ante todo, escribe prosa poética. “Relente” es uno de los poemas más estimados y comentados y que consta en estudios y antologias de la Literatura Ecuatoriana, del que asegura Miguel Sánchez Astudillo ser pilar en la valoración.

“Lo que me interesó de ese amor, de ese larguísimo simulacro de amor, fue precisamente lo menos, lo simple, lo vulgar, lo aburrido”. “Amor aburrido y cotidiano, tan sin sorpresas, que fue tal vez su ausencia de carácter lo que le volvía sorpendente. El comienzo, el fin, los intermedios, seguían un itinerario preciso, cronométrico, sin olvido del destino ni equivocacón de ruta, sin citas fallidas ni menos retardados a una cita. Llegábamos, saludábamos, desfogábamos nuestros deseos y partíamos tras prudentes y moderados reposos luego de haber ordenado vestidos y ojeras y equilibrado la altura de los hombros y de la mirada”… Canto de amor no repetido, dicho con ternura y emoción, con imágenes esplendentes, con capacidad de síntesis. Canto de gozo al amor y a la simiente buscando los origenes.

Existe en Samaniego la orfebrería de la palabra trasmutándose en lenguaje alado. De obra parva; ejemplar es su vocación intelectual y humanística.

Diplomático, poeta y prosista, viajero y estudioso en Medio Oriente y en otros lugares del planeta. Autor, también, de “El cuerpo desnudo de la tierra”, “Los niños sordos” (Madrid, 1977). Coordinador en la interesante “Historia del Arte Ecuatoriano” que publicó Salvat. A su dedicación humanística se debe “Columnario quiteño”. En 1977 editó “Ecuador, un mundo verde junto al sol”, en Castellano, que se tradujo al Inglés y al Francés. Colaborador con “América Latina en sus artes”, con la UNESCO y “Silo XXI”. Sus inquietudes le conducen a la perseverancia en varias facetas, siendo el arte y las letras su vocación predilecta.