Robles José.

Los asesinos entraron luego en el río de Guayaquil, y trataron de apropiarse igualmente del vaporcito Guayas, apostado expresamente para avisar la llegada de la expedición Floreana; pero en esta vez la cuenta les salió errada. Luego que llegaron al costado del vapor, los soldados de la guarnición que mandaba el capitán José Robles, les presentaron las bocas de sus fusiles, los tomaron prisioneros, y los llevaron a Guayaquil, donde muy pronto fueron fusilados como asesinos y piratas.