Rivet Lajoux Paúl.

En 1908 descubrió en los abrigos, bajo rocas, situadas en Paltacalo, cerca del río Jubones, 138 cráneos, de los cuales algunos presentaban los mismos caracteres antropológicos que los descubiertos por el naturalista danés Dr. Lund, en Lagoa-Santa, en el Brasil.

Nació el 7 de Mayo de 1876 en Wasign, pequeña ciudad del Departamento de Ardennes. Fueron sus padres Monseur Gustavo Rivet y Madame María Lajoux de Rivet destacados elementos de la sociedad de aquella pintoresca población. No obstante sus modestos recursos económicos, los Rivet procuraron dar a su hijo la educación correspondiente al talento y excepcionales aptitudes demostradas desde la niñez. El jóven Pablo hizo sus estudios secundarios, con singular contracción y aprovechamiento, en el Liceo de Nancy y continuó los superiores en la Escuela Militar de Servicio Sanitario de Lyon, en donde se graduó de Doctor en Medicina, especializándose en ramas de Cirugía y Sanidad Militar, en 1898, cuando solo contaba con 22 años de edad.

Dos años después de graduarse fue designado por el Gobierno Francés para acompañar como Médico a la Misión del Servicio Geográfico de la Armada para la medida de un arco de meridiano ecuatorial en América del Sur, bajo el control científico de la Academia de Ciencias de París.

Esta célebre Misión Geodésica vino a comprobar sobre el terreno las operaciones y cálculos relizados por los sabios Académicos franceses Luis Godin, Pedro Bourger y Carlos María de la Condamine, en compañía de los Oficiales de la Marina Española, destacados observadores científicos, Don Jorge Juan y Don Antonio de Ulloa, en la primera mitad del siglo XVIII.

Quito, que desde los tiempos remotos de la Colonia, fue centro de vida intelectual, con sus Universidades y Colegios, con sus riquísimas bibliotecas públicas y conventuales, había sido elegida por los sabios franceses enviados por Luis XV con el objeto de investigar la verdadera figura de la Tierra, como centro de operaciones astronómicas y geodésicas; y a esta misma privilegiada ciudad llegó la segunda Misión Francesa en Julio de 1901.

Llegó con ella a nuestra Patria el jóven Médico, Ayudante Mayor Paul Rivet, con sola esa preparación humanística de los liceos franceses que permite a la inteligencia examinar todas las cuestiones relacionadas con el hombre y la naturaleza; y con los vastos conocimientos médicos y los hábitos de orden y método adquiridos en la Escuela Militar.

En Ecuador deslumbró desde los primeros días de su llegada al jóven Médico, por la variedad de sus climas, por la imponente majestad de sus montañas, por los contrastes en su aspecto físico del país tropical y frío en la región andina, por la extraordinaria belleza de sus paisajes, por la hospitalidad y cariño de sus habitantes, que ofrecen un mosaico variado de