Robles Diego.

Diego de Robles fue en Quito el primer imaginero que popularizó el culto de Nuestra Señora de Guadalupe en los Suantuarios de Guápulo y el Quinche. A partir de este artista, que trabajó entre 1586 y 1610, la escultura entró a servicio de la Iglesia para representar motivos de inspiración y carácter religioso. La cédula Real que autoriza su vaile a Quito dice así: “En San Lorenzo el Real a 12 de Junio de 1584 se despachó cédula de su Magestad en que se da licencia a Diego de Robles escultor vecino de Madrid para que pueda llevar a la Provincia de Quito dos espadas, dos dagas y un arcabuz”. El 27 de Junio de 1586 firmó un contrato con Juan de Ciga y Aldaz, por el cual se comprometió “hacer para la Cofradía de la Vera Cruz un Cristo de ocho palmos de a cuarta de alto y una cruz en que esté clavado y su corona de espinas y un rótulo con cuatro letras; y una imagen de Nuestra Señora de Bulto, de seis palmos, que ha de ser Nuestra Señora de la Concepción las manos juntas”, por el precio de doscientos pesos de plata.

El 2 de Diciembre de 1587 firmó una escritura de compra de mercaderías a Marcos de la Plaza por la cantidad de 300 pesos. El 4 de Diciembre de 1587 compró a Lázaro Fonte un pedazo de tierra, que quedaba adjunto al solar de su morada, por la cuantía de 350 pesos. El 9 de Marzo de 1594 otorgó su testamento, en que declaró estar casado con la malagueña Juana Bautista y tener dos hijos , Bartolomé y Marcela. Sobrevivió a ese trance de muerte y el 14 de Noviembre de 1598 casó de nuevo con Manuela Vázquez de la Gama, para cuyo matrimonio recibió de Alonso de Moreta la cantidad de tres mil pesos por concepto de dote. A través de estos datos aparece Diego de Robles como un hombre acomodado, relacionado socialmente, vinculado a las asociaciones religiosas de su tiempo y un buen padre de Familia.

Contemporáneo de DIego Robles fueron Juan Martínez Montañés (1568 – 1648) y Gregorio Hernández (1566 – 1606). Con los tres escultores colaboraron respectivamente los pintores Luis de Ribera, Francisco Pacheco y José Valentín Díaz. Para la hechura de una imagen concurrían entonces el escultor que la labraba y el pintor que la policromaba. Uno y otro obedecían a cánones que señalaban en cada caso, ya sea la forma de la representación, ya el color adecuado para el encarne y el policromado de los vestidos. En Sevilla se discutió sobre a quién debía atribuirse la obra total, si al escultor o al pintor, triunfando en el certamen la paternidad artística del escultor imaginero. Diego de Robles es popular entre nosotros por ser el autor de las imágenes de Nuestra Señora de Guadalupe de Guápulo. El Quinche y El Cisne. La de Guápulo labró a petición de los cofrades españoles; la de Quinche fue hecha para los indios de Lumbicí y luego fue a parar en Oyacachi hasta ser trasladada al Quinche; la del Cisne fue llevada desde Quito a la Provincia de Loja.