Rivera Alonso de

En la semana santa de 1593 hizo circular un manuscrito en Quito, con ocasión de la Revolución de las Alcabalas, Fray Alonso de Ribera planteó el problema desde otro punto de vista. Los cabecillas de la rebelión mantuvieron en continuo engaño al pueblo. La Audiencia apresó a Moreno Vellido por tramar una conjuración y él y los suyos hicieron creer que era sólo por motivo de las alcabalas. Para oponerse al General de Arana, se lo presentó como un sanguinario que venía a destruir a Quito. Según ésto, la masa del pueblo estaba en el caso de ignorancia invencible de las causas de los hechos y no tenía culpa formal para merecer castigo. El General no podía hacer guerra agresiva a Quito, porque el acto supremo de la justicia vindicativa no puede ejercer sino el Príncipe inmediatamente, y es eso lo que los predicadores debían hacer ver al pueblo. En conclusión, se engañó al pueblo cuando se le exitó a tomar las armas, para oponerse a quien traía la misión de restituir en su puesto a la autoridad legítima.