ROCHA JOSÉ ANTONIO Y CARRANZA

MARQUES DE VILLA ROCHA.- Nació en Quito el 20 de Junio de 1661 y fue bautizado en la Catedral tres días después. Fueron sus padres el Fiscal de la Audiencia Dr. Diego Andrés de la Rocha y Pérez de Montiel, cuya biografía puede verse en este Diccionario y Feliciana de Carranza y Liñán, naturales de Sevilla y Charcas respectivamente.
Estudió en la Universidad de San Marcos de Lima y se graduó de Doctor en Leyes en 1678 para darle gusto a su padre que era letrado, pero siendo de inclinación aventurera y especializado en matemáticas, sentó plaza de soldado en la Armada del Sur y presidio del Callao. El Virrey Duque de la Palata le nombró Capitán de Mar y Guerra y le confirió el mando de uno de los galeones de la Armada del General Tomás de Paravicina, para combatir a los piratas ingleses y holandeses que habían entrado en la Mar del Sur. El Virrey Conde de la Monclova le ascendió después a Capitán de Infantería del batallón de Lima y hasta llegó a Familiar de la Inquisición. En 1692 fue agraciado con el hábito de caballero de la Orden de Calatrava.
Con el título de General de la Artillería del Perú en 1699, el Rey Carlos II le designó Presidente de la Audiencia de Tierra Firme (Panamá) donde solamente ejerció por seis meses, pues recibió una Cédula ordenándole devolver el mando a Luís Enríquez de Guzmán, Conde de Canillas, por haberse establecido los escoceses en la provincia de Darién, según se dijo por esos días.
Para defenderse pasó a Quito, siguió a España en 1701 y escribió un célebre “Memorial exponiendo a su Majestad los servicios que ha hecho en el reino de Tierra Firme” y un “Informe dado a su Magestad del estado de la Provincia del Reino de Tierra Firme”, ambos se conservan manuscritos en folio.
En la corte trató al célebre matemático Sebastián Fernández de Medrano, posteriormente siguió a Bruselas y a París, donde hizo amistad con monsieur Saveur de la Real Academia de ciencias de Francia.
En 1703, como el título de Marqués de Villarocha, concedido hacia más de un siglo a su tatarabuelo Antonio Andrés Girandía de la Rocha, hubiere quedado sin efecto hasta entonces, logró que el Rey Felipe V expidiera el 17 de Julio una Cédula, verificando en su persona dicha merced.
Enterado el Rey en 1708 que de la Rocha era el autor de los planos para la fortificación y defensa de Panamá y Portovelo, mandó que se le diera las gracias y le confirmó en la Presidencia de la Audiencia de Tierra Firme, por ser el verdadero organizador de la defensa de las costas atlánticas de Centroamérica; sin embargo, solo estuvo un año en funciones, pues la Audiencia se opuso a su gobierno y envió informes desfavorables al Consejo de Indias, siendo apresado en el fuerte de Chepo y encargado al Alcalde del Crimen de Lima, Juan Bautista de Orneta e Irusta.
Del correspondiente juicio de pesquisa, no resultaron cargos en su contra y fue repuesto en la presidencia en 1711, a título de honor, en desagravio y reparación de la injusticia que con él habíase cometido, pero solo hasta que arribara a Panamá el Mariscal de campo José Hurtado de Amézaga, como efectivamente ocurrió, de suerte que solo estuvo pocas horas en el mando.
En 1720, viniendo a Guayaquil con su familia, el buque fue apresado por el pirata inglés Jhon Cliperton. Su esposa Teresa Manrique de Lara y Polanco, natural de Lima, fue desembarcada con el equipaje en el puerto de Nicoya, mientras él continuaba a merced de los piratas en sus tropelías por el Pacífico, hasta que al arribar al archipiélago de las islas Marianas logró escapar, burlando a sus captores, que esperaban recibir un buen rescate por su presa.
En 1726 hallábase nuevamente en España donde le trató el célebre Padre Benito Feijoo y Montenegro, quien le elogió en el tomo Cuarto de su obra “Teatro Crítico” por su literatura y profundos conocimientos en matemáticas.
“Presidente que fue de Panamá y ha cuatro años que vino del Mar del Sur por las Filipinas y Cabo de Buena Esperanza a Holanda. Este insigne matemático instruido en toda buena literatura, conserva en tan avanzada edad no solo una gran entereza y agilidad intelectual, más también un humor muy fresco y una viveza grandiosísima” Antonio de Alcedo y Herrera en su Diccionario Histórico y Geográfico hace mención del Sr. Rocha entre los ilustres varones que ha producido el reino de Quito. Debió fallecer en la corte, años después, anciano y lleno de merecimientos “sin haber perdido el vigor de sus facultades intelectuales.